María Conchita: "La nacionalidad también se lleva en el alma"

En su visita al país en 2006, sorprendió a todos con el anuncio en rueda de prensa de su apoyo a la candidatura presidencial de Manuel Rosales. En una entrevista exclusiva con Clímax aseguró que seguía muy de cerca lo que sucedía en Venezuela. 

Se dio a conocer como Miss Princesita 1971, cuando participó en ese célebre concurso de quinceañeras en la Venezuela de los años 70, que la llevó a ser coronada como Miss Teen Internacional en Lisboa. Era la primera reina internacional que tenía el país después de Susana Duijim, y fue la primera concursante del Miss Venezuela que ya era famosa antes del certamen, en el que en 1975 quedó como primera finalista y fue al Miss Mundo. Ese año, cuando Gilberto Correa anunciaba que la ganadora era Maritza Pineda y no María Conchita, el Poliedro se vino abajo en abucheos y pitidos porque el público iba por ella, se hizo aun más famosa por haber perdido que por haber ganado. Se inició como actriz en una papel de reparto en la popular novela Mabel Valdéz, con Marina Baura, Gustavo Rodríguez y Raúl Amundaray, donde se ganó la reputación de buena actriz. Por ello, José Igancio Cabrujas y Fausto Verdial, autores de la denominada “Telenovela cultural”, la seleccionaron para el papel de contrafigura de Marina Baura en la legendaria novela Natalia de 8 a 9. Inició una carrera de cantante usando el nombre de Ámbar, especie de álter ego de la artista que a partir de entonces se convirtió en una pop star venezolana de principio de los años 80. Decide probar suerte en Hollywood y comenzó una carrera exitosa como actriz de cine y diva latina del séptimo arte. La hemos visto al lado de Robin Williams, Melanie Griffith, Arnold Schwarzenegger, Michael Keaton, Sean Penn, Nick Nolte, Sonia Braga, Edward James Olmos, Nicolas Cage, Glenn Close, Meryl Streep, Jeremy Irons y Antonio Banderas, entre tantos otros famosos. María Conchita es, sin duda, la gran diva local, siempre irreverente y desparpajada.

Desde hace muchos años no vives en Venezuela, algunos critican por ello esta decisión tuya de intervenir políticamente en el escenario nacional. ¿Qué piensas al respecto?

Yo crecí y me formé en Venezuela, y estoy donde estoy gracias a Venezuela, yo quisiera que las nuevas generaciones tengan las mismas oportunidades –en libertad- que yo tuve de crecer tanto a nivel espiritual, material y profesional. Para mí está muy claro y es obvio que si Venezuela se convierte en la segunda Cuba pero adaptada a los nuevos tiempos, muchos venezolanos no tendrán tales oportunidades. Yo no vivo aquí, eso es verdad, pero mi familia, mi hogar, mis amigos, mis referencias, todos están acá, este es mi país, así lo siento y evidentemente yo quiero para los míos y para mí un mejor país, un país donde haya seguridad, donde haya libertad y donde haya prosperidad. Ser venezolano no solo implica pisar el territorio, la nacionalidad también se lleva en el alma, y todos los que emigran lo saben a través de la nostalgia y la añoranza.

 

¿Qué piensas del otro sector del país que sí apoya al presidente y le mantiene su simpatía?

Creo que efectivamente todos tienen derecho a apoyar políticamente a quien así lo deseen y los respeto ciento por ciento, tanto en su tendencia política como en su decisión personal. Pero también debo decir que hay una masa de personas que apoyan al presidente solo porque viven en la burocracia o del populismo, y algunos lamentablemente también han vendido sus conciencias, más ahora que hay tanto dinero en el país por el precio del petróleo. Ahora, los que desde la honestidad siguen apoyando al presidente Chávez y no han visto mejoras en su calidad de vida es algo que no entiendo, o son tontos o son ciegos. El pobre está más pobre, hay misiones de ayuda social, pero son ineficientes, no llegan a la mayoría y son muy corruptas.

 

¿Con qué te encuentras cada vez que vuelves a Venezuela?

Con un desastre. Antes, cuando venía un extranjero estábamos todos muy orgullosos de ser venezolanos, nos encantaba que llegaran para mostrarles lo bella que era Caracas y lo bello que es nuestro país, que sigue siendo muy bello, pero la infraestructura hoy en día da vergüenza, todo está por el piso, deteriorado, como olvidado y malquerido. Hay cada vez más miserias y gente en la calle, y si mal no recuerdo, el presidente prometió cambiarse el nombre si a un año de su mandato había un solo niño abandonado, y bueno, él sigue llamándose Hugo Chávez.