Espectáculos

El violento encanto de The Punisher supera a Daredevil

Netflix sabe hacer series de superhéroes. Ya lo demostró con la primera temporada de Daredevil, y con Jessica Jones, y ahora tiene el reto de poder contar historias que no son de inicio, de presentación de personajes, sino de avances en la narrativa. Es el reto de la segunda temporada del héroe ciego, que comentamos aquí con SPOILERS.

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La primera temporada de Daredevil le imprimió una estética renovada, oscura, realista y cruda. Sangre, moretones, dolor. Una parte de los ingredientes que le dieron a ese primer ciclo de 13 episodios las loas que exhibió y que pusieron muy en alto la expectativa para la segunda entrega.

El resultado cumple, aunque haya detalles que se quedan cortos. En esta nueva etapa de la serie protagonizada por Charlie Cox, los conflictos son más internos que enfocados en un gran villano. Wilson Fisk (Vincent D’Onofrio) está preso y con influencia criminal limitada, y no hay quien sustituya su presencia, poder, y peso narrativo.

La serie cambió de productores ejecutivos. Quienes asumieron las riendas del programa no solo cambiaron la máscara del héroe para hacerla más roja. Marco Ramirez y Doug Petrie decidieron enfocarse también en el relato humano. Por eso Matt Murdoch enfrenta varios dilemas, más allá del consabido debate «matar o no matar», aquí contrastado con los métodos de The Punisher y de todos los demás: la propia Elektra y hasta Stick.

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El abogado ciego es testigo entonces de cómo Claire, la enfermera que ya marcó distancia con él en la primera temporada, no está exenta de seguir afectada por sus maneras; su firma legal con Foggy Nelson sucumbe al desinterés de quien no tiene tiempo para pelear, curarse heridas y hacer de abogado; su incipiente relación con Karen Page cae bajo el peso de la desconfianza y la incomprensión y hast Elektra recibe un machetazo por estar escuchando lecciones de cómo ser buena en pleno rifirrafe.

En la segunda temporada de Daredevil, además, el peso lo tienen los antihéroes. Como Jessica Jones, aquí el impulso lo mantienen The Punisher (Jon Bernthal) y la propia Elektra (Elodie Yung). Ambos, bien llevados por sus actores, soportan la acción en la primera y la segunda parte de esos 13 episodios. Bernthal le da una dimensión humana a su Frank Castle y ya hay quienes le apuntan para la competencia del Emmy. En Venezuela, tierra de linchamientos y desconfianza con la autoridad, sería más que aplaudido, considerado un héroe absoluto, sin espacio para la discusión planteada en la pantalla.

“You hit them and they get back up. I hit them and they stay down”, The Punisher

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Los puntos bajos de esta temporada se concentran en los diálogos, algunos muy poco desarrollados (aunque valorados entre tanto golpe), el anti clímax de la motivación de The Punisher y el juicio que comienza bien y del que luego se rehuye rápidamente. La primera temporada dejó la barra muy alta. Wilson Fisk se hace extrañar, más allá de sus apariciones ocasionales.

Los mejores momentos siguen siendo los de acción. Las peleas coreografiadas por Philip J. Silvera siguen tremendas. Si la primera temporada sorprendió con la batalla a puños en un pasillo y con una sola toma, la secuencia de la escalera en el episodio 3 de este año cumple con creces con las expectativas. Y atención a la violencia desbordada, brutal, de The Punisher en la cárcel.

¿Le darán una serie particular a Frank Castle? Por ahora, el acuerdo de Marvel y Netflix es de producir cuatro títulos: Daredevil, Jessica Jones, Luke Cage y Iron Fist, para luego cruzar a sus personajes en The Defenders. Por eso esta temporada del ciego combatiente sirve también para establecer ciertas pautas para ese futuro, más allá de que -ahora sí- esta serie asume que existe un mundo mágico, con resurrecciones y demás. Algo que lucía inevitable.

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