En un partido clave para los suyos, el merideño reivindica una vez más su valía ante las osadas (pero comunes) críticas de una afición que le reclamaba mayor protagonismo. Con la pelota y sin ella, el experimentado siniestro explicó con sus botas cuándo la jerarquía pesa en el fútbol.
El Clausura 2016 no ha sido un camino de rosas para Táchira. Un comienzo nefasto en el que encajó goleadas como visitante alarmaba a la parcialidad aurinegra. Problemas para encontrar una pareja de centrales que hiciera olvidar a Williams Martínez y Wilker Ángel atormentaba a Carlos Maldonado, pero el grupo sacaba los puntos necesarios en casa para mantenerse con posibilidades, manteniendo un invicto como local durante 2016 que ha servido no solo para los registros estadísticos.
Una mejora en el tren final del calendario regular le permitía clasificarse a los Cuartos de Final, pero las sensaciones de duda seguían rondando el ambiente. “Falta peso y liderazgo” en la cancha, repetían todos en las panaderías y colas de supermercados los lunes en San Cristóbal.
En ese escenario, con 39 años, “Zurdo” Rojas se acomodó a las necesidades de Maldonado. Expulsiones, lesiones y otras vicisitudes tuvieron al jugador alternando posiciones en el campo para tapar ausencias. De ocho, de volante ofensivo, de enganche y de relevo constante para el lateral izquierdo, su Clausura no fue el más destacado en un grupo que rozaba una media de edad elevada y que preocupaba además por los arrestos con los que llegaría a la etapa final de un campeonato que no premia la regularidad sino al que mejor llega al último partido.
En esa realidad, las críticas caían desde arriba, desde el palco de prensa de Pueblo Nuevo sobre el camiseta 10 de Táchira. Liderazgo, nivel y jerarquía le seguían pidiendo algunos fanáticos, muchos de ellos estimulados por la azuzada radial.
Ante Atlético Venezuela, apareció esa versión que tanto le reclaman al casi cuarentón. El regreso de Carlos Cermeño a la titularidad le aligeró de responsabilidades defensivas y volvió a su hábitat natural en esta etapa cumbre de su carrera, la de volante ofensivo sobre la izquierda y desde ahí, destapó el tarro de las esencias. Incisivo, quisquilloso, el primer gol del partido fue de pillo, de tipo curtido y avivado que no desaprovechó una pelota neutra que mal dejó Jonathann España para orientar el durísimo golpe que asestó Táchira a los del Fuerte Tiuna.
Pero había más. Su tránsito en la zona media abarcó un enorme radio donde se desenvolvía con ligereza ante la marca de los cazadores del mediocampo del equipo de Alex Pallarés. Por ahí, con confianza, con la sapiencia de demostrar ante 26 mil espectadores y ante las cámaras de TV su vigencia, el “Zurdo” gestó todo el fútbol ofensivo de un equipo que llega a la última curva del campeonato en un inmejorable tren de carrera.
Su valía también se demuestra en la jugada de la expulsión de Yangel Herrera. El capitán de la Selección Nacional Sub 20 y habitual convocado a la de mayores, no resistió a la provocación de un tipo rodado en mil batallas y, con un intento de manotazo, se llevó una rigurosa expulsión en una jugada donde la maña del merideño tuvo mucho que ver. Así, también se ganan partidos. Contra diez, era menos complicado para Táchira abultar el saco.
Recuerde: tiene 39 años. En San Cristóbal no han podido dar con su sustituto (aunque creo fielmente que aún no lo hay, a menos en territorio nacional) y ante tal necesidad no queda otra que seguir exigiéndole más y más. Aquel gol del último título absoluto de Táchira ante Trujillanos, aquel bombazo a la escuadra del arco de Cerro Porteño que valió la clasificación y el olímpico que le marcó a Llaneros, son solo tres recuerdos inmediatos de todo lo que ha dado con sus botas este extraordinario mediocampista rescatado del ostracismo por Metropolitanos y puesto de nuevo en la escena top por Daniel Farías.
¿Alguien piensa que Rojas está para el retiro? En un fútbol escaso de jugadores con suficientes soles en los hombros, el zurdo sigue más vigente que nunca. Físicamente no tiene reclamo porque sigue vaciándose en cada partido.
Interpreta las necesidades como pocos, visualiza y explica lo que ocurre en cancha con la misma facilidad con la que sortea rivales y mete pelotas templadas entre los centrales contrarios. Es un prodigio porque a su edad continúa estando en el top de todas las características que debe poseer un buen futbolista.
Hay quien quiere retirarle y él se resiste. En estado puro su fútbol, al más alto nivel, justo cuando su equipo y compañeros más lo necesitan. Hay quien dice que los chamos ganan partidos y la experiencia, títulos. El “zurdo” sabe mucho de eso.