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Lidiar con los apagones, una realidad de la cuarentena en Carabobo

Sectores al norte de Valencia han tenido que soportar hasta siete horas sin electricidad o varios cortes al día, en medio del confinamiento por el coronavirus. Luego de dos semanas de la reaparición de las fallas, el balance arroja equipos dañados, horas de tedio y calor, angustia y desesperanza

Lidiar con los apagones, una realidad de la cuarentena en Carabobo

Los apagones volvieron en medio de la cuarentena. En distintos sectores del estado Carabobo es común ver los rostros desencajados de las personas por muchas horas sin dormir, familias angustiadas por la pérdida de equipos del hogar y sofoco por el calor está presente a toda hora.

Aunque desde marzo de 2019, fecha del primer gran apagón nacional, comenzó otra etapa en Venezuela en cuanto a fallas eléctricas se refiere. En el confinamiento de 2020 regresan los temores por la experiencia vivida cuando el país debió soportar hasta cuatro días sin luz, en buena parte de las regiones.

Concentración y recolección de firmas

Debido a la situación que se agudiza cada día, los vecinos de la urbanización Agua Blanca en Valencia, la capital de Carabobo, se reunieron durante la mañana de este viernes 15 de mayo para recoger firmas que entregaron en la sede de la estatal Corpoelec en Los Colorados.

A la acción también se unieron habitantes de la avenida Paseo Cuatricentenario que también se han visto afectados por los cortes eléctricos.

Gabriela Gómez, habitante de Agua Blanca, dijo que los cortes eléctricos causan daños psicológicos porque se producen varias veces al día. Calculó que en el sector hay unas 500 familias que se han visto afectadas por el problema.

“Es el mismo horario desde las 6 de la tarde hasta las 11, 12 o la una madrugada. Esto implica que estas personas no tienen vida familiar. No pueden llegar a comer, a calentar su comida, a bañarse con agua caliente, a prender un televisor, a relajarse, a compartir (…) Esto ha sido muy grave. Incluso hay edificios que no han tenido suministro de gas, la gente ha incurrido en gastos para comprar hornillas eléctricas que ahora ni siquiera pueden utilizar para preparar su comida”, refirió Gómez.

Por su parte, Olga Jiménez, residenciada también en Agua Blanca, consideró que en la zona debe existir un problema adicional. “Aquí tuvimos hace dos noches, una noche de terror. Trataban de reponer el sistema y no lo podían estabilizar. Conectaban y desconectaban. Aquí tenemos una gran población de gente mayor que está sola, en muchos casos (…) A mí se me quemó mi televisor”.

Otros vecinos aseguraron que debido a la oscuridad han ocurrido caídas de adultos mayores. “¿Cuánto no cuesta ahorita una vela? Ya muchas personas han optado entre comprar una vela o ver si comen”, dijo Claudia Perdomo.

Artefactos dañados

Aunque no es novedosa la situación por los cortes eléctricos, su reaparición ha significado volver a tener artefactos dañados, ahora con el agravante de que no hay tiendas dedicadas a repararlos abiertas por la cuarentena.

Raquel Velásquez, residenciada en Terrazas de Los Nísperos, comentó que desde hace 15 días comenzaron a quitar la luz, “todos los días, entre cuatro a cinco horas”.

Dijo que la nevera de su casa se descompuso, en medio de los apagones. Ahora reponerla es complicado porque es una docente jubilada del Ministerio de Educación y su pensión no le alcanza.

“A este gobierno inepto se le ha escapado este problema de la luz, como ha ocurrido con el de la gasolina”, recalcó Velásquez.

Otras zonas

Urbanizaciones como Prebo, El Parral, El Bosque, Los Mangos, Valles de Camoruco, Los Nísperos, Las Acacias, Las Chimeneas y Mañongo integran la lista de afectadas por los apagones en Valencia, además de sectores de los municipios Naguanagua, San Diego, Los Guayos y Libertador en Carabobo.

Jorge Fernández, residenciado en la avenida 190 de Tarapio en Naguanagua, narró que la luz se va dos o tres veces al día, especialmente en la noche. “Hemos durado tres o cuatro horas sin luz y se nos han dañado los artefactos como la nevera y televisores. En casa vivimos nueve personas. Ahora en cuarentena estamos encerrados en casa y tratando de conseguir la comida”.

En la avenida Bolívar vieja de Naguanagua, la actividad comercial se mantiene hasta las 2:00 de la tarde. Desde que abren en la mañana, la esperanza es que no se vaya la electricidad porque buena parte de los negocios detienen sus labores.

Alexander López, que vive en la Vivienda Rural de Bárbula, comentó que los apagones han regresado en el tiempo de cuarentena, con las incomodidades que acarrean. “Se va varias veces al día la luz. De tantas veces que se va y llega, los bombillos casi explotan, se queman. Se me han dañado dos aires acondicionados y una nevera”.

López aguardaba a las afueras de un negocio de reparación de cauchos en Naguanagua, donde también el dueño cruzaba los dedos para que no fallara la energía eléctrica y sin luz, no hay aire para inflar los neumáticos, aparte que tampoco funcionan los puntos de venta.

“Me siento frustrado. Ahorita todo está caro. Un televisor también se dañó con los apagones, de repente se apaga solo, a veces no quiere encender. En casa vivimos mi esposa, cinco nietos y yo. Tenemos un hijo que viene en camino desde Colombia”, relató López que se dedica a montar parabrisas de carros y reparar vidrios.

Planta Centro

El vicepresidente del Centro de Ingenieros del estado Carabobo, Nizar Richani, dijo a Unión Radio Valencia que en la actualidad Planta Centro, la termoeléctrica ubicada en Juan José Mora, no está generando ningún megavatio, a pesar de que está construida para producir al menos 2000 megavatios.

“Dependemos casi en la totalidad de lo que entregue el servicio nacional de Guri al centro del país”.

Durante las últimas noches, han sonado las cacerolas en zonas de Carabobo en rechazo a los constantes apagones.

El martes 12 de mayo, Nicolás Maduro anunció la extensión del estado de alarma nacional por 30 días más que supone mantener el confinamiento otro mes. Pero acatar tal decisión en Venezuela es complejo por los servicios básicos deficientes que se unen a la falta de combustible y alto costo de la vida.