La pura verdad
El lunes 21 de mayo, Benancia llegó eufórica a la casa donde presta sus servicios como doméstica. La felicidad le brotaba como el tufillo de las cervecitas que se bebió con sus vecinos de Catia para celebrar el triunfo. Se había trasnochado porque, después de que anunciaron los resultados, la música, los fuegos artificiales, el licor y la fiesta se prendió hasta bien entrada la madrugada. Esa fue la razón que alegó para justificar su retraso esa mañana. No la falta de transporte o la demora en el Metro, como tantos otros lunes de llegadas tardes. La verdad es que nunca la habían visto así: tan auténtica, tan entusiasmada y tan chavista. Porque si algo supo hacer Benancia a lo largo de los años que tenía trabajando para esa familia –que no eran pocos- fue ocultar muy bien su preferencia política.