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LGBTI

Disney: la inclusión, la representación LGBTI y otras polémicas

Quizás haya que esperar un poco más por la aparición de un personaje central de Disney abiertamente gay, pero no hay que perder de vista que, pese a las presiones a favor y en contra y a los riesgos financieros que están en juego, a través de Pixar se están dando los pasos: ahí está "Out", un corto animado que va directo al punto

Transexuales, la normalidad laboral como logro

La normalidad, a veces, lo es todo. Ser transexual implica vivir en constante lucha, sobre todo si el país de residencia es Venezuela. Crisis política, social, económica, legal, eso sin contar las batallas personales que también se deben librar. Cuatro historias rompen prejuicios, protagonizadas por quienes han encontrado también algo de su identidad a través de sus profesiones u oficios. La comunidad LGBTI avanza como puede, sin perder impulso, sin parar, sin lentejuelas, sin clichés

Venezuela marcha a la cola en derechos LGBTI

Durante años, la marcha del orgullo gay en Venezuela fue un marco de movilización para que la comunidad LGBTI presentara ante los legisladores y el gobierno una serie de demandas por el reconocimiento de sus derechos civiles. Pero mientras América Latina avanza en el debate, la crisis humanitaria compleja arrastra y retrasa una discusión que se queda solo en lo urgente

CIDH reconoce matrimonios del mismo sexo

La Corte Interamericana de Derechos Humanos (CorteIDH) instó a reconocer el matrimonio entre personas del mismo sexo y extenderles los mismos derechos que se otorgan a las parejas heterosexuales, en una decisión divulgada este martes.

La diversidad sexual que espanta a la Iglesia

En las Sagradas Escrituras, Jesús exhortó amarnos los unos a los otros. Sin embargo, lo escrito no corresponde con la práctica. Existen quienes, adeptos o no al rito de San Pedro, desprecian al prójimo. Aunque desde el Vaticano los mensajes del Papa Francisco muestran a una Iglesia flexible y comprensiva en torno a la diversidad sexual, no todos sus feligreses siguen los pasos

Marcha del orgullo: fiesta y “cero maricoteo”

Cada año la marcha del orgullo gay deviene en parranda y embriaguez. La sobriedad y el reclamo por los justos y necesarios derechos —no discriminación, matrimonio igualitario, legislación contra los crímenes de odio— se enceguecen por las plumas y disfraces. Al final de la movilización no hay oportunidad para debatir cosas serias, la comunidad LGBTI quiere fiesta, aunque las generaciones marquen diferencias en cómo abordar la ocasión Desde temprano hubo movimiento en Zona Rental. La vía que conecta Plaza Venezuela con avenida Casanova apenas comenzaba a poblarse de tarantines al despuntar el día. El sábado 2 no había sido instalada la tarima siquiera. Por eso la mañana del domingo 3 de julio la convocatoria a la marcha LGBT de Caracas fue tan retrasada. Por grupos de whatsapp y redes informales se daba cuenta del retraso, el mismo que estiró la agenda del día hasta el final de la jornada. A las cinco de la tarde el primer camión de sonido enfiló al punto de concentración final, aunque no traspasó las barreras de metal que una empresa de seguridad privada había instalado. La logística corría por cuenta del Gobierno del Distrito Capital, sí. Pero su ejecución estuvo a cargo del Metro de Caracas. Sobre el vehículo, contoneándose en auténtico desparpajo, una mujer trans mostraba la elasticidad de su cadera, mientras ondeaba una bandera del arcoíris. FotoMarchagay1 Tras ella, el grueso de la movilización, pieles bronceadas y rojizas, sudores y cansancios, se sumaba a quienes optaron por avanzar hasta el punto de reunión y esperar la fiesta. Porque allí, a los pies del Sebin —por cuyas ventanas se colaban algunas miradas curiosas—, varios metros más arriba de La Tumba, y frente a los espectadores que abarrotaron ventanas y terraza del Hotel El Cid, lo que habría sería celebración. Los mensajes de reivindicación bullían en las calles recorridas, donde las pancartas y las banderas se alzaron con orgullo y con exigencias concretas. Unos defendían las uniones civiles, otros los matrimonios, algunos más la “tolerancia” que para no pocos es hipócrita. “Lo que queremos es respeto. La tolerancia es como que nos tienen que soportar. Y no. Queremos es respeto y no más discriminación”, clamaba Alejandro Rojas, ingeniero de 27 años. Jesús Medina, integrante de la Alianza Lambda de Venezuela, pidió modificaciones legales para evitarla, y celebró que en la Asamblea Nacional (AN) se haya aprobado el 17 de mayo como Día Nacional contra la Homofobia, Levofobia y Transfobia. citamarchagay5 La diputada Tamara Adrián, la primera parlamentaria trans electa en el país, caminó un trecho. Su compañero de partido y también diputado electo Rosmit Mantilla, el primer candidato abiertamente gay en competir y lograr una curul, no pudo hacerlo porque sigue preso a pesar de tener inmunidad parlamentaria. La ministra para la Mujer e Igualdad de Género, Gladys Requena, caminó y expresó su lucha a favor de la igualdad. Ante todos ellos, la reacción del público era la misma: qué bueno lo logrado, aún falta mucho más. “Necesitamos que el lenguaje de los políticos deje de incluir referencias sexuales como si fueran insultos. Desde el propio Estado y la dirigencia debería entenderse que decirle homosexual al alguien no es una ofensa. Estamos cansados de las referencias machistas y retrógradas del lenguaje político, incluyendo eso de ‘mariconsones’ y ‘plumíferos’ que han dicho desde Nicolás Maduro hasta Pedro Carreño”, reclamó Diego Pardo. El Presidente de la República, de hecho, manifestó el domingo ser el representante de la comunidad sexodiversa, pero no marchó. Más de uno en Caracas quiso ver en la capital venezolana el arrojo que mostró Justin Trudeau, el primer ministro de Canadá, al incorporarse a una marcha LGBT en su país. “Eso sí sería muestra real de orgullo”, remató Laura Moncada, asistente por tercera vez a la movilización caraqueña. citamarchagay4 Lentejuelas en desuso Zona Rental terminó convertida en una discoteca al aire libre, una auténtica vitrina de estilos y desafíos estéticos. Claro que había muchos disfraces: amén del elenco completo de Village People —cuyo himno “YMCA” sigue moviendo las caderas colectivas—, soldados romanos, vaqueros, trans vestidas de novias, garotas con sorpresa, mesoneros de torso desnudo, ángeles y demonios. Pero son cada vez menos. Yenker Guerra vive en El Junquito. A sus 23 años, y vestido de camisa y pantalón ajustado, pelo enlacado y coronado por un pronunciado copete, lentes de pasta y collar tejido, aseguró que “así me visto todos los días, tipo normal”. A pocos metros, un hombre en sus cincuenta pavoneaba plumas amarillas y encajes abrillantados. A su paso, a ritmo de Gloria Trevi, le seguían las risas —que no burlas— de un grupo de veinteañeros en conjunto. “Vinimos juntos para pasarla bien”, dijo Francis, una muchacha que prefirió guardar su apellido. “Yo no soy lesbiana, pero tengo amigos gay. Aquí estamos acompañándolos y demostrando que no hay que enrollarse por eso”, añadió. FotoMarchagay3 “A mí no me hace falta vestirme de garota para decir que soy gay, a mí se me nota”, sumó Nerio Guzmán. Caraqueño y de 30 años. “Eso es cosa del pasado. Creo que tiene que ver con la represión, de cuando era muy muy mal visto ser homosexual. Aquí en cambio se sienten protegidos y dejan salir a la loca que llevan por dentro”. Su percepción la comparte Rafael Luna, varios años menor: “a estas alturas ya no hace falta ser tan de clóset. Eso es como ridículo porque vienes a destaparte pero luego andas por ahí y te la das de serio. No se asumen”, apuntó. citamarchagay3 Pero para Tulio Marcano es solo cuestión de diversión. “Yo me maquillo y me visto así porque hoy es el día para exagerar un poquito. Eso no quiere decir más nada. Me divierte, y si a alguien no le gusta ese es su peo”. Lo suyo era un atuendo femenino llamativo, pero sin personaje. “Tiene de todo. Le puse plumas atrás, esta capa y un tocado en la cabeza. Por eso quizá no es un disfraz como tal”, explicó el fornido hombre de tez morena. FotoMarchagay4 Entre las mujeres también se cuestiona el “típico estereotipo de la lesbiana”, a decir de Magaly Peña. Ella, de 28 años y residente en Los Teques, asistió junto a su novia dos años menor. “Nadie puede decir que ella o yo es el macho de la relación. No vamos como camioneras, por ejemplo. Yo me visto normal y ella también”. Pero sí hay ciertos códigos compartidos: las camisas a cuadros, los peinados un lado de la cabeza rapada, los piercing en los labios. “Sí es verdad que de eso hay mucho. Pero no se pierde la feminidad, al contrario, se explota. La gente a veces quiere ponerle a las relaciones homosexuales comportamientos hetero. Pero somos mujeres a quienes nos gustan las mujeres. Yo soy lesbiana y no entiendo por qué me tendría que gustar una chama que parezca un tipo”. citamarchagay2 Se prendió “La Gozadera” Los más críticos llegaban a Zona Rental solo para cumplir el recorrido e irse. “Es que aquí se pierde el sentido de la movilización. Aquí lo que hay es caña, música y tocadera”, bramó Orlando Serra. Y algo de razón le asistía. Al pasar la barrera de metal para entrar al punto de concentración, flanqueado por puntos de venta de bebidas, alcohólicas o no, y la eventual chuchería, las pancartas, las banderas y los carteles quedaban en segundo plano. El baile y los brindis eran protagonistas sobre el asfalto convertido en discoteca sin techo, con acordes de Ricky Martin y su “Mordidita” o de Marc Anthony y “La Gozadera”, humedecida por guarapita, ron, sangría, anís y vodka. citamarchagay1 “Guarapa, guarapa”, gritaba una mujer cuarentona. Más atrás, su hija repetía el cantar. Por 1.500 bolívares se intercambiaban de manos las botellas de colores. Había guarapa de parchita, de mango, de tamarindo y de preparaciones químicas. Allí entraban las botellas azules o las rosadas. “Esa es sabor a chicle”, decía la vendedora. Y tenía público. Otra señora vendía ron “en 3 y 4 mil dependiendo de la marca”. FotoMarchagay5 La celebración era en grupo, homosexual o no. “Esto es una gozadera”, calificaba alegre Larkys Rojas la velada. Ella, heterosexual, con su novio Marcel, tomado de la mano, acompañaba a dos parejas homosexuales de su edificio en Boleíta. “Ellos sí son maricos”, lanzó sonreída, con la carcajada a punto de salir, empapada del alcohol que comenzaron a ingerir desde las 3 de la tarde cuando llegaron directo al lugar. “Yo no, pero con tanta caña se me van a terminar saliendo mis cinco minutos lesbi”, rió. A su lado, uno del grupo, el único soltero, afirmó: “Deja que se vaya el sol y los tragos se suban a las cabezas para que veas cómo esto se transforma en Tinder pero en vivo”.

“Siempre quise ser el Zorro, pero me disfrazaban de la Mujer Maravilla”

El recuerdo más claro que conserva Breck Soto sobre lo que llama su identidad real, se remonta a los cinco años de edad cuando “estaba en el baño orinando de pie, mi padre entró y me dijo: ‘las niñas no orinan así, ¡siéntate!’. Me asusté mucho y me senté, pero una voz interior me decía: “no soy niña, soy niño y los niños orinan de pie”.

"Soy marico… y a mucha honra"

El orgullo camina entre mejunjes y ropajes abrillantados. La música y la extroversión rebasan los reclamos. Las pestañas alargadas y los párpados jaspeados guiñan a otros cuerpos reunidos y no pocas manos se entrelazan en la jornada en la que la libertad de ostentar la propia preferencia se robustece en colectivo El punto de encuentro fue una callecita al frente de la estación del Metro de Zona Rental, en Caracas. Para la sazón, agentes de la Policía Nacional Bolivariana y de la Alcaldía Libertador hubieron de cerrar los posibles accesos de la vía so pena de un fatal accidente o de que los concurrentes se distrajeran del propósito: la marcha del orgullo gay. Como ya es costumbre cada junio o julio, cientos de la comunidad LGBTI de todo el país desfilaron sus fantasías, plumas y perifollos. Esta edición, sin embargo, se escarchó con un brillo especial. El que le imprimiera la esperanza que carga consigo un año electoral. 3 Sí, por un pequeñísimo resquicio se filtra, como un haz de luz rosada sobre el blanco de los códigos, la posibilidad de que un nuevo parlamento, luego de los comicios del 6 de diciembre y de las investiduras que se arrellanan en las curules, debata, pelee y sancione un derecho hasta ahora ignorado, por no decir proscrito de la Asamblea Nacional: el matrimonio igualitario. Basta recordar que, el 31 de enero de 2014, activistas sexodiversos entregaron 21 mil firmas junto a un proyecto de ley y, no obstante, el legajo con la apremiante petición naufragó en un hueco oscuro y sin fondo. Pero el silencio no los amilana, al contrario, los caldea, los azuza, los empuja. Por eso, el pasado 12 julio fue aguijón perfecto para alborozar corazones y valentías, montarse sobre tacones, rizar maneras y muñecas y, por supuesto, exhibirse tal como quieren ser. “Porque el amor es libre. Si yo quiero pasearme con mi marido agarrado de manos es mi voluntad. Estoy harta de esconderme”, sale del clóset Robert, un estudiante universitario que viajó desde Puerto La Cruz para colgarse, como un collar de perlas al cuello, de su Erastés en la manifestación del arcoíris. cita4 A pesar de que la invitación, como tarjeta de quince años, suscribía que la caravana se pavonearía desde las 9 de la mañana por el otrora Parque del Oeste, hoy Alí Primera, hasta desaguar a las 11 en Plaza Venezuela, los manifestantes se hicieron esperar. Y cómo no, si los afeites, las pelucas y lentejuelas son menesteres de expertos y toma su tiempo. “Claro, mi amor, ¿tú que crees, que todo esto no cuesta? Tengo casi dos kilos de telas, pestañas postizas, pelo falso, sombrero. Estuve cuatro horas arreglándome”, enumera sus artilugios de garota Oliver, quien por su figurín exuberante emula a una carioca en Carnaval. 6 Poco a poco, los asistentes fueron llegando. Ya a las 4 de la tarde la algarada estaba prendida. A la vera de la calle, buhoneros ofrecían sus chucherías: sangría, cigarros, cervezas y una vodka radioactiva cuyo color azul titilaba en lontananza. Los aleteos, las bromas, befas y comunes “chalequeos” inundaban el lugar. “Mami, mira esta loca parece una vampiro”, señala María a su pareja Jenny un muchacho con la cabeza rapada, cuernos pegados a las sienes y sendos lentes de contactos que traslucían un iris verde zombi. Ambas respondieron a la convocatoria —más allá de los espejismos— porque núbiles quieren contraer nupcias civiles. “Yo tenía esposo, pero me pegaba. Al final nos dejamos. Entonces conocí a Jenny. Es muy cariñosa y trabajadora. Es mi primera relación lésbica. Nos enamoramos. Ella me ayuda a criar a mi hijo. Es mejor papá, bueno mamá, que mi ex”, deshoja María su lamento. Ella va a votar porque alguien le dijo que los candidatos, Leandro Viloria y Koddy Campos, para el parlamento por el Partido Socialista Unido de Venezuela, izan la bandera de los ocho colores: rosa, rojo, naranja, amarillo, verde, turquesa, azul y morado. 5 No todos, sin embargo, entienden de su deber y sentir ciudadano. Sin ir muy lejos, a contados pasos, Luis y Alfredo, que recién alcanzaron la mayoría de edad, y un pubescente mostacho los delata, no se inscribieron en el Registro Electoral Permanente. “No me enteré”, dispara Luis una flecha de indiferencia. Sin siquiera bizquear por el error, sin mostrar arrepentimiento por su infidencia, se incorporó al grupo de siete jovencísimos efebos con quienes armó un corro para quebrar caderas al ritmo de un cover —changa mediante— de Sia y su “Chandelier”, tema escogido por el margariteño Dj Bombona, maestro de ceremonia para avivar la chacota de esta tarde. “Ese es el problema: muchos exigen ser respetados pero no se comprometen con la causa. Más que querer casarnos o cuidar de nuestras familias, esta primera ley, la del matrimonio igualitario, es un paso en contra de la discriminación. Es una manera de que el Estado nos reconozca dignos”, se desuela en un crepúsculo de frustración Giovanni Piermattei, ingeniero en Informática que depuso los algoritmos por el activismo político y social. Vuelve: “quien crea que las uniones de hecho son la solución de un gran problema en las mentalidades está equivocado. Pero por algo hay que empezar. Daría estatus de igualdad jurídica ante una legislación que no es plural. Pero hay muchas fuerzas que se oponen: la iglesia evangélica y católica, los medios de comunicación —que nos han dado la espalda— y la AN que no ha atendido la justa petición pretextando que hay que hacer antes una campaña de concientización y educación. Eso es un sinsentido, ninguna sociedad del mundo ha estado preparada para las reivindicaciones sociales. Para eso están las leyes: para propiciar los cambios”, hurga meses antes de esta concentración en las invectivas que detractores vocean para boicotear la no promulgación del anhelo. cita3 Y sí son muy pocos los diputados que no han preterido del clamor. De acuerdo a unos prosélitos del PSUV, cuyos nombres prefirieron ocultar en las máscaras de la fanfarria multicolor, existe homofobia dentro del partido oficialista. “Pedro Carreño, por nombrar alguno, jefe de la facción parlamentaria, dio instrucciones precisas para que no se hablara o discutiera el asunto dentro del hemiciclo. Los evangélicos adentro tienen poder. Echan por tierra otras voces que sí nos respaldan. Por ejemplo, las de Carlos Sierra, Alejandra Benítez, Eduardo Lima, Elvis Amoroso, Tania Díaz, Adán Chávez, García Carneiro, Jorge Rodríguez, Juan Carlos Alemán y Ernesto Villegas, por nombrar algunos. Por la oposición, María Corina Machado, antes de su expulsión, se acercó el 31 de enero de 2014 y Leopoldo López, pese a que firmó el proyecto, no quiso tomarse una foto con los solicitantes”. 7 Las cornetas principales, justo al lado de la tarima, acaso altar plural, berrean las rimas y apócopes de Madonna. “I don´t wanna hear, I don't wanna know. Please don´t say you´re sorry”, corea en súplicas la cantante pasadita de edad en tanto las travestis coquetean con los hombres y lanzan sus camelos a los vernáculos que ese día decidieron no esconderse. “Yo sí soy marico… y a mucha honra”, ruge uno con un pecho sin vello tallado por Hefesto. Él, junto a unos pocos, forma parte del minúsculo clan de los “sin camisa”. Al parecer, ya no está de moda desnudar bíceps ni abdominales esculturales. Más bien modosos y recatados se respingan en galanteos. cita2 La embriaguez de la guarapa de parchita —cliché en estos aquelarres— surte efecto de cicuta. Los tambaleos, las hilaridades y mareos mecen al público. Y el animador clama que te clama por una pita, un minuto de aplausos por los amigos caídos. “Para Joel Gimes que abandonó este mundo, pero desde donde está nos cuida”, salmodia como en una plegaria. Rompieron en golpes de palma y bullanguería. Pero para Cristián la alegría está por encapotarse, como el cielo a las 5:20 de la tarde. Un compañero se le acerca con sigilo y lo embiste. Como no quiere quedarse atrás, le estampa su clutch de falsa piel al contrincante. Se precipitan, el uno contra el otro. Se tumban al piso, se rasgas los vestidos, arañan sus finos cachetes. “Esto te pasa por meterte conmigo. Si te vuelvo a ver te mato”, amenaza Cristián justo al momento que unos nobles aplacan la marimorena. “Por estos show es que no me gusta venir. No se toman nada en serio. Es una fiesta y ya. Los organizadores hasta ahora no han dicho nada de reclamar espacios o de futuras acciones antes de las elecciones”, comenta una señora que escolta a su retoño de 17 años. “Yo lo apoyo”, remata altiva. 2 Pero todo tiene su final, como la canción de Héctor Lavoe, que compuso junto a Willie Colón. Como el árbol que, al otro lado del río, en Sebucán, unos ecocidas derriban dejando su savia y cadáver cercenado, ultrajado, tasajeado en las aceras ante los ojos cómplices de los vecinos. Al menos por este año, las nubes sellan el mitin o matiné. Supitaño, un chubasco a las 6 hace correr el maquillaje, enloda ruedos y pantalones campana. La muchedumbre pega la carrera, como en una estampida, hacia las puertas del Metro. El caos se apodera del paisaje, el contacto del agua con el ardiente pavimento eleva mofetas y vapores tóxicos —parece una fumalora—, los ahogos quiebran gargantas. Solo una tuvo el vigor para gritar: “Locas, mójense para que se purifiquen”. Todavía hay ánimos para continuar las bromas. “Yo no me canso. Yo lucho porque los derechos humanos no se entregan por pedazos. Los tienes o no los tienes”, se envalentona y cierra Piermattei. cita1

Venezolano transgénero es el primer hombre latinoamericano embarazado

Fernando tenía un retraso en su periodo y pocos días después envió un mensaje de texto a su mujer confirmándole que estaba embarazado. Sí, embarazado. Así que ella se puso tan nerviosa que dio "la peor conferencia de su vida" ante un auditorio que esperaba para escuchar los avances y reivindicaciones de la comunidad transgénero. Poco después escribió en su cuenta de Twitter: "Voy a ser mamá, mi novio Fernando Machado está embarazado".