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Gabriela Mirabal, la testigo que acusa a toda su familia de corrupción en Venezuela

Gabriela Mirabal Castro, una testigo que ayudó a condenar en Estados Unidos al ex tesorero de Venezuela, Alejandro Andrade, narra en El Estímulo detalles de la escabrosa saga de represalias de su propia familia. Hasta su amado hijo le puso una pistola en la cabeza porque ella denunció los negocios de "El Clan", una supuesta organización vinculada al ex guardaespaldas de Hugo Chávez

Gabriela Mirabal, la testigo que acusa a toda su familia de corrupción en Venezuela

Un día María Gabriela Mirabal Castro le preguntó a su hermano Gustavo de dónde sacó dinero de repente para comprarse un Maserati. A partir de estas sospechas, la vida de esta mujer venezolana cambió por completo desde hace más de una década y todavía hoy siente que su vida corre peligro.

Pensó que hacía lo correcto cuando le manifestó a su padre, un destacado político de la antigua era democrática, que su hermano Gustavo Mirabal Castro estaba cambiando su forma de vivir de un día para otro y eso a ella le parecía muy sospechoso.

“No me nombres más a Gustavo”, habría sido la respuesta de su padre, un ex gobernador, político tradicional del partido Acción Democrática.

Gustavo Mirabal Castro es señalado de ser el supuesto testaferro de Alejandro “El tuerto” Andrade, el ex guardaespaldas del difunto Hugo Chávez y ex tesorero de la república de Venezuela, quien cumple condena en Estados Unidos sentenciado por el delito de lavado de dinero.

El Estímulo intentó entrar en contacto directo con Gustavo Mirabal Castro a través de las direcciones que aparecen en las páginas en Internet de este empresario.

Gustavo Mirabal Castro, empresario venezolano, asesor financiero (Foto tomada de Gustavomirabal.es)

Hasta ahora no hay respuestas o referencias directas a estas acusaciones, aunque en las entradas de sus portales Mirabal Castro narra el éxito que ha tenido en los negocios tanto en Florida, como en Madrid, España y en ahora en Dubai, a donde ha mudado parte de sus operaciones.

Gabriela denunció varias veces públicamente a su hermano y al resto de la familia a través de las redes sociales y tuvo repercusión en varios medios.

«Todos se preguntarán quién es Gustavo Mirabal Castro, pues bien, hoy les contaremos acerca de su vida y trayectoria. Gustavo Mirabal Castro es un abogado, empresario y asesor financiero con amplia experiencia en el mundo de las finanzas. Los primeros pasos hacia ese mundo financiero los dio en su natal Caracas, cuando trabajó en instituciones bancarias. Ese acercamiento con el derecho financiero, le mostró un camino que actualmente recorre y se ha vuelto parte esencial de su carrera profesional. Todo lo aprendido en este tiempo, sentó las bases para un nuevo mundo en el que se mantiene activo en el ejercicio legal», explica en uno de sus portales.

La horrible historia de Gustavo Mirabal, detrás de su éxito

«El nombre de Gustavo Mirabal vuelve a salir a la luz luego que se difundiera su trabajo como asesor financiero en la ciudad de Dubái, Emiratos Árabes Unidos. Este caraqueño tiene en su haber una gran experiencia en el mundo de las finanzas, es abogado de profesión y jinete profesional, actualmente retirado. Por ahora, está enfocado en su labor como asesor en materia financiera a personas jurídicas así como naturales desde este Emirato.  Más gracias a su encomiable trabajo, tuvo que dejar su residencia en Madrid, España, el año pasado, a fin de abrir una oficina que permitiera estar más cerca del área donde sus clientes quieren o ya han invertido», explica.

 Las instalaciones de lujo para cría de caballos G&C Farm, en Florida, es uno de los hitos de sus negocios. En 2015 mudó operaciones a los establos de la familia Añon, en Madrid.  

Ahora María Gabriela es perseguida y atacada hasta por su propio hijo, según contó en entrevista con El Estímulo sobre un drama familiar que abarca a tres generaciones y que registra episodios escabrosos y perturbadores.

Familia y Cia

Gustavo Alfredo Mirabal Bustillos, un adeco que fue ministro de Fomento del gobierno de Jaime Lusinchi, gobernador de Miranda y presidente del Instituto Nacional de Hipódromos (INH), es el padre de María Gabriela y de Gustavo.

Ella pensó que por ese pasado, inclusive reciente, porque Mirabal Bustillos estuvo merodeando la coalición opositora Mesa de la Unidad Democrática hasta 2013,  el patriarca la escucharía y llamaría la atención de Gustavo Mirabal Castro, quien para el año 2003 era apenas asistente del presidente del hoy quebrado y saqueado Banco Industrial de Venezuela (BIV) Leonardo González Dellán.

No fue así. Había complicidad entre padre e hijo, según María Gabriela.

A la dupla de Mirabal Castro y González Dellán, María Gabriela añadió en sus denuncias a una tercera persona: Alejandro Andrade, conocido con el remoquete de “El Tuerto”, desde que el presidente Hugo Chávez le voló un ojo con una tapa metálica de refrescos, en un juego popular en Venezuela llamado «chapita».

Este ha sido el ojo más caro en la historia de Venezuela, según algunos analistas de esta historia.

Alejandro Andrade en su más famosa foto como multimillonario: desde las tribunas de un hipódromo, en 2018. Andrade fue nombrado Tesorero de la Nación por Hugo Chávez por los mismos días en que González Dellán manejaba el Banco Industrial de Venezuela

El Tuerto pasó de ser espaldero de Chávez a vivir durante años una vida de millonario del jet set en Florida, con equipos de polo, cuadras de caballos, lujos y ostentaciones. Pero sus bienes fueron confiscados, sus caballos subastados. Tras un trato con la Fiscalía para facilitar información y delaciones sobre la red de corrupción en torno al dinero público de Venezuela, solo fue condenado a 10 años de cárcel.

Andrade era quien tenía el poder, mientras que González Dellán era el que manejaba el dinero. Por intermedio de Gustavo Mirabal Castro se llevaría a cabo esta alianza para comenzar a cometer delitos contra las arcas de Venezuela, siempre según María Gabriela.

Desde ese momento, asegura ella, su hermano se transformó en el testaferro de Alejandro Andrade.

“La figura de mi hermano funcionaba perfectamente como testaferro de cualquier personaje del régimen, puesto que mi padre ocupó en la llamada IV República el ministerio de Fomento, fue gobernador de Miranda, presidente del hipódromo, miembro del antiguo Congreso Nacional, a nadie se le hubiese ocurrido que el hijo de Gustavo Mirabal Bustillos pudiera estar relacionado tan íntimamente y tan malamente con el régimen”, comentó María Gabriela en esta entrevista presencial llevada a cabo en Caracas, en medio de la pandemia del coronavirus.

Sospecha tras sospecha

Ciencias Administrativas y Gerenciales, fue lo que estudió María Gabriela, y por medio de colegas y amigos de este gremio, comenzó a enterarse de lo que estaba haciendo y de las adquisiciones de su hermano.

“Él vivía en un apartamento muy modesto en el Centro Polo, en Bello Monte, Caracas, y de la noche a la mañana compró un avión. Cómo es eso, si yo seis meses antes le había prestado 100.000 bolívares, que era mucho dinero en aquel tiempo, para que comprara el apartamento”, se preguntó entonces.

Así fue como comenzaron los reclamos de María Gabriela a Gustavo. “De dónde tú estás sacando dinero para comprarte un Maserati, de dónde estás sacando tú para comprarte dos aviones, una casa como la que te estás comprando, cómo lo justificas”. No obtuvo ninguna respuesta.

María Gabriela aseveró que su hermano compró una casa al lado de Alejandro Andrade en Cumbres de Curumo, una acomodada urbanización del sureste de Caracas.

“Esa casa de Andrade la compró Raúl Gorrín. Esas casas salen a Fuerte Tiuna. La de mi hermano la debe haber comprado algún enchufado”, afirmó.

Gorrín es otro personaje de la saga venezolana: el propietario del canal Glovisión y de la compañía de seguros La Vitalicia, es buscado por la justicia de Estados Unidos, que congeló sus bienes en un proceso donde se le acusa de corrupción con fondos públicos en alianza con funcionarios del régimen de Nicolás Maduro.

“Mi hermano llegó a tener un apartamento en el Trump Plaza, en Nueva York, tres apartamentos en Florida, caballerizas, otro apartamento en París, una casa en La Moraleja en España, y cuatro apartamentos en Dubai, cada uno de ellos con un valor de nueve millones de dólares”, aseguró María Gabriela.

Esto la angustió mucho, porque era una persona muy querida para ella, padrino de sus dos hijos.

El tiempo y los lujos

La testigo narra como transcurría el tiempo y ella siguió viendo el comportamiento de su hermano y como la familia convivía con tanto lujo, sin que nadie se parara a preguntar de dónde estaba saliendo todo eso. Hasta que un día, Gustavo Mirabal Castro que era casado, se divorció. A María Gabriela esto no le pareció extraño, sabía que a la pareja de su hermano seguramente se había dado cuenta de lo que estaba ocurriendo.

“Ella me decía, María Gabriela yo me divorcié porque mira, yo dormía vestida con blue jeans y camisa porque Gustavo llegaba con unos maletines llenos de billetes contantes y sonantes y no me contaba el origen de esos fondos y yo estaba sumamente preocupada”, cita.

Según María Gabriela, la esposa de Gustavo lo amenazó con contarle a su familia eso que ella estaba presenciando, a lo que él le respondió, “a mí no me para nadie y si tú me dejas, esto es Disney World, si tú te sales los muñecos se quedan aquí adentro”.

Lo que no quería María Gabriela, era lo que estaba comenzando a suceder: el desmoronamiento de su familia. Guardaba esperanzas de que la rectitud moral y los valores que le habían enseñado desde pequeña al final estuvieran por encima de sus sospechas y todo terminara. Pero esto no fue así.

Bautizos sociales

Un día acudió al bautizo de una de sus sobrinas. Además de Gustavo, María Gabriela tenía dos hermanas más. Al llegar al lugar donde sería la reunión, cual sería su sorpresa que a la primera persona que ve es a Raquel Bernal, quien -según explica- tuvo una relación sentimental tanto con Hugo Chávez como con el propio Alejandro Andrade. Al voltear vio a “El Tuerto” y a González Dellán.

“Yo le pregunté inmediatamente, esto es una fiesta política, tú me invitaste aquí para involucrarme con esto. Le dejé el regalo y me fui”, dijo María Gabriela.

Así continuó sucediendo, la ausencia de María Gabriela a las fiestas familiares se hizo cada vez más constante. Llamaba por teléfono primero, preguntaba quien estaba en la fiesta y así tomaba la decisión de ir o no a las reuniones. “Así me fui alejando, pero mi hijo no, que tenía 13 o 14 años. Hoy me culpo por eso”, afirma con nostalgia María Gabriela.

Ella piensa que dejar a sus hijos compartir con la familia hizo que ellos se dejaran arrastrar por todo lo que veían.

“Fue fácil atraerlos, como a mis hermanas, a quienes les compraron apartamentos. A mí me ofrecieron más, pero nunca los acepté. Cómo iba yo a criticar al gobierno si a mi lado estaba uno de los mayores ladrones del país”, afirmó.

En varios momentos de esta entrevista su voz se entrecortaba y de sus ojos se quisieron escapar algunas lágrimas. Pero ella respiraba y seguía.

Gustavo Mirabal Castro habría hecho todo lo que pudo para quebrarla. Un día mientras ella le decía a uno de sus hijos -que había aplazado el quinto año de bachillerato-, que no iría a México a un viaje al cual iban sus compañeros que sí habían aprobado, su hermano se apareció en su casa con el pasaje con destino a México para su sobrino. El tomó el pasaje y se fue.

Juguetes caros

“Cuando mi otro hijo cumplió 18 años yo no tenía para comprarle un carro, él estudiaba en la Católica (Universidad Andrés Bello) y yo lo llevaba hasta el Metro y lo buscaba ahí de regreso. ¿Qué hizo mi hermano? se apareció con un Mercedes Benz blindado para mi hijo. Yo no pude quitárselo. A las tres semanas se llevó por delante a un motorizado en La Guaira, y quien tuvo que ir en su ayuda fui yo, porque aunque llamé a mi papá y a mi hermano, ninguno fue a ver que había pasado”, narró María Gabriela.

Dice que ella denunció los hechos y ellos compraron a sus padres, sus hermanas y finalmente a sus hijos.

Aseguró que su familia, en especial su hermano y sus hijos, han hecho todo lo posible para desprestigiarla. María Gabriela comentó que han dicho que ella tiene problemas mentales, y que eso lo hicieron para tratar por todos los medios de que no testificara en el juicio contra Andrade en Estados Unidos.

“Una vez colocaron una foto en las redes donde yo aparecía con un caballo y decían, aquí está María Gabriela de dónde habrá sacado la plata para comprar caballos”. Cuenta María Gabriela que un twittero publicó la foto completa. Se trataba, cuenta ella, de un episodio en el que ella entregaba el premio al caballo “Rayo Laser”, ganador del Clásico del Caribe de 1987, por fotografía, en un final electrizante con su coterráneo “Gallardete”. La justa se celebró en el hipódromo El Comandante en Puerto Rico, a donde había asistido con su padre. “Se les cayó la mentira”, dijo María Gabriela.

En la actualidad, María Gabriela está en medio de un proceso judicial acusada de instigación a delinquir, demandada por un sujeto que no puede nombrar, que está ligada a “el clan”, como ella les dice a su hermano, Andrade y González Dellán. Tiene prohibición de salida del país.

Testigo de excepción

Sin embargo, antes de no poder salir del país y con la ayuda del senador estadounidense Marco Rubio, María Gabriela pudo viajar a Estados Unidos y testificar en el juicio contra “El Tuerto” Andrade. Aseguró que entregó pruebas en la corte de las empresas fantasmas que “El Clan” había conformado para lavar dinero. “Tuve contactos con gente que trabajaba con ellos y me entregaron copias, además de mi testimonio de todo lo que tenían y como no podían justificar nada”, dijo María Gabriela.

En el juicio tuvo la oportunidad de explicar cómo era el “engranaje entre el tesorero de la Nación, el Banco Industrial de Venezuela” y su hermano, es decir, “el poder (Andrade), el dinero (González Dellán) y las relaciones (Gustavo Mirabal)”, y la función de otras personas como Raúl Gorrín.

Contó que le ofrecieron asilo en Estados Unidos debido a la magnitud de la denuncia, pero ella no aceptó, dijo que su vida y todas sus cosas estaban en Venezuela por lo que ella debía regresar.

María Gabriela dijo que le impresionó ver a “El Tuerto” Andrade en la corte. “Después de verlo en el Country Club bebiendo Champaña Cruzat, y ahora verlo en la corte con una Biblia en la mano, me impresionó. Me vio y me hizo la señal de la cruz”.

Otra de las situaciones que vivió, es que una persona allegada a “El Clan” se mudó a su edificio, con la simple misión, dijo María Gabriela, de vigilar sus pasos, de ver como vivía ella. Aseveró que sus vecinos hicieron todo lo posible para que esta persona abandonara el lugar.

“El Cicpc (policía científica) venía todos los días. Uno de esos días me dijeron que venían a hablar conmigo. Me esposaron, me pusieron una sabana en la cabeza, me decían que me iban a matar porque me había metido con alguien muy poderoso y que mi hermano ya no era mi hermano. Ahora yo también pienso que es verdad, ya no es mi hermano. La gente me dice que yo soy su enemiga”, manifestó.

El quiebre sentimental llegó, después de todo

María Gabriela aseguró que ella aguantó todo lo que le habían hecho hasta ahora. Dice con firmeza que no tiene miedo. Pero María Gabriela al final no es de hierro, tanto dieron que consiguieron darle en corazón con lo que más le duele, sus hijos. El domingo 23 de agosto de 2020 ocurrió algo en su casa que hizo que su  lágrimas brotaran sin parar.

Contó esa estremecedora historia en las redes sociales y despertó la solidaridad y la consternación de muchas personas.

Tenía 13 años sin ver a ninguno de sus hijos. María Gabriela piensa que a su familia no le interesa que ella tenga contacto con sus hijos, por toda la información que ellos tienen y que ella no debería conocer. “Un día se los llevaron y yo ni siquiera pude despedirme de ellos”, dijo.

Ese domingo, María Gabriela llamó el ascensor (llega directo a su casa). Cuando se abrió la puerta estaban dos hombres vestidos de negro, y uno de ellos entró con actitud violenta, según comentó. “Cuando veo que es mi hijo, me voy encima y le digo mi amor, mi corazón, y lo abrazo, y le digo, me viniste a visitar”. Para su sorpresa, la visita no era con las mejores maneras de reconciliación.

“Me agarró por los brazos y me lanzó al piso, me tapó con una sabana que estaba cerca porque yo la estaba doblando. «¡Hijo esto va a traer consecuencias!», le dije.

«Entonces me puso una pistola en la cabeza, mi propio hijo”. María Gabriela respiró fuerte contando esta parte de sus historia. Su hijo apareció 13 años después y la apunto con arma de fuego, en la cabeza, en aquella que había sido su casa.

En medio de todo aquello, María Gabriela le dijo, “tú sabes lo que va a decir la familia de esto que tú estás haciendo”, y su hijo le respondió, “ellos saben que yo estoy aquí y están muy contentos de que esto esté pasando”. No sé si es verdad, dijo María Gabriela, pero si piensa que lo mandaron a “meterle un susto”.

Vidas marcadas

A raíz de lo sucedido, a María Gabriela le informaron que su hijo estuvo un día detenido, pero luego fue liberado, cree que se marchó del país en avión. Aunque los vuelos en Venezuela están suspendidos por el gobierno, asegura que tienen tanto poder que no le extraña que se haya regresado a España. Vive junto a su papá en la conocida zona de lujo La Moraleja, en las afueras de Madrid.

Su vida se volvió un infierno familiar. Pero ella cree que hizo lo correcto al denunciar a su hermano.

“Él dice que es un empresario exitoso, pero eso no es así, nunca fue ni siquiera buen estudiante, mi papá lo envió a Estados Unidos y dos años después regresó y no sabía decir ¡hello!»

«Él fue exitoso en robar. Hay expertos que me dicen que le estoy haciendo un favor a mi hermano al decir que se robó 250 millones de dólares, porque ellos creen que la cifra rebasa los dos mil  millones de dólares”, exclamó María Gabriela.

Aunque dice que está bien, María Gabriela sabe que no “la ganará por ningún lado”, porque si su hijo llegara a ser detenido por una orden judicial y puesto tras las rejas, va a ser muy fuerte para ella.

No se siente segura aunque tiene una orden judicial de protección, dice que su vida corre peligro a diario.

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