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Guerrillas desplazan a familias en frontera con Colombia

Los grupos armados ilegales que ocupan los espacios entre la Cordillera Oriental de Colombia y el Lago de Maracaibo, en Zulia, mantienen una guerra por el territorio que empezó desde que las FARC abandonaron las armas y se comprometieron a dejar sus actividades ilícitas

Guerrillas desplazan a familias en frontera con Colombia

Los combates entre el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y un pequeño grupo del Ejército Popular de Liberación (EPL) dispararon el desplazamiento de personas en la región colombiana del Catatumbo, perteneciente al departamento de Norte de Santander, fronterizo con Venezuela.

Al menos 236 personas tuvieron que abandonar sus viviendas esta semana en la zona rural de La Arenosa, cercana al municipio de Ábrego. Estas dos guerrillas luchan por el control territorial de esa región desde hace varios años, ahora desplazaron a sus habitantes, informaron autoridades locales.

Las personas de La Arenosa caminaron durante una hora hasta llegar a la aldea de El Espejo, en la vecina la localidad de Bucarasica. Allí siguen «hacinados en la escuela pública» mientras reciben refrigerios y ayuda psicológica, explicó el secretario general de la alcaldía de Bucarasica, Javier Velandia.

El funcionario recalcó que no conocen el número exacto de personas desplazadas porque los enfrentamientos entre guerrillas «están sucediendo en este momento». Esperan tener un censo exacto mañana cuando visiten la población junto a otras organizaciones.

«En octubre del año pasado ya se dio un desplazamiento masivo por esa misma zona y a pesar de que la situación se había calmado, ayer recibimos la noticia» de los nuevos combates, señaló Velandia.

Territorio en disputa

Parte del municipio de Ábrego está en la región del Catatumbo, región fronteriza con Venezuela y una de las más violentas del país. Miembros del ELN -actualmente la principal guerrilla del país-, las FARC, narcotraficantes y un reducto del EPL controlan el territorio.

El Catatumbo es una región selvática y montañosa que abarca la mitad septentrional de Norte de Santander. Los municipios Tibú, El Tarra, Sardinata, El Carmen, Convención, Teorama, San Calixto, Ocaña, Hacarí, La Playa, Ábrego y Bucarasica lo conforman.

La región fue la primera provincia petrolera de Colombia, por los yacimientos explotados desde la primera mitad del siglo XX en Tibú. Sin embargo, en los años 70 se convirtió en objetivo de los grupos guerrilleros, en especial del ELN. En esa zona tienen uno de sus fortines, y posteriormente las FARC también tomaron el área.

Esta región recorre desde el Lago de Maracaibo, en Zulia (Noroeste) hasta la Cordillera Oriental de Colombia. Siempre ha significado un punto importante para las guerrillas.

El analista político Henry Ortega, del Centro de Investigación y Educación Popular (CINEP), explicó que el desplazamiento en el Catatumbo es «intrarregional». Explicó que hay familias enteras que se trasladan «de pueblito a pueblito» por la disputa territorial «sangrienta» entre los distintos grupos armados ilegales. Indicó que estos grupos buscan el control del narcotráfico y de las rutas para exportar la droga.

«No se veía una situación así de violencia directa sobre la población civil desde el año 2000 con la incursión de los paramilitares en la región», lamentó Ortega.

«Vacío de poder»

El choque entre estas guerrillas se da «en un momento de transición en el Catatumbo» que empieza con el «vacío de poder» tras la desaparición de las FARC por su desarme en noviembre de 2016.

Un ejemplo de esta violencia fue «el proceso de estigmatización desde el ELN a ciertos sectores de la población que catalogaba como cómplices del EPL y que después sometía a violaciones de los derechos humanos», explicó Ortega.

Los combates entre ambos grupos se acentuaron en marzo de 2018 y se prolongaron por semanas en distintos lugares del Catatumbo. Aún no se determina la cantidad de muertos en estos enfrentamientos que según el ELN se produjeron porque el EPL le «declaró la guerra».

El grueso del EPL, que llegó a tener más de 3.000 miembros, se desmovilizó en 1991 gracias a un acuerdo de paz firmado con el Gobierno, pero una disidencia de unos 200 hombres se mantuvo activa en el Catatumbo, dedicada principalmente al narcotráfico, razón por la cual el Gobierno dejó de considerarlo una guerrilla y lo cataloga como una banda criminal llamada coloquialmente de «los pelusos».

Comunidades flotantes

La violencia entre «elenos» (como se conoce al ELN) y «pelusos» empujó a la población civil «a dejar atrás sus diferencias» y unirse bajo iniciativas de resistencia, «como cuando la Comisión por la Vida y por la Paz reclamó al ELN y al EPL que pararan su confrontación y exigió además al Estado que hicieran cumplir los Acuerdos de Paz», recordó Ortega.

El desplazamiento de 2018 demostró el músculo asociativo de la población y su rápida coordinación con las organizaciones humanitarias. En ese momento se construyeron refugios para  quienes huían de la violencia e iban «flotando» de un caserío a otro. Allí recibían ayuda, alabó el politólogo.