Helena en Caracas

A partir del viernes 6 de marzo, el grupo teatral Séptimo Piso presentará todos los jueves y viernes de este mes “La Ilíada en Movimiento”, una versión del clásico de Homero, dirigida por Dairo Piñeres

Helena en Caracas

Habrá caballos que relinchen. Soldados deshechos de heridas viejas. Mujeres que olvidaron la ilusión, que desconocen la felicidad. Habrá tierra, sangre, sudor, semen, lágrimas. También habrá algarabía. Algunos minutos de neblina, de falsos trofeos, de engaño y de estupidez. De pronto, si afina bien sus ojos, puede que capte la ambición desmedida de un rey. La inútil necesidad de subrayar su poder, de avasallar a sus semejantes. De exterminarlos. También allí estará la cólera que precipitó la devastación final.

Puede que usted termine regresando a casa más triste de lo que salió de ella. A veces piensa uno cosas tontas. Hay días en que se percibe como simple títere de los dioses. Pero puede que también ocurra lo contrario, que usted regrese fortalecido, luego de reflexionar sobre la batalla que acaba de ver en la plaza: “La Ilíada en Movimiento”. Una versión del clásico de Homero que el director Dairo Piñeres decidió montar con su grupo teatral Séptimo Piso.

La función de estreno es el viernes 6 de marzo, a las 5:00pm, en la Plaza Bolívar de Chacao. Posteriormente, se presentará los jueves 12, 19 y 26 de este mes, a las 7:00pm, en la sala Teatrex de El Bosque. Y, de manera gratuita, se montará en la Plaza Los Palos Grandes y en la Plaza Brión de Chacaíto, los días viernes 13 y 27.

La ficha técnica indica que la puesta en escena es una versión de Moisés Berr, adaptada por la poeta Daniela Fuentes. En la dirección coreográfica destaca Angélica Escalona, mientras que la música original fue compuesta por Carlos Rada. También hay una canción que cobra especial relevancia en la trama. Esta fue creada por el cantautor Josh Araujo, todos bajo la dirección general de Piñeres y la producción de Johana Villafranca.

Créame que no es imprescindible haber leído a Homero para apreciar este montaje. Vaya a verlo y luego, cuando se enamore de los versos o llore con la actuación de la docena de jóvenes que dejarán pedazos de su alma en la plaza, usted podrá acudir calmadamente a encontrarse con el poeta griego.

El argumento recuerda que, según la mitología griega, la mujer más bella del mundo se llamaba Helena. Era hija de Leda, esposa de Tíndaro, rey de Esparta, y seducida por Zeus en forma de cisne.

Helena tenía muchos pretendientes, y Tíndaro temía escoger alguno por miedo a las posibles represalias de los otros. Uno de ellos, Odiseo, hizo prometer a todos que defenderían el matrimonio de Helena con independencia de cual fuese su elección.

Ella prefirió a Menelao, hermano de Agamenón. Menelao heredó el trono de Esparta de Tíndaro, con Helena como su reina, y Agamenón, casado con la hermana de Helena, Clitemnestra, recuperó el trono  de Micenas.

Paris, el hijo de la diosa Afrodita, se enamoró de Helena y con la ayuda de su madre la raptó para llevársela luego a Troya como esposa. Los reyes de Grecia viajaron entonces hacia Troya para recuperarla y cumplir con el juramento.

Las tropas griegas rodearon la ciudad de Troya durante nueve años. Saquearon las ciudades vecinas y, en el reparto del botín, Agamenón tomó como esclava a Criseida, hija del sacerdote Crises, quien reverenciaba a Apolo. Cuando Crises intentó pagar su rescate fue maltratado por el rey, por esto le pidió al dios castigo para los griegos y el ejército fue azotado por la peste.

Cuando los aqueos decidieron preguntarle al adivino Calcante Testórida la causa de su mala fortuna, este les explicó que la plaga enviada por Apolo solo terminaría cuando Agamenón devolviera a Criseida a su padre. Agamenón aceptó hacerlo pero, a cambio, resolvió tomar a  la esclava de Aquiles, Briseida. Ambos discutieron y Aquiles se negó a continuar luchando.

En venganza a lo que consideró una ofensa, Aquiles le pidió a su madre, Tetis, que intercediera ante Zeus para castigar a los griegos hasta que Agamenón se disculpara. Sus antiguos compañeros de armas iban cayendo heridos gravemente. Los troyanos, capitaneados por Héctor, avanzaron sin parar.

En algún momento, Agamenón se da cuenta de su error y pide a los guerreros más valientes que vayan a la tienda de Aquiles y le rueguen que participe en la defensa de su ejército, pero este no cede, enceguecido por la cólera. Sin embargo, permitió que Patroclo vistiera su armadura y encabezara las tropas en la batalla.

Su llegada animó a los griegos, quienes lograron expulsar a los troyanos de las naves; pero luego Héctor lo mata y decide guardar la armadura de Aquiles. El hijo de Tetis enloqueció por la pérdida de su compañero, Patroclo, y juró venganza.

Aquiles mató a Héctor y lo arrastró alrededor de las murallas de Troya. Se negó a devolver el cuerpo para los ritos funerarios hasta que su padre, Príamo, acompañado por Hermes, se lo suplicó en persona. Solo así aceptó una tregua de doce días, mientras duraba la ceremonia.

El espíritu expresado a través del cuerpo

¿Cómo logró el grupo teatral Séptimo Piso traducir esta épica en movimientos?, se le pregunta a la maestra Angélica Escalona y ella responde con tanta sencillez: “Es que el cuerpo es poesía”; y uno queda suspendido, pensando qué habrá querido decir.

Al repreguntar, ella se explaya: “Puede que en un principio resulte abstracto para el espectador, pero a la larga la imaginación se irá despertando. Nuestro trabajo es como armar un rompecabezas. Quizás el movimiento que ves ahora en un cuadro, lo escucharás con la palabra más adelante”.

Escalona, quien se formó en el Laban Centre for Movement and Dance, del GoldsmithsCollege, perteneciente a la Universidad de Londres, y fue fundadora del Grupo Theja y de la Compañía Nacional de Teatro, admite ser muy pasional y cree que como coreógrafa le agrada trabajar los conflictos humanos.

Enfatiza la voz cuando explica que la humanidad siempre ha sido y será la misma, y que ella, como creadora, necesita expresar eso: “Hay tantas angustias, tanto quejido, tanto conflicto. Esto que verán en escena es el propio país: la miseria humana encerrada dentro de cuatro paredes, en una caja que no permite salir, pensar, ni respetar al otro. Sí, a lo mejor puede percibirse como algo abstracto. Sin embargo, lo que más deseo es que así sea un segundo, un minuto o durante 40 horas, aunque sea un espectador que nos vea se conmueva. Quiero conectar la obra con su alma y lograr que se emocione. Eso es el arte”.

A punta de talento

La docena de actores que participa en la obra se acopla en los movimientos, en el canto, en la expresión, a ratos de furia, a ratos de dolor, a ratos de hastío, de desesperanza, de terror. Son jovencísimos y muy talentosos. Se han formado en tres talleres de actuación con el mencionado director del grupo Séptimo Piso, Dairo Piñeres, y el montaje de La Ilíada vendría siendo como su acto final de grado.

Impresiona, para ser honestos, la calidad interpretativa del grupo, cuando se sabe que recién egresaron de sus cursos y que, incluso, no cuentan con sede física propia, pues acostumbraban a ensayar en el Celarg y, sin mayores explicaciones, ya no acuden a ese lugar de trabajo.

Johana Villafranca, productora del espectáculo, comentó que los trajes de los actores fueron encargados a la mamá de una de las actrices. La dirección y la producción se encargó de los costos y solo después de las primeras tres funciones, realizadas el año pasado, pudieron recuperar la inversión. Ahora, con la apertura de la nueva taquilla, esperan poder otorgar un reconocimiento a los actores.

“Yo sé que la obra es muy dura, pero igual es nuestro regalo. Es nuestro aporte al país. ¿Tú sabes cuánto hemos perdido con esta situación de conflicto? ¿Cuánta gente se ha marchado? ¿Cuánto teatro se hacía antes en las calles y ahora eso no se ve? ¡Nosotros creemos que es posible recuperar al país!, por eso queremos que la gente se conecte y piense sobre lo que nos está ocurriendo”, añade.

Con solo 23 años de edad, Daniela Fuentes es tesista de la Escuela de Letras de la UCV. También es actriz y en el año 2017 fue finalista del Concurso Nacional de Poesía Joven Rafael Cadenas. Con una voz aguda y su silueta de sílfide igual les pide a los muchachos del grupo que muevan las mesas o que se alisten, que ya el ensayo va a comenzar, y uno la ve tan menudita que no alcanza a determinar de dónde emerge tanto talento.

Comienza por explicar que el año pasado obtuvo la mención de “revelación del año”, en el área de la dirección teatral, con el montaje de Sicario, para Microteatro Venezuela; y luego, con toda la humildad del mundo, te mira a los ojos y te dice: “Es que en la Escuela de Letras te enseñan a leer y, como dice la profesora María Fernanda Palacios, la poesía conmueve y te mueve con la imagen. Este trabajo también busca eso”.

Su participación es clave. Al inicio de la obra Daniela escribió un poema que vendría a ser la voz del narrador, o del aedo, como dicen los expertos. Que eran aquellos artistas que al invocar a las musas cantaban epopeyas pasadas. También se encargó de resumir los diálogos de algunos cantos en frases cortas y, junto con el actor Jorge Rivero, buscó momentos históricos clave para mostrar la repetición de la guerra en distintos escenarios.

¿Y por qué nos duele tanto la obra?, se le pregunta. Y la mirada cándida, que habla como maestra de jardín de infantes, te dice que el corazón del conflicto proviene de la tierra y se mueve por ella: “Nos duele lo que nos pasa y porque nos pasa aquí. Nos duele porque la amamos”.

Y pareciera que el amor es la respuesta, como ya se ha dicho tantas veces. Porque, de hecho, fue lo que impulsó a Aquiles para que saliera a combatir contra los troyanos, luego de que Héctor matara a Patroclo.

Y es el amor hacia el arte lo que motiva a Anaís Maucó, Gabriel Duno, Edgardo Sorondo y Josh Araujo, entre otros actores, a persistir en la proyección de su vocación en Venezuela.

“Si estás aquí y tu pasión es actuar, tú actúas donde estés, donde haya una vitrina. Tantos espacios se han cerrado que uno solo tiene que preguntarse, por qué no abrir otros. Yo interpreto a Helena, pero con este montaje aprendí que el trabajo es en equipo. No hay personaje sin el otro y lo que hace que esta obra sea hermosísima es la conexión que logramos entre nosotros. Buscamos que el público sienta, sin detenerse a pensar quién le está hablando, sea Helena o Aquiles”, dice Anaís Maucó.

“Una guerra no necesariamente es un conflicto armado. También lo es cuando una idea se quiere imponer y acabar con la otra; sin entender que esto no deja ningún beneficio”, advierte Gabriel Duno, quien interpreta a Zeus, el padre de los dioses y de los hombres.

“Yo me fui a Ecuador y allí comprendí que cada país tiene sus problemas particulares. Regresé e hice borrón y cuenta nueva. Acá me encanta trabajar con maestros como Darío Piñeres, quien confía en el talento de los jóvenes y nos asigna responsabilidades. Así como con la maestra Angélica Escalona, que nos inspira a diario. Ellos nos dicen que pensemos en grande e imaginemos que presentamos esta obra en New York, que nos asumamos grandes actores y eso es lo que estamos haciendo”, comenta Patroclo, interpretado por Edgardo Sorondo.

“Venezuela tiene mucho que dar y yo estoy acá por convicción. Lo que experimento aquí no lo he sentido en ningún otro lugar. Creo que la crisis puede hacer que brote lo mejor de nosotros, que logremos combinar la música y la actuación para hablar un lenguaje universal, que exprese la pasión y el calor que sentimos como hermanos”, agrega Josh Araujo.

Entonces ya uno no sabe si la emoción creció luego de ver actuar a estos chicos o de escucharlos, porque es muy grande su deseo de vivir, aún y después de tanta sangre derramada sobre el asfalto. Es allí cuando provoca leer El Exilio de Helena, de Albert Camus, y vestirse y caminar con algunas de sus frases por Caracas.

Recordar, como él expresó, que es muy tentador “darle la espalda a este mundo sombrío y descarnado”, pero no, “esta época es la nuestra, y no podemos vivir odiándonos (…) Lucharemos por aquella de sus virtudes que viene de antiguo. ¿Qué virtud? Los caballos de Patroclo lloran a su dueño muerto en la batalla. Todo se ha perdido. Pero se reanuda el combate, ahora con Aquiles, y la victoria llega al final, porque la amistad acaba de ser asesinada: la amistad es una virtud.

La ignorancia reconocida, el rechazo del fanatismo, los límites del mundo y del hombre, el rostro amado, la belleza, en fin, tal es el terreno en el que volveremos a reunirnos con los griegos (…) Pese al precio que hayan de pagar los artistas por sus manos vacías, se puede esperar su victoria”.

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