La carrera de las vacunas: "la mía es mejor que la tuya"

El 9 de noviembre, Pfizer anunció una vacuna contra el coronavirus con 90 % de efectividad. Dos días después, el gobierno ruso dijo que la suya tenía 92 % de eficacia. Ahora, Moderna habla de 94,5 %. Lo cierto es que, hasta ahora, no han sido evaluadas de forma comparativa y tampoco han publicado sus ensayos en revistas científicas. Es difícil saber su verdadero alcance

La carrera de las vacunas: "la mía es mejor que la tuya"

En esta extraña carrera de las vacunas para derrotar en tiempo récord el coronavirus, los laboratorios parecen empeñados en demostrar que sus inmunizaciones son mejores que las anteriores, sin que hasta ahora ningún estudio único las evalúe comparativamente.

Una «escalera de efectividad» han trazado los tres laboratorios que han anunciado que sus vacunas están listas para comercializarse. Primero fue Pfizer, que el 9 de noviembre dijo que había logrado 90 % de efectividad. Dos días después, el 11, el gobierno ruso anunció que la suya, la Sputnik V, tiene 92 %. Y cinco días después, hoy 16 de noviembre, es Moderna la que sube un poquito más el porcentaje y dice 94,5 %.

Pero eso no es todo: el 18 de noviembre, Pfizer decidió no quedarse atrás y dijo que los nuevos análisis daban a su vacuna una efectividad de 95 %.

La Organización Mundial de la Salud no se ha pronunciado sobre esta alocada carrera y, por ende, aún no ha puesto orden.

Lo cierto es que anunciar una muy alta efectividad, real o ficticia, da rápida rentabilidad en este año tan difícil. Que lo digan Pfizer y Moderna, cuyas cotizaciones en los  mercados de valores se dispararon pocas horas después de hacer el anuncio.

carrera de las vacunas

Composición de imagen realizada por la agencia AFP

Los tres laboratorios han cumplido con los ensayos finales para el desarrollo de una vacuna, que consiste en probarlas en miles de humanos sanos y con el virus. Hasta ahora, sin embargo, todas se basan en estudios financiados por los propios laboratorios.

Hasta ahora, la Organización Mundial de la Salud no se ha pronunciado sobre la forma de evaluar uniformemente las vacunas y comparar, con valores reales, su efectividad. Mientras tanto, cada laboratorio muestra sus propios resultados de lo que se llama «ensayo intermedio», es decir, conclusiones tempranas que apuntan hacia algo definitivo.

Los ensayos tampoco han sido publicados, aún, en revistas científicas. Esto es imprescindible en el caso de los estudios científicos porque las revistas funcionan como un atrio. Esto es que permiten que los estudios sean analizados por especialistas de todo el mundo que, lógicamente, no tienen por qué tener ninguna relación con el laboratorio o con los expertos que publican.

También falta saber cuál es la protección temporal real de las inmunizaciones. Ha pasado muy poco tiempo para saberlo con exactitud.

Por todo esto, científicamente aún no se puede saber si los altos porcentajes de efectividad que anuncian los laboratorios son completamente verídicos. Mucho menos que sean de 90, 92 o 94,5 %. Por ahora solo queda confiar en esta extraña competencia de eficacia en que cada vacuna que se anuncia es supuestamente mejor que la que se anunció unos días atrás. Revisemos:

Pfizer, 90 %

El 9 de noviembre, justo al día siguiente de anunciarse que el candidato demócrata Joe Biden había alcanzado los votos para ser el nuevo presidente de Estados Unidos, este laboratorio americano aclamó que su vacuna tenía 90 % de efectividad.

Es un porcentaje muy alto para cualquier vacuna. Es un nivel de efectividad que predice una victoria sobre la pandemia. Por eso el mundo lo celebró y las bolsas de valores se dispararon como nunca antes.

El estudio de Pfizer se hizo en 43.538 voluntarios, dando a la mitad dos dosis de la vacuna y a la otra mitad dos dosis de un placebo. Estos voluntarios luego continuaron con sus vidas normales, siempre supervisados por el laboratorio para detectar si contraían covid-19.

Pfizer fue cuestionado tres días después al conocerse que su propio presidente, Alberto Bouria, vendió 62 % de sus acciones inmediatamente después de anunciar los resultados. Personalmente se embolsilló casi 5 millones de euros. Sin embargo, se levantaron muchas suspicacias en torno a la veracidad de la información.

Sputnik V, 92 %

Dos días después del anuncio de Pfizer, el gobierno ruso mostró los resultados de los ensayos de su vacuna Sputnik V. Su nombre se debe al Sputnik I, primer cohete soviético que logró ponerse en órbita.

El desarrollo lo realizaron el  Centro Gamaleya y el Fondo de Inversiones Directas de Rusia, con aval de las autoridades de salud de ese país.

Hay que decir que el del 11 de noviembre no fue el primer anuncio que Rusia hacía sobre su vacuna. Ya habían adelantado resultados prometedores aunque no habían establecido porcentaje de eficacia.

En agosto, anticiparon que pronto estaría lista para su comercialización. En esa oportunidad saltaron varios detractores, entre ellos dos voceros de la Organización Mundial de la Salud, quienes alertaron que no se habían cumplido todas las fases necesarias para su desarrollo seguro.

Los ensayos finales de la Sputnik V se hicieron en más de 16.000 voluntarios. Todos recibieron dos dosis de vacuna o placebo con diferencia de 21 días. Veinte de ellos eran portadores confirmados de covid.19.

La vacuna rusa se sigue probando en 29 hospitales. Hasta ahora, más de 20.000 voluntarios han recibido la primera dosis y 16.000 la segunda.

Moderna, 94,5 %

Siete días después que Pfizer, y cinco después de los rusos, la compañía estadounidense Moderna anunció que ya su vacuna está lista y probada… con más efectividad que todas las demás, 94,5 %.

Al igual que ocurrió con Pfizer, el anuncio hizo que se disparara el valor de sus acciones en la bolsa de valores, aumentando su valor en 11 % en solo una mañana.

El producto de Moderna tiene 94,5 % de efectividad. Es decir, casi 5 puntos más que la de Pfizer, que fue la primera en dar a conocer sus resultados, y casi 3 más que la rusa.

Basan su proyección de efectividad en sus estudios hechos en más de 30.000 voluntarios estadounidenses. Siguieron, afirman, los protocolos del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas y de los institutos de salud de Estados Unidos.