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La desdemocratización de Venezuela

Una seguidilla de acontecimientos sociales, políticos y económicos, constituyeron caldo de cultivo para que creciera la opción de una candidatura antisistema, como la que encarnó Chávez en las elecciones presidenciales de 1998

Venezuela gozó de un modelo democrático considerado entonces como ejemplar en América Latina, en los años 1970 y 1980. En aquel momento prevalecían dictaduras en países como Chile, Argentina, Brasil, Paraguay, y mientras tanto se registraban conflictos armados en varios países de Centroamérica, y en México imperaba lo que Mario Vargas Llosa definió como la dictadura perfecta del PRI.

En contraste con lo que ocurría en muchas realidades latinoamericanas y caribeñas, Venezuela tenía un sistema democrático entonces bien valorado. Sin embargo, registró un verdadero ocaso de su sistema a lo largo de 1990 y eso terminó dando paso al triunfo electoral de Hugo Chávez en 1998.

La Revolución Bolivariana, como se llamó inicialmente al proceso desencadenado por el chavismo, prometió un verdadero golpe a la mesa del estatus quo social, político y económico de Venezuela; y en efecto lo hizo.

Chávez aprovechó la necesidad de reformas

La llegada de Chávez al poder estuvo precedida de una serie de hechos que vistos en retrospectiva dejaban en claro la necesidad de reformas en Venezuela, pero la clase política que entonces dominaba el juego institucional, los partidos tradicionales Acción Democrática y COPEI, sencillamente desoyeron.

La devaluación monetaria en 1984, conocida como el “viernes negro”, al ser la primera en décadas en Venezuela tuvo un claro impacto económico y social. De acuerdo con diversas lecturas, se trató de una crisis de la cual “el país nunca se recuperó”.

A esto le siguió “El Caracazo” en 1989, una revuelta social sin dirección política que puso en entredicho el programa económico del segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez (1989-1993).

Pérez al recordar aquellos sucesos le otorgó una responsabilidad particular al mundo mediático venezolano: “los medios de comunicación, sobre todo la televisión, crearon un estado de pánico”. Se refería Pérez a la transmisión en directo, sin filtros, por parte de la televisión comercial de los saqueos y la posterior represión.

A estos acontecimientos, le siguieron los dos intentos de golpe de Estado de 1992, el primero de ellos encabezado por Hugo Chávez el 4 de febrero de 1992. Luego el enjuiciamiento del entonces presidente Pérez en 1993, producto de decisiones más políticas que de carácter judicial o de genuina lucha anticorrupción. 

Chávez estuvo dos años en prisión, pero ya con una notable repercusión pública tras la transmisión televisiva de su célebre rendición, tras fallar en derrocar a Pérez, al decir que no se habían cumplido los objetivos “por ahora”.

Eslabones de una cadena

En una suerte de eslabones de una cadena, a todo ello se sumó la crisis bancaria que en 1994, al iniciarse el segundo gobierno de Rafael Caldera (1994-1999), prácticamente barrió con el sistema bancario privado, teniendo gran y negativo impacto en la población.

La seguidilla de estos acontecimientos sociales, políticos y económicos, constituyeron caldo de cultivo para que creciera la opción de una candidatura antisistema, como la que encarnó Chávez en las elecciones presidenciales de 1998.

Fue significativo el derrumbe que vivió la que fue en gran parte de la campaña de 1998 la aspirante favorita, Irene Sáez, hasta que en agosto de ese año recibió el respaldo del partido Copei. El desplome de Sáez, terminó de abrirle paso a Chávez, a lo que se sumó la empecinada decisión del “caudillo”, Luis Alfaro Ucero, de ser candidato presidencial de AD

Aquellos comicios significaron una ruptura radical con los 40 años anteriores, no sólo por la condición de outsider de Chávez, sino que su propuesta pública, que terminó siendo la más votada, sencillamente lo que ofrecía eran cambios en todos los órdenes y la sustitución de la democracia representativa (constitución de 1961) por lo que terminó denominándose “democracia participativa y protagónica” (constitución de 1999).

Como lo expresé en otro texto sobre esta temática, estoy en deuda con Tomás Straka por haberme vinculado a un proyecto ejecutado desde la Universidad Católica Andrés Bello, relacionado con el proceso de desdemocratización de Venezuela. Cualquier aproximación al chavismo como proyecto hegemónico en la Venezuela del siglo XXI, pasa por la comprensión de la última década del sistema democrático instaurado en 1958.

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