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La escoria latinoamericana

La historia de América Latina se mueve por ciclos; cuando unos países entran en bancarrota y regímenes dictatoriales, otros abrazan la riqueza y la democracia. Hoy son los venezolanos quienes huyen de un “país fallido”, pero mañana pueden ser otros | Por Humberto Jaimes Quero

La escoria latinoamericana

El rechazo visceral a los venezolanos que migraron a países vecinos, por razones de fuerza mayor, constituye una demostración fehaciente de que en importantes sectores políticos y sociales de la región sigue habiendo poderosos prejuicios respecto a la diversidad social y los derechos humanos, valores fundamentales en toda sociedad que dice ser “democrática” y defender los más altos valores universales. 

Este rechazo se puede apreciar especialmente en los usuarios comunes de las redes sociales, pero también en alcaldes y un flamante candidato a la Presidencia de un país andino,  quienes se atreven a sugerir, en sus contenidos viralizados, que los migrantes venezolanos son sinónimo de crímenes y casi una especie de desperdicio, por decir lo menos.   

En la prensa de la región, por fortuna, las cosas son diferentes, ha habido un trato más profesional, respetuoso y objetivo, aunque no faltan medios de baja calidad editorial y humana que  con cierta frecuencia realizan campañas de “criminalización”  del venezolano, iniciativas que nos  recuerdan a los pasquines del nazismo que enfilaban sus baterías contra los judíos, a quienes calificaban de “escoria”. 

En las redes sociales a los migrantes venezolanos se les acusa de estar involucrados en robos, hechos de sangre y otros crímenes. Es la matriz principal que impulsa a los usuarios, pero no es la única. El problema está en la generalización, sobre todo si el señalamiento proviene de una autoridad pública que, por lo visto, no ha entendido que los excesos verbales de un funcionario pueden terminar en violencia hacia los sujetos señalados y sentenciados en su discurso. 

Ciertamente hay migrantes venezolanos que incurren en delitos, que incluso suponen una carga económica no prevista para ciertas localidades, pero ¿justifica ello la estigmatización de un grupo humano? ¿Y qué ocurre si ese grupo también puede aportar beneficios a la localidad? 

Los latinoamericanos viven quejándose de la discriminación de la cual son víctimas en España, Estados Unidos y Europa, pero al propio vecino que migra (contra su voluntad) lo perciben como un perro sarnoso y contagioso. 

Los centroamericanos dicen que son humillados en México, por donde pasan hacia su destino final: Estados Unidos. Y los mexicanos siempre se han quejado del maltrato de las autoridades estadounidenses, tanto cuando intentan vulnerar la frontera como en otros escenarios. En el siglo XIX, en algunas localidades del Tío Sam se llegó a prohibir el ingreso de “perros y mexicanos”.

Vivimos en un mundo convulsionado, problemático y desigual donde hay millones de latinoamericanos que quieren migrar a Estados Unidos, España y Europa. En todos ellos existe una inquietud común: ¿Cómo serán recibidos por los anfitriones? ¿Serán tratados como personas o como bichos?

La historia de América Latina se mueve por ciclos; cuando unos países entran en bancarrota y regímenes dictatoriales, otros abrazan la riqueza y la democracia. Y viceversa. Por eso siempre habrá flujos migratorios, gente que va de una a otra parte buscando salvar el pellejo. Y por eso tanto la población como las autoridades en la región deberían abordar este tipo de fenómenos, que son complejos y seguirán siendo frecuentes en un continente lleno de problemas. Hoy son los venezolanos quienes huyen de un “país fallido”, pero mañana pueden ser otros.  

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