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La felicidad se construye desde adentro

En esta entrega, que cierra la serie "Filosofía del señor de las verduras", Ricardo Adrianza nos invita a ser los artífices de nuestro bienestar, rescatando el ser interior y potenciándolo con la fuerza omnipotente del amor

La felicidad se construye desde adentro

Con esta entrega, cerramos el ciclo de acciones que suman a tu bienestar personal, basado en lo que he llamado la Filosofía del señor de las verduras.

Este peculiar nombre tiene su origen en la singular reacción de mi primer nieto, Matías, ante una situación que se tornó repetitiva en medio de la pandemia y que me hizo reflexionar con relación al comportamiento de adultos y niños, y sobre cómo incorporar las actitudes de estos últimos en nuestro diario vivir.

Y en esta receta de acciones no podía faltar el enunciado de ¡la felicidad se construye desde adentro!

Ingenieros de nuestras vidas

Para apoyar esa afirmación, quiero citar una frase de San Agustín: “No es mas rico el que tiene más, sino el que menos necesita”. Frase poderosa que engloba un sentido espiritual sublime y refuta cualquier teoría que señale que la felicidad depende de incentivos externos.

Cuando en esta filosofía de construcción del bienestar se expresa que la felicidad se construye desde adentro, eso nos empuja a entender que esa construcción depende exclusivamente de nosotros y de cómo elegimos vivir nuestras experiencias. Somos los ingenieros de nuestras vidas.

Además, puntualiza que en esa construcción no estamos exentos de vivir momentos dolorosos. Los tendremos de cualquier modo, por más capaces o inteligentes que seamos. Lo importante aquí es atesorar y mirar cada uno de esos eventos como un aprendizaje.

La plenitud del Ser

Este atributo es tan valioso que nos permite ¡Ser!, con todo su significado filosófico. Así pues, cuando vivimos en nuestra propia esencia, somos más capaces de entender la grandeza del disfrute de lo que hemos logrado, y despegarnos conscientemente de aquello que, por alguna razón, no hemos alcanzado. Somos más conscientes de nuestras virtudes y, lo que es más importante, de nuestras imperfecciones.

Cuando actuamos desde el Ser, entendemos qué nos motiva, y nos encaminamos con firmeza a encontrar nuestro propósito de vida.

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Para interiorizar esta acción, te pido que la recuerdes cada vez que tengas un lápiz en tus manos. Si miras bien, la belleza del lápiz –por sus formas y colores– es incuestionable. Sin embargo, su función principal es la de escribir, y eso solo se logra con la diminuta mina que se encuentra en su interior. De allí que te pido evocar cada día y reforzar la idea de que cultivar tu bienestar depende exclusivamente de cómo manejes tu discurso interior.

La fuerza del amor

Para finalizar esta cruzada de atributos cerraré con el más importante de todos: conecta con la fuerza del amor.

Esta palabra es muy corta para la profundidad de su significado. El amor es la energía invisible que potencia nuestras ganas y moldea nuestra fuerza interior. ¿Quién puede dudar de la fuerza que tiene el amor en nuestras vidas?

El amor lo representa todo: gratificación, entrega, aporte, compartir, querer, honrar, respetar, convivir, alegría, y un sinfín de adjetivos que podría resumir diciendo: el amor es un valor universal.

Vivir en amor es vivir en positivo y te acerca a Dios. El amor se siembra y se alimenta de las pequeñas cosas. Su significado es tan impactante que merece la más hermosa de las definiciones, de la mano de una de las mentes más brillantes que ha existido en la humanidad, Albert Einstein, quien, en una carta dirigida a su hija, expresó:

El amor es luz, dado que ilumina a quien da y lo recibe. El amor es gravedad, porque hace que unas personas se encuentren atraídas por otras. El amor es potencia, porque multiplica lo mejor que tenemos y permite que la humanidad no se extinga en su ciego egoísmo. El amor revela y desvela. El amor es Dios y Dios es amor.”

Esta maravillosa forma de definir al amor me permite abstenerme de adicionar nada más y cerrar los atributos que constituyen la Filosofía del señor de las verduras.

Ser feliz exige poco

Hoy, humildemente, aspiro a que seas consciente del alcance que tiene explorar en tu interior y sembrar amor en todas tus acciones.

De la misma forma, te pido que incorpores los nueve atributos o acciones que hemos compartido a lo largo de cinco artículos: sonreír, tener buena actitud, vivir en el presente, divertirte con poco, perdonar, agradecer, abrazar, construir la felicidad desde adentro y conectar con la fuerza del amor, que constituyen la esencia de la Filosofía del señor de las verduras.

En definitiva, aspiro a que vivas con holgura emocional y recuperes el ánimo infantil que hemos perdido. Y lo más importante: que entiendas que la felicidad –muchas veces– se construye con poco.