La impaciencia, ¿cómo combatirla?

La impaciencia, esa sensación que se instala en nuestro cuerpo y peor aún, en nuestra mente, es un arma letal que corroe la eficacia en el trabajo, estimula la desconcentración y le abre paso a la ansiedad. ¡Qué combinación tan letal!

La impaciencia, ¿cómo combatirla?

¿Cuántas veces nos dejamos vencer por la impaciencia? Probablemente muchas. Más de lo deseado.

La impaciencia, esa sensación que se instala en nuestro cuerpo y peor aún, en nuestra mente, es un arma letal que corroe la eficacia en el trabajo –es un distractor muy poderoso –, estimula la desconcentración y le abre paso a la ansiedad. ¡Qué combinación tan letal!

Una de las fórmulas más mentadas por coaches y psicólogos es vivir el presente, y aunque yo comulgo con esta expresión, cuando nos toca de cerca y estamos rodeados de tantos imponderables de trabajo, de fechas límites y de no estar en tu propio hábitat, es cuando las cosas se nos ponen difíciles y se nos hace esquivo comulgar con ella y la tranquilidad que supone practicar el tan mentado ¡un día a la vez!

Escribo estas notas en medio de una situación que me produce esta sensación tan amarga y, por ello, me parece una excelente idea poder desahogarla y dejarles algunos consejos de cómo combatirla, aunque debo ser sincero, esto es una batalla diaria que la mayoría de las veces no se gana.

Aun así, me animo a escribirles. Creo que es un buen ejercicio para apostar a un rato de sosiego.

Foto Marcelo Chagas / Pexels

Empecemos por lo primero: en cualquier proceso o trámite que incluya incertidumbre siempre habrá una sensación de inseguridad por el resultado que esperamos.

Diría que esto es normal, no obstante, la solución a esto es evitar anticiparnos a los acontecimientos y a imaginar los baches que puedan presentarse. En conclusión, confiar en nuestras capacidades y centrarnos en las buenas sensaciones, que no son más que tener buenos pensamientos.

Pensar bien y confiar, son dos componentes que debemos calzar a diario. Cuando alerto a que pensemos bien, no es más que hacer una interpretación positiva de lo que nos pasa. Este ejercicio es difícil, pero a la vez muy efectivo cuando nos acecha la impaciencia.

Tres claves

En definitiva, para desarrollar la capacidad de sufrir y tolerar desgracias y adversidades o cosas molestas u ofensivas, con fortaleza, sin quejarse ni rebelarse, debemos incorporar estas acciones o emociones a diario, pues a diario serás atacado por la impaciencia. Las resumo:

Reconoce el proceso y acepta donde no tienes el control. Comúnmente nos pasa que, aun sin tener el control o última palabra, lo queremos controlar todo y cuando las cosas no caminan al ritmo que nos hemos imaginado, nos embarga el desaliento y comenzamos a quejarnos.

Por ello, identificar, desde el principio, aquellos asuntos del proceso que no dependen de nosotros, es tarea obligada. Enfócate en resolver lo que es tu responsabilidad y sé vigilante del proceso, pero nunca te anticipes o supongas algo de lo cual no tienes control.

Las cosas pasan por alguna razón. Esta frase es muy mentada por aquellos que nos endosan buenos ánimos en aquellas situaciones donde hemos expresado nuestro desconcierto. Yo admito que, cuando me la dicen, el primer pensamiento es “claro, tú no estás pasando por esto”.

Sin embargo, si lo miras bien, ese consejo en medio de tu desdicha es altamente apreciado, ya que nos exige levantar la mirada y preguntarnos ¿qué aprendizaje me puedo llevar de esta experiencia?

Foto María Orlova / Pexels

Nos queda entonces entender y disfrutar –no estoy seguro de que sea la palabra adecuada– del proceso y la oportunidad de compartir más de cerca las pequeñas cosas que nos ofrece la vida a diario, y que, por el deseo de inmediatez, nos quita la alegría de disfrutarlo.

Ignora el final esperado y busca alternativas para descargar tu ansiedad. En este aparte no puedo dejar de mencionar una frase mágica que repito incansablemente en muchos de mis escritos: ¡la vida es un viaje, no un destino!

De allí que la clave sea centrarnos en las acciones y en la oportunidad de poder reflexionar acerca de tus relaciones, trabajo y sobre aquellos asuntos que han sido postergados por la misma vorágine de la falta de tiempo. A mi me ayuda mucho leer un libro –he leído dos y ya voy terminado el tercero– y organizarme de la mejor manera para cerrar con broche de oro los objetivos que me he propuesto para el año 2021.

Como dije antes, en medio de un proceso en el cual el ritmo del tiempo no depende exclusivamente de tus acciones, partimos en desventaja y así cada día que pasa.

Por lo tanto, practicar la reflexión diaria y centrarla en todos los esfuerzos y sacrificios que has protagonizado para situarte en un punto definitorio –que irremediablemente llegará– debe ser la postura, sine qua non, para abrazar la alegría que supondrá cerrar un ciclo de vida –en mi caso– que ha estado acompañado de sinsabores, pero que me ha dejado un sinfín de aprendizajes que ahora me presentan como un mejor esposo, padre y abuelo.

Paciencia y más paciencia, pues al que ¡hace bien, le va bien!