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Más de 3.000 venezolanos esperan a la intemperie para entrar a su país

En medio de la lluvia y sometidos a altas temperaturas, esperan la orden de paso que los lleve de regreso a Venezuela. La mayoría no tiene dinero ni siquiera para poder comer todos los días. Son tantos que ya invadieron la autopista a Cúcuta. Nada detiene el calvario en la frontera

Más de 3.000 venezolanos esperan a la intemperie para entrar a su país

La vida de los venezolanos inmigrantes que, en medio de la pandemia, decidieron retornar al país por la frontera con Colombia, se ha convertido en una pesadilla igual o peor a la situación que los obligó a salir. Hoy, más de 3.000 venezolanos esperan en la calle, sin resguardo, para poder pasar el puente que une a ambos países.

Como ciudadanos sin patria cada vez se les dificulta más entrar al territorio del que un día salieron con pocos recursos, pero cargados de esperanzas que los llevarían a encontrar un mejor futuro fuera de Venezuela.

El Secretario de Fronteras y Cooperación Internacional del gobierno de Colombia, Víctor Bautista, detalló que el departamento Norte de Santander, frontera con el estado Táchira, presenta una situación difícil debido a la aglomeración de venezolanos en los puntos fronterizos.

“Tenemos una situación muy compleja de 497 personas en los refugios dispuestos en el puente Tienditas y en La Parada. Pero existe una acumulación que supera las 2400 personas”.

La cifra aumenta cada, teniendo en cuenta que los inmigrantes llegan caminando y buscan salida por el paso fronterizo que comunica con el puente internacional Simón Bolívar.

frontera

Un calvario errante

La suspensión temporal de autobuses entre el interior de Colombia y la frontera ha logrado disminuir el flujo pero muchos llegan a pie, caminando durante días, y la acumulación persiste. Son tantos que ya sobrepasaron la capacidad en el corregimiento de La Parada y se extendieron hasta la autopista internacional que comunica con la ciudad de Cúcuta.

Los residentes colombianos, indignados, se quejan de la presencia masiva de venezolanos durmiendo en plena arteria vial, que lavan sus ropas y las extienden sobre áreas verdes de la amplia autopista, además de construir improvisados ranchos para protegerse de las inclemencias del sol que por esta temporada alcanza hasta los 37 grados centígrados y de las frecuentes lluvias.

“Nadie quiere hacerse cargo de ellos. Están botados a la mano de Dios. A nadie le importa esta gente. Ni al gobierno de Colombia y menos al de Venezuela. Están vulnerables no solo de contraer covid-19, sino cualquier otra enfermedad. ¿Dónde está la Organización de las Naciones Unidas?”, se preguntó Elio Rojas, ciudadano colombiano, habitante de Cúcuta.

Existen organizaciones y fundaciones de ayuda humanitaria que, a diario, tratan de apoyar a los venezolanos con la hidratación o algún alimento o un plato de comida, pero es insuficiente. Es imposible atenderlos a todos porque la población cada día crece.

Algunos inmigrantes ante la grave situación que presentan y frente a una familia que alimentar y proteger de la pandemia salen en busca de dinero, pero lamentablemente terminan mal, agregó Rojas.

“Es triste ver a los niños pasando dificultades y empapados por la lluvia que cae en las noches. La miseria más grande de América Latina está parqueada en la frontera entre Colombia y Venezuela”, denunció el ciudadano colombiano.

Cierre parcial y restricción de ingresos

El 20 de agosto, el director general de Migración Colombia, Juan Francisco Espinoza Palacios, declaró que había sido informado de la decisión del gobierno de Nicolás Maduro de suspender el ingreso de sus ciudadanos por el departamento Norte de Santander. Lo que se bloqueó, específicamente, fue el paso por el puente internacional Simón Bolívar que conduce a la población de San Antonio del Táchira.

“Esta situación, nos han informado, corresponde al alto número de venezolanos que se encuentra en Táchira en situación de aislamiento”, precisó la autoridad colombiana.

La aglomeración en las calles y autopistas del Norte de Santander de venezolanos que pretenden regresan al país, llevó a suspender el transporte desde las distintas terminales colombianas hasta la frontera con Venezuela.

Horas después, la información sería aclarada por el alcalde del municipio Bolívar, William Gómez, quien detalló que el cierre del paso por el puente internacional Simón Bolívar solo se hizo por tres horas mientras se realizaban labores de desinfección, cumpliendo protocolos de bioseguridad.

La autoridad municipal precisó que el viernes 21 de agosto, finalizado el proceso de desinfección, se abrió el corredor binacional pero solo se permitió entrar a 200 venezolanos. Después de aplicarles la prueba rápida para descarte de la covid-19 fueron trasladados a los Puntos de Atención Social Integral (PASI) de San Antonio.

El paso de los retornados venezolanos a su país de origen se ha visto restringido por las autoridades a solo 300 personas los lunes, miércoles y viernes. Es decir, solo pueden ingresar 900 por semana, mientras que en la cola son más de 3.000 venezolanos los que esperan y a los que cada día se suman muchos más.

Cacerolazos en refugios

La situación no está mejor en los refugios donde los migrantes deben cumplir su cuarentena. Dentro de los denominados PASI la tensión aumenta por las prolongadas cuarentenas de hasta 60 y 70 días que aseguran estar cumpliendo. Lo «normal» son 14 días.

La pésima alimentación y pocas condiciones de bioseguridad también forman parte de las quejas. Todo esto ha provocado alteraciones del orden y protestas dentro de los refugios.

3.000 venezolanos

El 17 de agosto los ánimos se exacerbaron. Los retornados gritaron, lanzaron morteros (explosivos que generan ruido) y tocaron cacerolas en el PASI de la escuela nacional San Antonio. De inmediato, comisiones militares y policiales llegaron al sitio. Los venezolanos en los refugios suplican por ser llevados a sus estados de origen. Llevan muchos días, muchos más de los necesarios, encerrados.

La protesta se extendió hasta el 19 agosto. Ese día un grupo logró salir a la calle, con gritos y letreros, emplazando a acelerar los traslados.

La zona donde se registró la protesta fue tomada por funcionarios de la Policía Nacional Bolivariana. Como medida de seguridad cerraron el paso vehicular en las adyacencias del albergue.

“Las protestas son constantes. La gente se queja porque no dan condiciones mínimas de estadía. Les he regalado botellas de agua para ayudarlos con algunas necesidades”, dijo Rogelio Álvarez, vecino de dos refugios.