Medio Ambiente

La corriente oceánica que puede salvar a Venezuela del desastre ambiental

La Corriente Ecuatorial del Sur actúa como unos de los ventiladores del Caribe, en Venezuela es especialmente importante debido a la extensión del mar territorial. Sin embargo, el daño ecológico y el cambio climático ha cambiado su comportamiento y en esta nota se explica cómo te afecta | Por Reybert Carrillo

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El cambio climático, como concepto contemporáneo, se discute y se diagnostica en ciertas tribunas –algunas de orden académico– como un cataclismo que golpea a todas las naciones de la misma forma.

Ese ejercicio baladí solo contribuye con la trivialización de un mal que, efectivamente, puede alcanzar y ya está alcanzando implicaciones irreversibles, pero que muchos gobiernos usan como botón de escape y cesto de correspondencias al cual acomodarle falencias y negligencias propias, aunque éstas sean ajenas a las variables ambientales asociadas al cambio climático.

Si se compara con otros países occidentales, Venezuela apenas empieza a incursionar en las aguas del estudio del cambio climático como hecho fehaciente de la contemporaneidad, y aunque fue el primer país de la región en alzar la bandera ambiental como figura institucional a través de la creación del Ministerio del Ambiente en 1977 de la mano del Dr. Arnoldo Gabaldón Berti, hoy es uno de los pocos firmantes del Acuerdo de París (2015) que todavía no ofrece cifras oficiales inventariadas sobre las emisiones de GEI (Gases de Efecto Invernadero).

No obstante, el estudio de la atmósfera no es el único elemento a considerar cuando se trata de cambio climático, y es que lograr diagnósticos con altos estándares de calidad pasa por integrar el componente oceánico. Entonces, una acción fundamental para comprender el impacto del cambio climático en Venezuela es estudiar desde un enfoque ambiental la relación que tiene el territorio con su extenso espacio acuático.

Venezuela tiene salida al océano Atlántico en el tramo comprendido entre la península de Paria, en el estado Sucre, y el delta del río Orinoco, tramo que puede extenderse coyunturalmente hacia las terminales del río Esequibo; además, es el país con mayor extensión de línea costera sobre las aguas caribeñas. Esta realidad, aunada a la existencia de un hito geoestratégico como la Isla de Aves, hacen de Venezuela un territorio que goza de una importante cobertura marítima, y eso estimula la necesidad de estudiar la dinámica oceanográfica de las aguas nacionales para comprender los ribetes del cambio climático en su justa dimensión.

Las corrientes oceánicas: ¿por qué importan?

Una corriente oceánica es un flujo no superficial de agua que se mueve dentro de los mares y océanos más rápido que la masa de agua que la rodea, y que obedece a fuerzas planetarias como el movimiento de rotación, la fuerza de Coriolis, la dirección de los vientos continentales, entre otros.

Las corrientes oceánicas pueden ser cálidas o frías según su lugar de origen, y algunas son estacionarias; por ejemplo, la corriente de Humboldt –también conocida como corriente de Perú– es fría, pues su origen está en las latitudes medias meridionales cercanas a la Antártida, y suele adquirir mayor vigor entre julio y septiembre, cuando el hemisferio Sur atraviesa el invierno astronómico, para luego debilitarse paulatinamente hasta desaparecer en diciembre.

Las corrientes oceánicas son fundamentales para la biodiversidad de los ecosistemas marinos, pues actúan como «autopistas acuáticas» por las que se movilizan especies de fauna silvestre en distintas temporadas estacionales, y eso contribuye con el desempeño natural de las cadenas tróficas. Pero el rol ambiental más trascendente que cumplen las corrientes es el de dispersar la energía calórica que se acumula en los mares y océanos, y que por efectos del calentamiento global es cada vez mayor.

El calor que se acumula en los grandes cuerpos de agua se comporta como energía que alimenta a los centros de baja presión atmosférica, es decir, a las depresiones, tormentas tropicales y huracanes; entonces, si los mares y océanos permanecen calientes durante mucho tiempo, se empiezan a comportar como una suerte de imán que atrae centros de baja presión atmosférica. Esta situación aumenta las vulnerabilidades ambientales en regiones como el Caribe, pues el grueso demográfico de las naciones que lo integran se emplaza en urbanismos situados en las franjas costeras y son los principales afectados cuando pasa un huracán o una tormenta tropical.

Considerando que Venezuela es el país con la mayor soberanía sobre el mar Caribe, es preciso señalar que la comunidad científica venezolana tiene la responsabilidad de comprender la influencia que una extensión acuática de tal envergadura ejerce sobre las condiciones ambientales del territorio, y una buena forma de ahondar sobre ello es estudiando a profundidad la Corriente Ecuatorial del Sur y la estrecha relación que guarda con Venezuela.

Corriente Ecuatorial del Sur: un ventilador en el Caribe

La Corriente Ecuatorial del Sur (CES) nace cuando la corriente fría de Benguela (Angola) se incorpora al Ecuador en las costas africanas del Atlántico oriental. Esta corriente atraviesa todo el océano en dirección Este-Oeste hasta llegar al litoral brasileño, para luego ascender en sentido paralelo a la franja costera de la plataforma continental sudamericana y adentrarse al mar Caribe a través de las Antillas Menores.

Modelo de simulación en tiempo real de la Corriente Ecuatorial del Sur en su paso por el océano Atlántico. Fuente: Earth Nullschool

La CES es fundamental para mantener el equilibrio térmico en buena parte del planeta, pues una vez que sale del Caribe se convierte en la Corriente del Golfo (por el golfo de México) y es la encargada de llevar energía calórica a las latitudes boreales, brindándole confort climático a regiones muy frías como el Reino Unido y permitiendo que otras como los países escandinavos sean habitables.

Transferencia de energía calórica de la Corriente Ecuatorial del Sur desde el Caribe y el golfo de México hacia el Atlántico norte. Fuente: Earth Nullschool

La trayectoria promedio que siguen los centros de baja presión atmosférica en la cuenca atlántica, desde que se forman en Cabo Verde como ondas tropicales hasta que mueren en territorio estadounidense como huracanes categoría 5 en la escala Saffir-Simpson, es la misma que la trayectoria de la CES, por lo que puede decirse que el flujo natural de esta corriente revoluciona el desempeño de los centros de baja presión atmosférica, haciéndolos más rápidos pero menos duraderos, y esto ayuda a mitigar su peligrosidad.

Sin embargo, durante los últimos años las temporadas de huracanes no solo han sido más prolongadas, sino que han registrado un mayor número de éstos. La razón es que hay más energía calórica acumulada en el Atlántico, en el Caribe y en el golfo de México.

Comparación de energía calórica acumulada en el golfo de México para dos momentos distintos: 27 de julio del 2021 y 27 de julio del 2023. En solo dos años se nota el incremento exacerbado del agua caliente. Fuente: Earth Nullschool

Si el calor acumulado en el mar Caribe alimenta a los huracanes que lo atraviesan, entonces la Corriente Ecuatorial del Sur puede considerarse como un aliado para combatir este tipo de amenazas, pero la realidad actual de la CES es que ha visto mermadas sus capacidades naturales de dispersar calor por razones muy variopintas, que van desde el aumento acelerado de la energía calórica en los mares hasta la deforestación de la selva amazónica.

¿Cómo encaja la Amazonía en todo esto?

El río Amazonas es el afluente hídrico superficial más extenso y que transporta mayor cantidad de agua dulce en todo el planeta. Sus nacientes en las cumbres altiandinas peruanas, en Arequipa, se ubican a más de 6.700 kilómetros (Km) de distancia de la desembocadura en el océano Atlántico. Este río es uno de los hechos geográficos más determinantes que existen, pues su cuenca salvaguarda a la selva amazónica, que se considera el reservorio vegetal más importante de todos por su capacidad de absorber cerca de 1.500 millones de toneladas de Dióxido de Carbono (CO2) y de producir el 20% del oxígeno que circula en la Tierra.

La deforestación descarnada del que en algún momento llegó a ser llamado el pulmón verde del planeta no solo representa un problema para la atmósfera debido a la liberación masiva del CO2 que por años captó esta gran selva, sino también para los mares y océanos.

Las alteraciones que sufre el río Amazonas por la pérdida de cobertura vegetal en su cuenca implican que éste pierda caudal y, por lo tanto, disminuya la fuerza con la que se incorpora al océano Atlántico, lo que significa una alteración al comportamiento natural de la Corriente Ecuatorial del Sur.

Cuando las aguas del río Amazonas se incorporan al océano Atlántico se encuentran de frente con las aguas de la CES, que llega a las costas sudamericanas justo frente al delta del río, entonces, el choque frontal entre el río y la corriente produce una bifurcación que divide a la corriente en dos partes: una que mantiene su rumbo norte hacia el Caribe y otra de menor tamaño que se mueve hacia el sur y forma la Corriente Oceánica de Brasil.

El choque producido entre ambos cuerpos de agua provoca una suerte de impulso energético que es captado por la CES, adquiriendo mayor intensidad para hacerse más rápida y vigorosa, aumentando así sus capacidades de dispersar el calor acumulado en las aguas superficiales del mar Caribe. Esta información es validada por la Soil Moisture Active Passive (SMAP), de la NASA, en un trabajo divulgativo publicado en 2018.

Simulación en tiempo real de la interacción entre el río Amazonas en su desembocadura y la Corriente Ecuatorial del Sur. Fuente: Earth Nullschool

Los niveles de deforestación a los que se enfrenta actualmente la selva amazónica han provocado que la fuerza que el río Amazonas le imprime a la Corriente Ecuatorial del Sur sea menor, por lo que ésta ya no actúa con la misma eficiencia para dispersar el calor acumulado en el mar Caribe.

Si esta situación se agrava, las cantidades de calor acumulado en los mares y océanos aumentarán, pero al mismo tiempo las regiones boreales a las que la CES les lleva confort térmico sufrirán descensos extremos de temperatura, propiciando condiciones muy desfavorables para la vida.

Venezuela también se verá afectada

Considerando la importante presencia que Venezuela ejerce sobre el mar Caribe, espacio por el que pasa la Corriente Ecuatorial del Sur, es un hecho que las afectaciones que ésta sufra tendrán incidencia sobre el territorio venezolano de forma directa.

Si el agua superficial del mar Caribe se sigue calentando exponencialmente como lo ha venido haciendo en los últimos años, y si la CES sigue perdiendo su capacidad de distribuir calor, ocurrirán más depresiones atmosféricas, tormentas tropicales y huracanes frente a nuestras costas y esto representará una amenaza para toda la población que se emplaza en la región costa-montaña e insular.

Los nuevos centros de baja presión atmosférica que se produzcan en esta nueva dinámica ambiental no solo serán más lentos, sino más destructivos, pues su duración será más prolongada. Además, las temporadas de huracanes serán más robustas en cuanto al número de eventos contabilizados, y situaciones como la tragedia de Las Tejerías, ocurrida en octubre del 2022, serán más frecuentes y más catastróficas.

Pero las regiones costeras no serán las únicas afectadas, y es que los nuevos centros de baja presión atmosférica que se formen en el Caribe tras el debilitamiento de la Corriente Ecuatorial del Sur van a tener la capacidad de atraer frentes fríos provenientes del sur en forma de columnas de lluvia convectiva, afectando regiones lejanas del litoral, como Los Andes o los llanos bajos occidentales.

Las lluvias extremas en estas regiones representarán una amenaza por ser detonante de deslizamientos de tierra, aludes torrenciales de lodo e inundaciones. En líneas generales, el panorama que se dibuja ante el debilitamiento de una corriente oceánica que bordea el Caribe venezolano puede afectar allende las masas de agua marina y llegar a afectar centros poblados remotos.

La preocupación que debe estimular la investigación en Venezuela y la toma de decisiones en este tópico debe fundarse en estrategias que impidan que la actividad natural de la Corriente Ecuatorial del Sur y los factores ambientales ligados a ella se sigan distorsionando.

Es decir, debe frenarse la deforestación en la cuenca del río Amazonas para evitar la pérdida de vigor de la corriente; esto implica que otros ríos que también tributan sus aguas para contribuir con el impulso ribereño a la CES –como el río Orinoco y el río Esequibo– también deben verse saneados de prácticas antiecológicas, como la deforestación o la minería masiva.

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