Opinión

El desvarío cambiario en las cuentas nacionales

Con tres tipos de cambio legalmente reconocidos (Cencoex, Sicad y Simadi) todos los indicadores de la economía venezolana pueden verse considerablemente alterados, en dependencia del tipo de cambio que se utilice para hacer la conversión de bolívares a dólares. Al dividir un numerador constante en bolívares por un denominador cada vez mayor (tasa de cambio seleccionada), obviamente el resultado será mucho menor.

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Según el INE, en el primer trimestre 2015 la Canasta Alimentaria se ubicó en Bs. 6.382 mientras que el salario mínimo se ubicó en Bs. 5.622, monto inferior a la canasta alimentaria. ¿A cuánto equivale en dólares el salario mínimo de Venezuela? Si Bs. 5.622 se convierten a la tasa Cencoex, el salario mínimo llega a $ 892, pero si se calcula a la tasa Sicad éste se reduce a $ 468. Y si el cálculo es con la tasa Simadi, el salario mínimo apenas llega a $ 28.

Lo mismo pasa al estimar el peso de la deuda externa en comparación con el PIB. A la tasa Cencoex, Venezuela tiene un PIB de 438 millardos de dólares; pero, si se convierte a la tasa Sicad, el PIB cae a $ 230 millardos. Si el cálculo se hace a la tasa Simadi, el PIB se desploma a $ 14 millardos. Si tomamos como referencia que la deuda de Estados Unidos supera el 100 % del PIB, a la tasa Cencoex el peso de la deuda externa venezolana representa solo un 25 % del PIB y estaríamos en mejor condición que muchas potencias económicas del mundo para hacerle frente a los compromisos internacionales. Pero si la conversión del PIB se hace a la tasa Sicad, esta proporción sube a 50%, y si se hace a la tasa Simadi, entonces la proporción se pierde de vista y llega al 780%. Pero ni tan calvo ni con dos pelucas. De allí, la importancia de corregir las distorsiones que genera el régimen de cambios múltiples sobre las cuentas nacionales y adoptar una tasa de cambio que exprese la verdadera realidad de la economía nacional.

Sincerar tasa de cambio para sincerar la economía

Hay un amplio consenso sobre las severas distorsiones que genera el régimen de cambios múltiples sobre la economía, lo cual se expresa en todo el sistema de estadísticas, indicadores y cuentas nacionales. La exagerada sobrevaluación de la tasa de cambio Cencoex que rige para el cálculo de las cuentas nacionales genera toda una ficción, comenzando por la sobrestimación del PIB y los salarios. A la tasa Cencoex podemos figurar en los primeros lugares del ranking internacional, pero en el mercado nacional los salarios no compran una décima parte de lo que la ilusión cambiaria puede sugerir. A su vez, la tasa Simadi luce exageradamente subvaluada y también tiene a distorsionar todas las mediciones. Si las estadísticas e indicadores nacionales se calcularan con base en la tasa Simadi, los resultados serían desastrosos y Venezuela caería a los últimos lugares del ranking internacional, donde hoy tiene una posición destacada. En dependencia del tipo de cambio al cual se divida el monto en bolívares, el resultado será muy diferente en dólares y la posición de Venezuela en las tablas internacionales se alterará.

En definitiva, la realidad que dibujan las estadísticas y cuentas nacionales pueden terminar siendo un espejismo que se desvanece con solo variar la tasa de cambio que se utilice para expresar en dólares cualquier variable o indicador, bien sea el PIB, los salarios, el valor de un bien o las proporciones entre variables.

¿La deuda externa está dentro de rangos manejables?

Además de calcularla como proporción del PIB, el peso de la deuda externa también se puede estimar en comparación con las reservas internacionales. Adicionalmente se puede ponderar la velocidad con la que el país se endeuda, las condiciones de plazo y tasas de interés a las que se contrae el endeudamiento, así como las fuentes de divisas para su cancelación. De esta forma se podrá contar con una visión mucho más integral, que vaya más allá de la necesaria pero insuficiente relación deuda/PIB. Sobre esta base, estaremos en mejores condiciones de saber si la deuda externa realmente está en un monto razonable y dentro de rangos manejables.

Un asunto muy importante es el costo de la deuda, el cual suele estar asociado a la capacidad de pago del país en cuestión. En el caso de Venezuela, qué más respaldo que las reservas de petróleo más grandes del mundo, así como las reservas de gas y materias primas claves para la actividad industrial. Hay países con menos respaldo que emiten deuda a un dígito. Si Venezuela tiene que pagar 12 %, mientras que otros países sin tantas reservas pagan menos de 10 %, la deuda Venezolana está resultando muy cara; y, en dependencia del plazo, solo los intereses pueden llegar a superar el monto de la deuda que las generaciones futuras se verán obligadas a pagar. Resulta que cuando colapsan los precios del petróleo y los ingresos externos se ven afectados, la relación Deuda Pública Externa vs Reservas Internacionales también se deteriora y, aunque Venezuela tenga las mayores reservas de petróleo en su subsuelo, en el corto plazo surgen dificultades para hacer frente a los compromisos de deuda externa, lo cual deteriora su calificación en los mercados internacionales y hace muy oneroso el acceso a nuevo financiamiento.

¿Cómo aislar los altibajos petroleros?

En Venezuela la principal fuente de divisas no viene de la inversión extranjera, ni de las exportaciones privadas no petroleras, ni del turismo internacional, ni mucho menos de la repatriación de capitales. La principal y casi única fuente de divisas es el petróleo y, aunque se trata de un recurso que siempre se vende, el gran problema es que su cotización es muy errática y las caídas en los precios no se pueden compensar con un aumento de la extracción de crudos, debido a las cuotas que impone la OPEP. Por eso, el comportamiento de los precios del petróleo es un factor que hay que tomar en cuenta al momento de cuantificar las divisas que permiten pagar la deuda externa.

En Venezuela prevalece el modelo extractivista y los gobiernos rentistas tienden a gastarlo todo en tiempos de bonanza y a no ahorrar nada para encarar los tiempos de escasez. Por eso, el país suele sufrir con toda su fuerza y dimensión cada colapso de los precios del petróleo. La inevitable escasez de divisas socava su capacidad de importación y compromete el pago oportuno de la deuda externa.

Aislar el impacto sobre la capacidad de pago de los altibajos del precio del petróleo exige transformar los fondos que se crearon para gastar el excedente petrolero en nuevos fondos para ahorrar divisas. Adicionalmente, se requiere una eficaz política de promoción de inversiones extranjeras, diversificación de las exportaciones no petroleras y atracción del turismo internacional para generar fuentes alternas de divisas que permitan compensar y minimizar el impacto del comportamiento errático de los precios de los crudos sobre la economía y sociedad venezolanas

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