Steven Tyler se mudó a la ciudad de Nashville y qué mejor manera de socializar con sus vecinos que lanzar un disco de se música country:We're All Somebody from Somewhere (Todos somos alguien de alguna parte, 2016). Después de cuarenta años de actividad como frotman de Aerosmith, el cantante y compositor decidió debutar en solitario con una quincena de canciones en las que meten mano productores como T Bone Burnett, Marti Frederiksen, Jared Gutstadt, Dann Huff, Jaren Johnston, Jeff Peters, Poo Bear, Luke Silas y hasta el mismo intérprete.
Ya Bret Michaels de Poison y Bon Jovi, por ejemplo, habían hecho cosas parecidas, ¿por qué no Steven Tyler? Es una audaz forma de entrar en terreno seguro dentro del mercado americano con la música country.
Autobiográfico en sus letras, relatos de un sexagenario que ha abierto su vida para la causa musical. El álbum arranca con la poderosa «My Own Worst Enemy«, uno de los mejores tracks del disco, junto a la intrigante «Hold On (Won’t Let Go)». La ocasión es propicia para que Steven saque provecho de una excelente re-interpretación de su clásico «Janie’s Got a Gun«, el tema le es tan conocido que sabe cómo adaptarlo. En esa misma tanda de versiones llega «Piece of My Heart» junto con The Loving Mary Band, una pieza que Janis Joplin hizo famosa.
Si bien el country es la base fundamental de We’re All Somebody from Somewhere, también se vale de loops de baterías y coqueteos electrónicos para darle forma a la producción, levemente cargada de baladas, no tan estilizados como aquellas fructíferas piezas gestadas en la última parte de los 90s con Aerosmith pero recurre a melodías suaves.
Aunque el álbum apenas dura 54 minutos, la distribución de tantos temas desgasta su valor en el tiempo. «Only heaven«, «Love is your name» o «Sweet Louisiana» , son de las mas flojas aquí.
En principio se siente como una producción bien argumentada, además de encontrarnos con un zorro viejo como Steven Tyler, escribiendo sobre lo que sabe, hasta que al finalizar el recorrido de esta placa, uno siente que se perdió en el camino. De no ser porque cierra con las dos versiones antes mencionadas, el esfuerzo del cantante se disipa.
Hay una especie de reconciliación interna tan marcada en el disco, una idea de exteriorizar el cúmulo de serenidad que separa al explosivo Tyler que We’re All Somebody from Somewhere se le escapa algo de personalidad. Su esfuerzo como baladista country le pide luchar contra sus propios demonios sonoros y en esta batalla sacrifica sensibilidad.
Llegó de su Austria natal a los 17 años y estimulado por “el clima, las morenas, el tambor, el eterno verano y la humanidad relajada e improvisada del venezolano”, dejó de ser el melómano fanático del jazz que era, para estudiar música y convertirse en el gran maestro de nuevas generaciones
Su hermana, la también cantante Floria Márquez, cuenta cómo el intérprete dio sus primeros pasos en la música, pese a la férrea oposición de su mamá. Formó parte de una generación artística, la de comienzos de la década de los años 60, que aportó a estrellas de la música de la estatura de Henry Stephen, José Luis Rodríguez, Cherry Navarro, Chelique Sarabia, Trino Mora, Mirla y Hugo Blanco, entre otras, y a exponentes del rock venezolano, como Los Supersónicos, Los Darts y Los Impala, grupo del que formó parte
El cantautor venezolano Rudy Márquez, quien formó parte de agrupaciones legendarias como Los Impala, Los 007 y Los Dangers, antes de emprender una fructífera carrera en solitario con la que enamoró al público, fue diagnosticado hace un mes de cáncer. Este miércoles falleció en Medellín a la edad de 81 años