En varias oportunidades de su historia contemporánea, los venezolanos consideraron que tenían gobiernos usurpadores. Fueron ocasiones en las que, por diversas razones internas o externas, se produjeron vacíos dentro del poder real, cuyo puesto se encontró ocupado por alguien a quienes consideraron ilegítimo, pues su ascenso a esa posición no fue producto de un consenso con los gobernados.
Estos episodios de gobiernos usurpadores casi siempre han significado la ruptura entre un período histórico y el inicio de otro distinto. Veamos tres de ellos, cada uno con contextos diferentes: 1810, 1897 y 1958.
En 1810, cuando se producen los hechos del 19 de abril, el argumento que utilizan los criollos caraqueños para tomar decisiones de manera autónoma es la usurpación del trono de España por Napoleón Bonaparte, el emperador francés que había secuestrado al legítimo monarca de los españoles, Fernando VII de la Casa Borbón. Este acontecimiento aunque no rompió definitivamente con la Corona española, sino más bien fue visto como un acto de lealtad a la monarquía, marcó el transito a la independencia que los venezolanos finalmente declararon un año después, en julio de 1811.
En septiembre de 1897, después de conocerse el fraude electoral cometido por el gobierno de Joaquín Crespo para favorecer a su candidato Ignacio Andrade, la prensa no tardó en calificar al nuevo gobierno como usurpador, tomando en cuenta las escasas garantías que hubo en las elecciones. Este hecho llevó al candidato de la oposición, José Manuel Hernández, también conocido como el “Mocho Hernández”, a levantarse en armas en contra del general Crespo, quien cayó en la batalla de la Mata Carmelera (Cojedes), el 16 de abril de 1898, mientras defendía a la cuestionada administración de Andrade.
A comienzos de 1958, cuando el régimen de Marcos Pérez Jiménez se tambalea producto de las tensiones políticas propiciadas durante todo el año anterior, la Junta Patriótica, el grupo que integraba a todas las facciones y tendencias políticas contra la dictadura y que logró capitalizar el descontento nacional, lanza un manifiesto que lleva por título “Pueblo y ejército unidos contra la usurpación”. El documento sale publicado el 4 de enero del 58, es decir, 19 días antes de la caída del dictador y resulta esclarecedor si lo que se quiere es comprender cómo acaba la penúltima tiranía de los venezolanos.
Estos tres episodios, en los que los venezolanos afirmaron tener gobiernos usurpadores, obedecen a circunstancias históricas particulares, pues ocurrieron en momentos que no están estrictamente conectados por hechos o personajes específicos. Y también implicaron una ruptura con el orden establecido para entonces: en 1810 comenzó el proceso emancipador que terminó con la fundación de la república; la crisis de 1897 acabó con el siglo de los caudillos y trajo consigo otro proyecto político; y en 1958 no solo huyó un dictador, también se restauró el sistema democrático de los partidos.