Política

El año en el que los venezolanos perdieron el miedo

La articulación de los venezolanos a lo largo de 1957 pudo derrocar a la dictadura de Marcos Pérez Jiménez el 23 de enero del año siguiente, primero organizándose y movilizándose con los diferentes sectores de la sociedad y posteriormente desmontando un monumental fraude electoral, para lo cual necesitaron el apoyo de las Fuerzas Armadas

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“1957, el año en el que los venezolanos perdieron el miedo”. Esta frase del periodista e historiador Simón Alberto Consalvi, que por cierto también sirve de título para uno de sus libros, no es exagerada.

En el transcurso del año 57, la sociedad venezolana logró articular un movimiento ciudadano que agrupó a varias tendencias políticas: desde los socialcristianos del partido Copei hasta los radicales del Partido Comunista. Una unidad política que escasas veces se ha producido en un país tan volátil y polarizado como lo ha sido Venezuela en su historia contemporánea.

Pero, ¿cuál fue la razón para que estos partidos y facciones dejaran sus notables diferencias a un lado y se conjugaran todos en un único movimiento ciudadano? Simple: evitar que la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, que entonces llevaba seis años en el poder, se perpetuara indefinidamente en Miraflores sostenida solamente por las Fuerzas Armadas.

¿Y cómo pudieron hacerlo? Aprovecharon el ambiente electoral que desde el mismo gobierno se promovía para las elecciones de finales de ese año, que no fueron ni libres ni competitivas, sino una mera consulta que terminó en un fraude total.

¿Y los partidos políticos fueron los únicos que participaron? No, para nada. La caída del dictador solo fue posible con la unión y el respaldo de diferentes sectores de la sociedad, entre ellos la Iglesia, el empresariado, los gremios obreros y los estudiantes, quienes impulsaron la lucha el 21 de noviembre desde la Universidad Central de Venezuela y precisamente por eso la fecha se conmemora como el Día del Estudiante Universitario.

Por otro lado, la participación activa de la sociedad en cada una de las actividades de calle convocadas fue determinante para que el tirano huyera el 23 de enero de 1958.

¿Qué alcanzaron? Nada más y nada menos que la restauración de la democracia que había comenzado en 1945 con el establecimiento del voto universal, directo y secreto, pero que fue interrumpida por el golpe de Estado contra la administración de Rómulo Gallegos, en la mañana del 24 de noviembre de 1948.

Justamente, una década después de ese funesto asalto contra la Constitución, se hacían de nuevo elecciones presidenciales. Esta vez resultó ganador Rómulo Betancourt, quien asumió las riendas en febrero de 1959 y fue el principal artífice del sistema democrático de partidos.

Pero, ojo, estos son apenas tres momentos de nuestro pasado que parecen coquetear con el presente. Nada más. La historia no nos puede servir como un manual de instrucciones, pues ha sido la sucesión de estos acontecimientos la que nos trajo al tiempo presente. Uno de los propósitos del estudio del pasado es la comprensión del presente, que es, en resumidas cuentas, el tiempo que debe interesarnos, en el que decidimos y actuamos. Si bien el presente parece rimar de vez en cuando con el pasado, que no se nos olvide que somos sujetos de nuestro propio tiempo, y no de la nostalgia.

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