Por qué Boyhood no debe ganar el Oscar

Boyhood, que se estrena en Venezuela dos días antes del Oscar con el bobo título Momentos de una vida, ha llamado la atención extra-cinematográficamente como experimento-ficción.

Redondeando, los apostadores le dan 40% de posibilidades de ganar el Oscar de mejor película el domingo y su protagonista es el anti-Christian (Grey): Mason no es apuesto, rico, misterioso, productivo ni retorcido, no tiene claros sus objetivos en la vida, probablemente se le escapará una flatulencia al eyacular, sus padres biológicos siempre están visibles y no regala automóviles (todo lo contrario, su papá no le regaló la cacharra que le prometió).

Boyhood, que se estrena en Venezuela dos días antes del Oscar con el bobo título Momentos de una vida, ha llamado la atención extra-cinematográficamente como experimento-ficción: su director-guionista Richard Linklater la estuvo filmando más o menos estos mismos años en los que hemos estado aguardando la radicalización del Proceso, alrededor de un niño que efectivamente creció ante su cámara: lo veremos desde la primera bicicleta hasta el primer porro.

Puedo entender la intención general de Linklater: capturar el paso del tiempo, o cómo el tiempo nos pasa por encima. Que en algún momento está de moda Harry Potter, Britney y la iMac, y unos años después el Wii, pero que en el fondo lo esencial es más o menos lo mismo. Que la mayoría de las vidas están condenadas a ser mediocres, pero hay que ver la poesía en esa medianía.

Al final, en lo más íntimo y arbitrario, las películas nos gustan o no nos gustan. A mí no me gustó Boyhood. No me conmovió como esperaba. Y aunque su favoritismo se ha debilitado en la recta final ante Birdman (la tengo pendiente), estas son algunas de las razones por las que creo que un eventual triunfo de Boyhood será uno de los pelones históricos del Oscar:

1. El efecto Amílcar Rivero: uno de los riesgos de la apuesta de Linklater es que su niño se convirtiera luego en un manganzón poco atractivo (que es lo de menos) o un actor poco talentoso. El peor escenario se cumplió. La gente crece y se pone fea. Al menos Amílcar Rivero se ha defendido como comediante (Harry Radcliffe no puede presumir de lo mismo), pero Ellan Coltrane no tendrá futuro, no como actor.

2. Espanta-público: no podemos valorar las películas por lo que recogen en taquilla, pero en lo personal, valoro los proyectos que consiguen ser inteligentes sin dejar de hablarle a la mayoría de la gente. Boyhood refuerza la fobia del público que huye de la etiqueta “Ganadora del Oscar”. Entiendo que, si te propones “retratar la vida misma”, estás obligado a mostrar las horas vacías. Pero el experimento de Linklater me hubiera parecido más interesante con un resultado menos largo (2 horas y 45) y tediosa. Por eso preferimos ir al cine a ver historias extraordinarias y mojoneras. Al menos Christian Grey se alimenta bien.

3. Políticamente forzada: si agarramos aquí y allá con pinzas, estableciendo cierto símil con Forrest Gump o Benjamin Button, en Boyhood puede encontrarse cierto repaso crítico de la historia reciente de Estados Unidos. Un anciano regala un rifle a un niño. Algunos comentarios de política exterior (imágenes del horror en Fallujah, etcétera). Un inmigrante latino que se supera. En general, sentí esas inserciones un poco forzadas, a la machimberra.

4. Los momentos Kodak: lo contrario era extremadamente difícil, pero Linklater no puede eludir la tentación de recurrir a momentos “clave” (cumpleaños, mudanzas, etc) para que sus personajes se detengan y hagan reflexiones sobre la vida, el tiempo, el hecho de que no somos lo especiales que creímos ser, etcétera. Y eso también suele quedar forzado.

5. El arte mira al arte: para un director de cine, siempre es tentador aproximarse a la vida de una persona parecido a él (artista, bohemio, vago, etcétera). Algo de eso tiene el personaje de Ethan Hawke, y mucho el manganzón protagonista. Me hubiera parecido más interesante una historia que se moviera alrededor de un sector más real de la economía. Y no es que los “artistas” no sean reales. Pero el resto del mundo los mantiene, vamos a estar claros.

6. Antonio Ledezma: lo sabe Linklater. Parte de la vida consiste en que establecemos asociaciones. Esto no tiene nada que ver con el Oscar, pero siempre recordaré Boyhood como la película que vi al mismo tiempo que se llevaban detenido a Ledezma, un nuevo paso en el deterioro de la democracia venezolana hasta que se me demuestre lo contrario (no soy partidario de la solidaridad automática, por si acaso). Y no deberíamos estar hablando hoy del Oscar, sino de Ledezma, pero así de débiles e inconsistentes somos, ¿verdad, Richard? Por cierto: en la película aparece destacada una valla de Citgo, unos años antes de que Chávez dijera que era un mal negocio.

Un viaje por el infierno en el Metro de Caracas

Hasta Dante se espantaría del averno capitalino. El Metro es el infierno de Caracas. El hacinamiento, las peleas y las mafias de vendedores son una constante. De 167 escaleras mecánicas, funcionan 28. No hay rampas ni ascensores para discapacitados y ancianos. De 42 trenes solo operan 15 y en ellos se movilizan a diario más de 1 millón 300 mil personas