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Rómulo Betancourt y la defensa democrática continental

La llamada Doctrina Betancourt (1959) no se limitó a una manifestación antisoviética, como superficialmente se ha observado. Es un alegato a favor del gobierno civil democrático tras el derrocamiento del presidente argentino Arturo Frondizi, a despecho de las diferencias político-ideológicas entre ambos líderes

Rómulo Betancourt y la defensa democrática continental

Rómulo Betancourt accedió al poder a través de un golpe de Estado, llegando a presidir la Junta Revolucionaria de Gobierno instituida en octubre de 1945 luego del derrocamiento del general Isaías Medina Angarita. Al año siguiente, Juan Domingo Perón gana las elecciones presidenciales en Argentina y asume el poder en junio de 1946.

El derrocamiento de Rómulo Gallegos -quien había sido candidato del partido oficialista Acción Democrática en noviembre de 1948-, fue protagonizado por un grupo de los militares que antes derrocaron a Medina y formaron parte de los gobiernos de Betancourt y Gallegos (1945-1948), incluidos el mayor Carlos Delgado Chalbaud y el teniente coronel Marcos Pérez Jiménez. Betancourt fustigaba tanto a Perón como al gobierno militar del general Manuel Odria en Perú. Los acusaba de inspirar, incluso aupar, a los militares golpistas venezolanos, identificándolos como parte de un movimiento neofascistas en el continente.

Refiere el fundador de AD que el teniente coronel Marcos Pérez Jiménez, siendo jefe del Estado Mayor a comienzos de 1948, viajó a Argentina y se reunió con el “ductor del justicialismo” –refiriéndose a Perón-. De regreso a Caracas, pasó por Lima y “acordó seguramente tácticas comunes” con Odria, quien ultimaba los detalles de la “militarada” por medio de la cual se iba a derrocar al gobierno civil venezolano.

La “Revolución Libertadora”

En septiembre de 1955, un golpe encabezado por el general argentino Eduardo Lonardi fuerza la renuncia del general Perón. Este había sido reelegido en 1952 –por primera vez en Argentina- gracias a la reforma constitucional de 1949, que estableció la reelección indefinida. Lonardi gobernó brevemente como presidente entre el 23 de septiembre y el 13 de noviembre de 1955. Lo sustituyó el general Pedro Eugenio Aramburu.

El 25 de noviembre de ese año, se promulga el Decreto Ley Nº 38. En él se establece que la Revolución Libertadora tiene como “finalidad sustancial” reintegrar al país a la vigencia plena y actual del derecho. Tal objetivo se traduce políticamente en el establecimiento de una verdadera democracia y un efectivo sistema de libertad, de acuerdo con la tradición occidental.

El desaparecido régimen tuvo como instrumento fundamental para la “entronización” de la dictadura totalitaria al llamado Partido Peronista. Este se identificaba prácticamente con el Estado Totalitario y sirvió en forma incondicional a todas las desviaciones, violaciones y arbitrariedades registradas durante la gestión de Juan Domingo Perón. Debido a ello, el nuevo gobierno decretó la ilegalidad de los partidos peronistas masculino y femenino en todo el territorio argentino.

Betancourt ante la realidad argentina

Desde el exilio, Betancourt analiza y fija postura respecto del derrocamiento del “régimen totalitario” de Perón por parte de núcleos de las Fuerzas Armadas. La experiencia acumulada durante diez años de peronismo convenció a un importante sector de la oficialidad argentina de que el supuesto régimen de la Fuerzas Armadas era en realidad el de un dictador y su camarilla cívico-militar. Los personeros del movimiento armado que derrocó a Perón arbitran fórmulas legales a quienes pretendan reinstalar gobiernos autocráticos y personalistas con el “pabellón de las Fuerzas Armadas”.

Un militar, como cualquier ciudadano, puede aspirar a cargos que otorgue el pueblo mediante sus votos. Pero siempre ubicándose en el campo civil, donde los partidos libran la contienda ideológica. Sin pretender utilizar las Fuerzas Armadas como “trampolín para subir al poder”, ya que estas no constituyen un partido, sino una institución apolítica, una entidad pública subordinada al Estado.

La figura de Arturo Frondizi

El fracaso de la Resistencia Peronista, basada en una serie de actos de sabotaje y protesta sin coordinación, hizo que Perón optara por una vía conciliatoria. En las elecciones constituyentes de 1957, promovió el voto en blanco, que obtuvo la primera minoría: 24 % de los votos. Este simbólico triunfo confirmó la permanencia de su caudal electoral y reforzó la estrategia institucional como vía para recuperar el poder.

Perón optaría, en 1958, por pactar con el líder de la Unión Cívica Radical Intransigente (UCRI), Arturo Frondizi, el respaldo de su candidatura presidencial, a cambio de implementar aspectos del programa justicialista, de legitimar al líder exiliado, sacar al peronismo de la ilegalidad y levantar la intervención de los sindicatos.

El pacto fue negociado, entre otros, por Rogelio Frigerio, Ramón Prieto y John William Cooke. Comenzó a instrumentarse en el exilio, en Santo Domingo, pero todo había sido acordado cuando Perón se radicó previamente en Caracas entre agosto de 1956 y enero de 1958. La UCRI nació de la escisión de la histórica Unión Cívica Radical (UCR), liderada por Raúl Baldin, en 1957, producto de las tensiones internas tras el derrocamiento de Perón. Frondizi le imprimió al partido una postura económica desarrollista.

Las elecciones de 1958

El Comando Táctico Peronista ordenó a su militancia votar por Frondizi. Ello, en razón de que este había declarado solemne y públicamente su propósito de rectificar la “política económica antinacional”, restablecer las conquistas del Justicialismo y permitir la libre expresión política y sindical de la masa popular.

Con los votos del peronismo, venció en las elecciones del 23 de febrero de 1958 –justoa un mes del derrocamiento de Marcos Pérez Jiménez–, pero su mandato quedaría en suspenso por la tensión entre el compromiso con el justicialismo y la oposición de las Fuerzas Armadas antiperonistas. Obtuvo un crédito del Fondo Monetario Internacional, condicionado al aumento de tarifas de servicios públicos, del petróleo, al despido de empleados públicos y a las privatizaciones. Esa decisión determinó en la práctica la ruptura de la alianza con Perón.

El Plan Conintes

El denominado Plan Conintes (Conmoción Interna del Estado) fue un lineamiento represivo establecido secretamente durante la presidencia de Arturo Frondizi, entre el 14 de noviembre de 1958 y el 1° de agosto de 1961. Su objetivo era poner fin a una serie de protestas laborales haciendo uso de la represión estatal. A su vez, se le otorgaba «una amplia jurisdicción a las Fuerzas Armadas en la lucha contra los disturbios internos». Según el propio presidente, el plan iba destinado «a vencer la acción del terrorismo, desatada para abrir la puerta a la anarquía y el golpe de Estado».

Durante su aplicación, miles de personas son detenidas y condenadas en juicios sumarios, conducidos por consejos militares de guerra. Decenas de miles de trabajadores de los transportes y servicios públicos fueron incorporados forzadamente al servicio militar y puestos bajo el mando de las fuerzas armadas. Fueron intervenidos sindicatos y clausurados locales de partidos. Perón vio cómo el justicialismo seguía siendo reprimido. Ejemplo de ello fue lo acontecido durante la huelga del frigorífico Lisandro de la Torre, en 1959, una clara muestra de que las cláusulas del acuerdo no se cumplieron.

La Doctrina Betancourt

En su discurso al tomar posesión de la Presidencia, el 13 de febrero de 1959, Betancourt esbozó la doctrina de política exterior que llevaría su nombre. En ella postula la cooperación de otros gobiernos democráticos de América para pedir, unidos, que la OEA excluya de su seno a los gobiernos dictatoriales. Solo podrían formar parte de este organismo los gobiernos de origen respetable nacidos de la expresión popular, a través de la única fuente legítima de poder: las elecciones libres.

Frondizi y la Revolución Cubana

Arturo Frondizi denunció operaciones que tendían a aislar al gobierno revolucionario cubano y recibió a sus máximos representantes. Sucedió en mayo de 1959, cuando Fidel Castro, entonces primer ministro, visitó Buenos Aires para participar de una reunión de trabajo de la OEA.

El 18 de agosto de 1961, lo visitó el entonces ministro de Industria cubano, Ernesto Guevara. Al parecer, el encuentro enturbió las relaciones del gobierno con los militares. Frondizi consideraba la política exterior como uno de los asuntos que no eran negociables y se opuso a la exclusión de Cuba del sistema interamericano.

Expulsión de Cuba de la OEA

El 9 de noviembre de 1961, el gobierno de Colombia solicitó una reunión de ministros de Exteriores de Latinoamérica. La intención era analizar «las amenazas a la paz y a la independencia política de los Estados» del continente, por «la intervención de potencias extracontinentales encaminadas a quebrantar la solidaridad americana». El petitorio hacía referencia a la creciente injerencia del comunismo soviético y chino en Cuba, que hacía temer su posible extensión a todo el continente.

En la reunión en Punta del Este (Uruguay) -que se llevó a cabo entre el 22 y el 31 de enero de 1962- y sobre la base del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), se concluyó en que era un hecho cumplido la identificación del régimen revolucionario cubano con el marxismo-leninismo y su efectiva incorporación al bloque soviético. Esto dio pie para que se aprobara la Resolución VI, bajo el argumento que los principios del comunismo eran incompatibles con el sistema interamericano, declarando que Cuba «se ha colocado voluntariamente fuera del sistema interamericano”.

El acta se aprobó por 13 votos a favor, 1 en contra y 6 abstenciones (Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador y México). Ese año, todas las naciones latinoamericanas, con la excepción de México, rompieron relaciones diplomáticas con Cuba. Frondizi aceptó la ruptura en febrero de 1962.

Derrocamiento de Frondizi

El presidente Frondizi permitiría la presentación de candidatos peronistas en las elecciones provinciales del 18 de marzo de 1962. El mandatario buscaba una reconciliación con esa fuerza política. A tal efecto, algunos partidos utilizaron nuevas denominaciones.

En la provincia de Buenos Aires, la más importante del país, Perón, desde el exilio, anunció se presentaría una fórmula integrada por el líder sindical Andrés Framini para gobernador y él mismo como vicegobernador. Ello generó conmoción entre militares y fuerzas antiperonistas. Francisco Marcos Anglada fue finalemente el compañero de fórmula. La sigla partidaria utilizada fue «Unión Popular». Durante la campaña se utilizó un eslogan que anticipaba el retorno del propio Perón al poder: «Framini-Anglada, Perón en la Rosada».

El peronismo ganó las elecciones legislativas en nueve de los diecisiete distritos en que se realizaron en la provincia de Buenos Aires. Hizo lo propio en seis gobernaciones (Buenos Aires, Chaco, Neuquén, Río Negro, Santiago del Estero y Tucumán). Framini fue elegido gobernador. El inesperado triunfo peronista produjo una reacción militar, que llevó al presidente Frondizi a intervenir la provincia de Buenos Aires.

Días después, anuló las elecciones e intervino todas las provincias adversas a su gobierno, particularmente aquellas en las que ganó el peronismo. La medida no pudo impedir el golpe de Estado del 29 de marzo. Fue la culminación de un proceso de deterioro de la relación de Frondizi con las Fuerzas Armadas.

Arturo Frondizi y la Doctrina Betancourt

Como presidente de Venezuela, Betancourt denunció, el 29 de marzo de 1962, que el presidente legítimo Arturo Frondizi había sido depuesto por las Fuerzas Armadas de su país. Tal método violento para efectuar cambios de gobierno ha sido “obstáculo de singular rango” para entorpecer el desarrollo pacífico, normal y progresivo de las naciones latinoamericanas. Señaló Betancourt que lo oportuno era adoptar una posición firme de rechazo a esa acción. El objetivo: que los ejecutores del golpe de Estado argentino se sintieran desasistidos de la tolerancia internacional.

“Le negaremos reconocimiento diplomático al gobierno formado en Buenos Aires. Mi gobierno, entre los primeros en América Latina, adoptó una posición de beligerante repudio al régimen comunista de usurpación que existe en Cuba. Esa misma posición de beligerante repudio la adopta ahora frente al régimen instaurado en Argentina”.

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