Selección Sub 20: Hay derecho a ilusionarse

Para el que piense que el trabajo arduo y constante es tóxico, en la Sub 20 eso no tiene cabida. 

Selección Sub 20: Hay derecho a ilusionarse

Desde el 31 de agosto de 2015 han estado juntos. Comenzaron 33 muchachos en un primer corte nutrido por numerosos jugadores que habían estado en el anterior grupo de Selección Sub 17. 25 módulos de trabajo, 30 partidos internacionales. Dos navidades y dos fines de año lejos de la familia y reunidos en una concentración. Trabajo, indicaciones, ejercicios, preparación mental y física. Adaptabilidad a la altura. A este grupo, no le ha faltado nada para cumplir un gran papel. Nada ha quedado fuera de la planificación y nada ha sido improvisado.

Para el que piense que el trabajo arduo y constante es tóxico, en la Sub 20 eso no tiene cabida. Salvo Uruguay, con proceso similar al de Venezuela, no hay selección alguna que llegue al próximo campeonato Sudamericano con más trabajo y rodaje de preparación que la Vinotinto. Mientras, otros técnicos como Claudio Úbeda en nada menos que Argentina, lamentan no haber podido haber tenido el mismo privilegio: “Se llega con falta de tiempo de trabajo y rodaje, no con limitaciones ni con pérdida de calidad de entrenamientos, porque hasta hoy llevamos 52 prácticas, que es una cantidad considerable por el tiempo en que estamos, aunque no es comparable con el de otras selecciones que hace un año que vienen trabajando.

La única diferencia que veo es la competencia que tuvieron los demás seleccionados, que jugaron torneos y muchos partidos durante el año y eso es un déficit que no lo vamos a poder equilibrar hasta que empiece el torneo y podamos medirnos mejor”, explicaba a La Nación el seleccionador del equipo que defenderá el título de 2015 y que apenas fue nombrado en su cargo el mes de octubre pasado.

La diferencia bien la describe Úbeda. Si bien la meta es bastante ambiciosa para un país que apenas una vez ha asistido a una cita mundial de esta categoría, el convencimiento de todo el grupo tiene asidero. Decía hace poco tiempo Yangel Herrera, capitán de esta generación, que conocían al detalle a todos los rivales porque estos 17 meses de preparación ya los habían enfrentado a todos (menos a Bolivia), un plus enorme para este tipo de competiciones que no cuenta con la ventaja de la divulgación mediática de cada partido para poder estudiar a los contendientes. Puertas adentro de la Selección, hay un objetivo mayor que el de la clasificación mundialista. El discurso, el verbo ganador y el estímulo azuzante del coach Jeremías Álvarez y del propio Dudamel es de ser campeones del certamen. Nadie como ellos, cuerpo técnico y jugadores, conocen más a sus rivales y están convencidos en sus capacidades.

Este es un punto importante a favor para permitir soñar con acudir al Mundial de la categoría que se celebrará del 20 de mayo al 11 de junio en Corea del Sur, pero hay otros elementos que son más sólidos al momento de evaluar las posibilidades de Venezuela: la continuidad es una de ellas. Rafael Dudamel decidió asumir el durísimo reto de dirigir la selección absoluta, pero nunca se desprendió del trabajo que ya había iniciado con la Sub 20. El yaracuyano sabe que esta generación de futbolistas es quizá la mejor camada que haya parido el país, así sus nombres no sean tan rimbombantes como otras versiones anteriores, y la importancia de mantener el grupo junto y bajo la misma óptica de trabajo era y será vital para lograr el objetivo de acudir a la máxima cita.

La fortaleza del grupo es también neurálgica. Más que nunca, la palabra “grupo” se define mejor que ahora: jugadores de relevancia internacional como Marco Farisato estuvieron a prueba y no pasaron una criba exigente de un plantel que se ha consolidado gracias al trabajo al tiempo que ha permanecido junto. Pocas caras nuevas en el proceso y apenas unas adiciones finales demuestran el convencimiento de Dudamel en el juego que pueden desplegar sus dirigidos. Tanta fe en lo que hay se tiene que ni la ausencia de Adalberto Peñaranda ha conmocionado a nadie. Hay nivel.

Así como hay nivel, hay minutos. Todos los teóricos titulares han visto suficientes espacios en la Primera División e incluso, torneos continentales de clubes. El aprovechamiento de la norma en el campeonato nacional le da el roce necesario a toda la plantilla para hacerla competitiva, factor fundamental para el rango de experiencia que deben tener en este escenario.

Todas estas fortalezas de nada tendrán valor si al momento de saltar a la cancha surjan los imponderables que puedan echar al traste lo logrado en tanto tiempo de preparación, pero será eso, un imponderable lo que pueda afectar lo que se ha planificado con tanto esfuerzo y preparación. Por eso, lo mejor que se puede brindar a este grupo es confianza, que no se traducirá jamás en presión porque los chamos han madurado lo suficiente como para que un objetivo tan ambicioso como el título sudamericano no le incomode en la búsqueda de sus pretensiones.

Créalo, sí. No es levantar falsas expectativas. No es válido ampararse en frustraciones anteriores para pensar que esta selección no pueda brindarnos una alegría. Hay talento y usted lo ha visto domingo a domingo: Wuilker Fariñez, Yeferson Soteldo, Ronaldo Peña, Christian Rivas, Yangel Herrera, Heber García, Daniel Saggiomo. Son jugadores interesantes, pero más que eso, son un equipo, consciente en sus posibilidades y convencidos en ellas.