No esperes nada de “Una película de Minecraft” y tal vez la disfrutes
Basada en el famoso juego, "Una película de Minecraft” intenta recrear el mensaje acerca de la potencia ilimitada de la imaginación. Pero, no solo no lo logra: se queda a medias en el enésimo intento de Hollywood de explorar en un rico mundo que no termina de comprender del todo
“Una película de Minecraft” tiene toda la apariencia de un experimento a gran escala. Varias de sus escenas se arriesgan a salir de las líneas de una secuencia cinematográfica, para explorar en algo más. De su diseño cinematográfico colorido y disparatado, al uso de la inconfundible estética pixelada para mostrar el vasto universo del juego original. Buena parte de la cinta dirigida por Jared Hess demuestra que el proyecto tiene reales posibilidades de ser divertido y ser a la vez algo más que un barullo de efectos digitales de última tecnología.
Pero a este esfuerzo no le acompaña un buen guion. La historia de Steve (Jack Black), un hombre que está convencido de que puede desafiar las reglas físicas a fuerza de una desbordante creatividad, tiene demasiados baches para funcionar.
En especial, porque la aproximación de la trama tiene la intención de ser una inmersión total en una dimensión en la que cualquier cosa es posible. Así, con un más que evidente parecido con la saga TRON, Steve terminará por enfrentarse a las consecuencias de su delirio imaginativo.
Lo que incluye enfrentarse a una dimensión demoníaca y a una malvada enemiga (Rachel House), que anhela consumir mundos. Pero esta premisa, en apariencia heroica y aventurera, no es más que una excusa para abrir la puerta a recorrer — y no a fondo — la dimensión de criaturas de aspecto semicúbico que todo jugador conoce. Tampoco ayuda demasiado que toda la cinta tenga un apartado visual que va desde lo camp a lo cursi, pasando por lo cutre, sin que eso cause risa o provoque curiosidad.
Lo que es más lamentable: convertir a los clásicos vóxeles de Minecraft en una simple excusa para hacer avanzar la trama. Por lo que se echa muchísimo de menos que la película se conecte más al concepto de su juego origen. O al menos que extraiga el interesante concepto de crear y diseñar universos a través de lo que cualquier jugador pueda imaginar.
Al contrario, la cinta de Hess es una combinación entre una buddy film, en la que Jack Black despliega todo su encanto maníaco, mientras Jason Momoa se limita a interpretarse a sí mismo con una fantasía disparatada. Una mezcla perfecta para el desastre.
Un universo al que le falta sazón
Adaptar un juego de video es una tarea difícil pero no imposible. Aunque no se trate de una obra guionizada, profunda y cinematográfica como “The Last of Us”, siempre es posible encontrar una forma de traducir lo esencial para un nuevo formato. Un buen ejemplo del logro es “The Super Mario Bros. Movie” (2023), que sin ser especialmente compleja logró captar el espíritu del material del que procede.
“Una película de Minecraft” se va al lado contrario e intenta varias cosas al mismo tiempo. Por un lado, convertir a Steve y su aventura en Overworld en motor de la historia. Y está bien, en la medida en que Jack Black tiene el entusiasmo suficiente como para brindar una actuación divertida. Pero la historia falla al tratar de darle una especie de profundidad que no necesita.
Mucho más, si se encuentra rodeado de una colección interminable de objetos semicúbicos de aspecto ridículo.
De modo que “Una película de Minecraft” va entre ser disparatada, desordenada y un poco sin sentido — como el juego — a intentar explicar cosas. El juego del desarrollador Markus Persson está basado en brindar la oportunidad al usuario de construir cosas. De edificios improbables, carreteras torcidas, montañas y nubes que van y vienen sin lógica ninguna. Hay un desorden caótico y estimulante que finalmente se convierte en algo: un mundo.
Hess hizo el intento de organizar eso en una aventura psicodélica y escandalosa que habría podido resultar si la producción se comprometiera con la idea. Pero el guion va y viene entre dos ciudades distintas, intenta justificar lo imposible y además brindar algo de desarrollo a sus protagonistas, sin lograrlo. Por lo que “Una película de Minecraft”se queda en nada, en mitad de una misión que abarca un orbe, un perro obediente, una villana capaz de devorar dimensiones y dos niños tristes.
¿Suena disparatado? Lo es. Eso, aunque Jason Momoa — de nuevo, siendo él — le regala a la producción varios de sus mejores momentos, inyectándole energía a su extraño personaje. De hecho Garret, un tipo que vive de sus glorias pasadas, es una burla cínica a la industria gamer y cuando el argumento se concentra en eso, la cinta tiene verdaderas escenas hilarantes. Pero son pocas y aisladas.
El año de las películas malas
Transcurridos tres meses, el año 2025 ha dejado algunos fracasos dolorosos en el camino del calendario cinematográfico. Pero “Una película de Minecraft” demuestra algo peor. Hollywood necesita innovar en la fórmula de tomar universos completos y tratar de torcerlos para que coincidan con una fórmula simple. Algo que en los últimos meses le ha traído más decepciones que triunfos.
Con todo “Una película de Minecraft” deja algo para la discusión. No hay que tomarse en serio estas producciones cada vez más caras y que en realidad son puro aire caliente.
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