“El gran viaje de tu vida”: Colin Farrell y Margot Robbie se esfuerzan, peeeero...
Kogonada abandona su estilo minimalista para aventurarse en una comedia romántica y fantástica con “El gran viaje de tu vida”. Pero la mezcla de road movie, recuerdos y artificios teatrales, es más cursi que conmovedora. Con todo, la cinta brinda momentos íntimos de gran belleza
En “El gran viaje de tu vida” (2025), Kogonada intenta de nuevo indagar en la naturaleza de los recuerdos, como fuente de todo arte, belleza y esperanza. Un punto que siempre orbitó alrededor de sus diferentes propuestas cinematográficas, que suelen coincidir en convertir la cualidad de la memoria en una fuerza creativa y emocional.
En “Columbus” (2017), esa obsesión se expresó a través de la arquitectura y de cómo los edificios podían funcionar como detonantes de recuerdos íntimos. Luego, con “After Yang” (2021), el director exploró un territorio más cercano a la ciencia ficción: un androide dañado que almacenaba experiencias y que, paradójicamente, parecía comprender mejor que muchos humanos el valor de lo vivido.
Pero aunque ambas obras comparten un estilo contemplativo y un ritmo pausado, las historias tenían la cualidad de ser únicas. O en el mejor de los casos, una reflexión casi críptica sobre la idea de la identidad construida a través de una colección de memorias íntimas. Algo que el realizador también intenta en “El gran viaje de tu vida” (2025) sin lograrlo. No porque abandone el interés en los recuerdos, sino porque se adentra en un terreno más expansivo y menos contenido: la comedia romántica de corte fantástico.
También es la primera vez que Kogonada dirige un guion ajeno, esta vez escrito por Seth Reiss. Y el cambio es notorio: el realizador no parece muy bien qué hacer para brindar a la cinta un aire personal, de modo que imprime un tono que se siente distante y un tanto torpe. La mezcla entre la voz creativa de Reiss y la puesta en escena de Kogonada genera un resultado híbrido, irregular, en el que lo poético convive con lo estrafalario. Y ninguna de las dos perspectivas tiene verdadera solidez.
Un chico conoce a una chica
Para su larga — y en ocasiones tediosa — reflexión sobre el amor, la vida y sus circunstancias, el guion se enfoca en David (Colin Farrell), un hombre acostumbrado a la soledad, que viaja a una boda con la apatía de quien ya no espera nada. Lo que parece una vida monótona se trastoca cuando, tras un inconveniente con su coche, termina en una curiosa agencia de alquiler atendida por dos empleados excéntricos (Phoebe Waller-Bridge y Kevin Kline). Allí le entregan un automóvil viejo acompañado de un GPS parlante, que parece diseñado más para manipular que para orientar.
Más tarde y cuando finalmente llega a la boda en cuestión, David conoce a Sarah (Margot Robbie), con quien surge un vínculo inmediato, aunque torpe. Un malentendido, sumado a su propia inseguridad, hace que se pierda la oportunidad de conectar con ella en ese primer encuentro. No obstante, el destino los reúne poco después en circunstancias aún más absurdas: ambos deciden emprender un recorrido guiado por el GPS, el cual los arrastra, literalmente, a través de sus recuerdos.
Así comienza un viaje que mezcla road movie, fantasía y romance, en el que la pareja se enfrenta a momentos de su pasado con una libertad tan inusual que roza lo surreal.
La idea es atractiva, pero la ejecución oscila entre lo fascinante y lo desconcertante. “El gran viaje de tu vida” parece perder el tono — y el ritmo — en un intento desesperado de convencer que su premisa es la conclusión de la magia del amor.
La película parece conciliar en un mismo escenario, la idea de lo extraordinario — a la manera de “Big Fish” de Tim Burton — con la simplicidad juguetona de una comedia romántica. Pero no solo no logra: convierte este recorrido trabajoso a través de recuerdos y el amor recién nacido en un sermón más o menos filosófico. Ya sea por la evidente falta de química entre David y Sarah (a pesar de los esfuerzos de los actores) o por el hecho qde ue el recurso del GPS mágico es en exceso obvio y rudimentario. Lo cierto es que “El gran viaje de tu vida” no logra que su romance pretendidamente ideal y lleno de esperanza sea creíble.
Esto no va a ninguna parte, a pesar del GPS
Parte del problema lo tiene el guion de Reiss, que juega con el molde de la comedia romántica de inicios de los 2000, con personajes excéntricos y situaciones inverosímiles, pero sin la habilidad para brindarle encanto. De modo que los clichés del género se quedan a media marcha o se convierten, directamente, en tropiezos, en un argumento que se esfuerza demasiado por ser mágico.
La primera interacción entre David y Sarah, en particular, parece escrita más como un gag autoconsciente que como un encuentro auténtico. Cuando Sarah propone matrimonio de forma repentina, no resulta encantador ni irónico: se percibe como un gesto gratuito que desconecta al espectador. Reiss pretende subvertir el cliché, pero termina reforzándolo sin aportar nada al giro. Además, los momentos cómicos, como el acento inexplicable del personaje de Waller-Bridge o la repetición obsesiva de frases sobre hamburguesas, quedan atrapados en un humor que no encaja con el tono melancólico que Kogonada intenta sostener. La película coquetea con la ligereza, pero cae en la caricatura.
Paradójicamente, cuando la trama se concentra en los recuerdos personales, “El gran viaje de tu vida” recupera algo de la esencia más pura del cine de Kogonada. Hay escenas memorables: David regresando a su escuela secundaria y recordando una obra de teatro en la que confesó su amor, o Sarah visitando un museo que solía recorrer con su madre (Lily Rabe). Estas secuencias, iluminadas con la fotografía de Benjamin Loeb, contienen la intimidad y la sensibilidad que caracterizan al director.
También destaca un momento en que Sarah revive la noche de la muerte de su madre, y David presencia el nacimiento de su propio yo en los brazos de su padre (Hamish Linklater). En estas escenas, los personajes enfrentan heridas imposibles de cerrar y descubren cómo esas marcas moldean su presente. Aquí la película alcanza una fuerza emocional genuina, mostrando lo que podría haber sido si la historia se hubiera mantenido en esa línea de exploración íntima en lugar de dispersarse en ocurrencias.
“El gran viaje de tu vida” es una mezcla poco atinada de experimento ambicioso que no termina de encontrar su identidad. Kogonada apuesta por una historia más abierta y expansiva, pero la voz de Reiss interfiere con la coherencia que suele caracterizar sus obras. La película quiere ser a la vez un romance fantástico, una sátira de la comedia romántica y un ensayo visual sobre la memoria, y en ese cruce de intenciones se pierde claridad.
Lo más desconcertante llega en el tramo final, cuando se introduce la idea de que la satisfacción vale más que la felicidad, contradiciendo el mensaje previo.
Es un giro innecesario que debilita la conclusión y deja una sensación de incoherencia. Por lo que a pesar de los intentos de sus protagonistas — y vaya que lo intentan — y de su director, “El gran viaje de tu vida” parece navegar en medio de una confusión de clichés y giros previsibles.
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