La líder opositora María Corina Machado, galardonada con el Premio Nobel de la Paz, difundió este 18 de noviembre el “Manifiesto de Libertad”. Este documento, publicado en las páginas de The Washington Post y a través de sus redes sociales, se presenta como una suerte de hoja de ruta para una eventual transición en Venezuela.
Empero, la pregunta de fondo es cómo se llegará al punto de que estas ideas puedan ejecutarse desde el poder. Por ahora son un conjunto de líneas gruesas sobre cómo abordar temas neurálgicos, pero desde la clandestinidad en la que se encuentra ella, el manifiesto hoy no es más que una proclama política.
“La dignidad humana es el principio que nos inspira esperanza y nos eleva desde la opresión hacia la libertad”, escribe Machado, subrayando que el progreso solo es posible en un marco de respeto a las leyes y la libertad en todos los ámbitos de la vida.
La renovación
En el documento, María Corina Machado se pasea por varios pilares éticos relacionados con la dignidad y la libertad. Rechaza cualquier intento de un gobierno por usurpar derechos básicos, proponiendo una Venezuela que emerja “como un ave fénix renovada, feroz e imparable” tras la consolidación de la transición. ¿Pero cómo se llega a tal transición?, no se precisa la estrategia para alcanzar tal fin.
Este manifiesto no se limita a ideales abstractos, ya que ofrece dimensiones específicas y concretas para lo que se insiste en llamar la reconstrucción nacional. En el ámbito económico, aboga por garantizar el derecho a la propiedad privada y recuperar los bienes “robados” durante los años del chavismo, especialmente desde que Nicolás Maduro llegó al poder.
“Devolvamos el poder al pueblo”, exige, en una señal de que se necesitará desmantelar un control estatal que ha terminado asfixiando a la ciudadanía.
La educación emerge como pilar transformador: escuelas y universidades deben convertirse en “núcleos de indagación y conocimiento” que impulsen el progreso genuino. Machado enfatiza la formación de ciudadanos honorables desde las familias, erradicando la “cultura de la corrupción”. En este documento con planteamientos variopintos, a travesados por la tesis de la libertad, no olvida el medio ambiente, instando a proteger la biodiversidad venezolana –especialmente la Amazonía– como “patrimonio legítimo de las generaciones futuras”.
En el plano internacional, en tanto, plantea que Venezuela debe “regresar a la comunidad de naciones democráticas con transparencia e integridad”, posicionándose como pilar de seguridad energética y democrática en el hemisferio occidental, y como promotor global de la libertad.
Demandas inmediatas
Un hilo neurálgico del manifiesto radica en demandas, en reclamos por derechos civiles y políticos. María Corina exige libertad de expresión sin temor a persecución, censura o represalias: “El derecho a decir la verdad es la base de toda libertad”, afirma, abogando por recuperar la voz ciudadana en distintos ámbitos.
Igualmente, defiende el voto seguro y sin manipulación, donde las elecciones reflejen la “voluntad popular” como símbolo de honor.
La libertad de reunión y protesta pacífica se presenta como esencial: “Las calles pertenecen al pueblo, y la protesta fortalece la democracia”.
En materia de seguridad, urge reformar las fuerzas armadas y policiales para que protejan la vida, la familia y la propiedad, no para oprimir.
Un apartado emotivo se lo dedica al éxodo masivo: el retorno de los nueve millones de venezolanos exiliados, restituyendo su derecho a “regresar a su tierra natal”.
Finalmente, Machado apunta a la impunidad en los casos de violaciones a los derechos humanos: los responsables de crímenes de lesa humanidad deben ser juzgados, demanda ella, resaltando que deberán rendir cuentas “ante la ley y la historia”.
Una visión de esperanza cierra este “Manifiesto de Libertad”, que promete un futuro en libertad y plenitud para los venezolanos. ¿Cómo y a través de qué estrategias se alcanzará ese porvenir? Es una pregunta que no encuentra respuesta en este documento.