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Fernando Gaitán: ¡Betty la fea, yo soy tu padre!

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13/02/2019
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TEXTO: YOYIANA AHUMADA

Murió el creador de Betty la fea, el icónico producto televisivo que revolucionó a Latinoamérica desde Colombia, y entregó una historia que ha sido reinterpretada muchas veces en distintos mercados. Una nueva versión de esta novela se estrena este 6 de febrero por Telemundo, a casi 20 años del estreno de la original. Esta entrevista, una conversación con el libretista, es una versión de la publicada en la revista Primicia en 1999

“La suerte de la fea, la bonita la desea”, reza el dicho popular, y más cuando esa desangelada fémina Beatriz Pinzón con enormes lentes de pasta, frenillos en la boca y risa tonta, por cuya historia no apostaba la Cadena Caracol, es un hito en la historia de la telenovela en el mundo. Emitida en más de 100 países; doblada en 15 idiomas y con unas 28 adaptaciones alrededor del mundo la historia de una mujer fea en el mundo de la moda, o la metáfora de cómo un patito feo se transforma en cisne sin bisturí, entró al libro de los Guinnes World Records. Sirva esta entrevista a su creador Fernando Gaitán como un homenaje a un momento de oro del culebrón, y una despedida del padre de la fea más famosa del mundo que, emulando glorias pasadas, regresa a la pantalla desde la cadena norteamericana Telemundo, a una semana de la muerte de su creador en una adaptación de Valentina Párraga y Sandra Velazco, junto a Patricia Velázquez, Alejandro Vergara y Luis Miguel Martínez.

Betty-cita2Detrás del impacto televisivo Yo soy Betty la fea, late el nombre que combina periodismo y ficción en acertado equilibrio, Fernando Gaitán. Un autor cuyas novelas han provocado un impacto cultural, traducido en rating y pautas publicitarias jugosísimas. Considera a la telenovela como el ágora para contar una Colombia herida. Para él la antigua caja boba puede ser un espacio para la utopía y asume el compromiso de inventar 120 horas de seducción inteligente.

Fernando Gaitán es un periodista hechizado por el desenfado del nuevo periodismo. Ejecutante de la crónica, investigador empedernido, escribe como un enajenado los últimos capítulos del que ha sido el mayor impacto en la historia de la televisión colombiana, y apunta a convertirse en el fenómeno mediático más importante de Latinoamérica: Yo soy Betty la fea, de la televisora Radio Cadena Caracol.

Desafiando el mito de que la protagonista tiene como requisito fundamental el 90-60-90, Gaitán corrió el albur de plantar a una heroína que mira pasar de lejos a un ideal inalcanzable, que está consciente de su fealdad y pese a ello tiene una capacidad irónica sobre su condición. Asistido por una fémina y un equipo de asesores, escribe solo, “porque ya se me hizo un vicio”. Para él 80 medias horas de seducción se traducen en cientos de cajas de cigarrillos, que se lo fuman mientras cuenta a un país que rechaza la violencia y el secuestro.

Gaitán es el padre de la criatura que en sí misma es la historia del patito feo: una novela hecha con un bajísimo presupuesto, protagonistas desconocidos, sin figuras internacionales y en un canal que venía de enfrentar un estrepitoso fracaso con su considerable pérdida económica, y que historia mediante, unida a unas extraordinarias actuaciones, se ha convertido en el cisne de un país desangrado por la guerra, que puso al imaginario colombiano a circular en positivo por todo el continente.

-¿Betty la fea fue un intento de romper con el patrón clásico de la telenovela?

-Betty no fue hecha con una enorme ambición, fue hecha con bajo perfil, una producción económica, hecha en un 85% en estudio, no trajimos a nadie del extranjero, no fue hecha con grandes estrellas, de hecho me dieron a los protagonistas más baratos. Era una historia muy experimental, yo estaba muy asustado, pero tenía la fe de que si uno habla del ego femenino eso debía ser un éxito; aunque yo le tengo miedo a esa palabra. Hablar de la vanidad femenina es un tema universal, en todas partes del mundo hay más mujeres feas que bellas, pero en la telenovela ocurre un fenómeno: las mujeres que son feas, quieren una protagonista bella que se enamora del galán, la gente sufre con ella, pero no es una mujer de carne y hueso como esas que están detrás del televisor. Así que quise contar la historia de esa que ve pasar a un ideal de mujer inalcanzable.

-¿Sus novelas Café con aroma de mujer, Guajira, Betty la fea son realistas o pertenecen al melodrama típico?

-Sigue siendo telenovela: yo me guío por las reglas de la telenovela, no puedo variar. Busco el melodrama, la historia de amor, la cotidianidad, el ascenso social. Lo que hago es robarme elementos del teatro, del cine, la literatura para insertarlos dentro del esquema clásico. Modernizar a la protagonista y quitarle el estigma de la mujer pobre que se redime a través del amor. Busco la mujer batalladora, que lucha profesionalmente que sabe que el amor está allí pero no es él único objetivo. Voy más a fondo en las relaciones interpersonales actuales en el trabajo, la relación con los padres, el matrimonio, la unión libre, el divorcio, de alguna manera lo que estamos haciendo es tocar los temas más modernos sin abandonar el esquema de la telenovela porque perdería su carácter popular.

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-¿Cómo es su proceso creativo?

-Ante todo busco una historia que me obsesione y me fascine, que está que se sale, que está que se cuenta sola, tengo que tener un impulso vital que me está pidiendo el cuerpo, el alma pues. Una vez que sigo ese instinto, la racionalizo: dónde se desarrolla esa historia, qué contexto, qué época, quiénes son los personajes. Posteriormente comienzo a escribirla y hago una sinopsis a manera de crónica que tiene alrededor de 80, 100 ó 120 páginas, porque me gusta escribir toda la línea central a modo de ejercicio y exorcismo para saber si mi historia es contundente, tiene hilación, para que cuando esté al aire, que es la locura total, pueda tener una ruta que seguir para no perderme. Luego la muestro ante un grupo que trabajamos aquí en el departamento de libretos en el canal porque aquí sufrimos de solidaridad y amiguismo. Exponemos la historia antes de presentarla a los directivos del canal y, una vez aceptada, empieza el proceso de búsqueda de director, los actores, armar las locaciones y un proceso de preproducción que es muy importante dejar montado en los primeros capítulos.

-¿Qué del periodista hay en el escritor?

-Nunca he dejado de ser periodista. Todo el trabajo que hago tiene técnicas de periodismo. Me refiero a que mis novelas son resultado de un proceso de investigación en el que utilizo la técnica del reportaje como una forma de nutrir los argumentos: siempre hay un contexto en todas las historias que trabajo. Lo que hice fue tomar elementos del periodismo y pasarlos a la televisión. Siempre me pareció muy interesante la fusión que hicieron Tom Wolfe, Truman Capote y Norman Mailer, entre literatura y periodismo, y mantuve la idea que eso podía hacerse en televisión y particularmente en la telenovela.

-¿Cómo fue su entrada a la televisión?

-En el colegió estudié teatro, sin embargo no pensé que terminaría haciendo televisión. Siendo periodista hubo dos cosas que la gente me señalaba: me consideraban buen narrador, por mi afición a la crónica y los géneros supeditados a la narración, y decían que tenía muy buen sentido de la anécdota, observación y escucha; dos factores importantes del periodismo. Una amiga me dijo “usted tiene que intentar ser libretista porque en este país no hay libretistas pero sí muchos periodistas”. No conocía la técnica, así que me consiguieron una cantidad de libretos y empecé a estudiar la telenovela. Cuando entré a la TV, fui asistente de dirección, editor, script, relacionista. Todo para que me dejaran escribir.

-¿En Colombia el periodismo no está contando al país, y por eso la telenovela copa ese espacio?

-Es una discusión que se ha venido dando últimamente porque el dramatizado ha tenido más impacto que el mismo noticiero. En el noticiero vemos la realidad numérica: muertos, secuestrados, detenidos. En la telenovela lo hacemos de manera cualitativa, ¿cierto? Nos acercamos a la realidad, en la dimensión que merece. Cada muerto duele, cualquier cosa adquiere una significación importante. Ese es el contacto que ha tenido la telenovela con la realidad para cuestionarla, volverla comedia en fin. Se han suscitado muchas críticas porque a Betty la consideran un impacto social.

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-El capítulo donde le ofrecen una “mordida” de cien millones de pesos a Beatriz Pinzón produjo dos editoriales en la prensa pidiéndole que no dejara corrompiera…

-Yo no sabía que la telenovela iba a tener ese impacto. Es una tragicomedia., una novela con tintes de humor, situaciones cotidianas, problemas laborales. El caso de la corrupción de Betty es que le ofrecieron una comisión muy bajita en relación a lo que se roban en Colombia, donde a diario se sustraen grandes tajadas en medio de la mayor impunidad. Nunca pensé que un personaje de telenovela fuera a generar tal desconcierto en la gente, y semejante reacción de indignación cuando la gente creyó que el personaje se iba a corromper. Un sencillo juego dramático adquirió unas dimensiones que no estaban contabilizadas en ninguna parte.

-¿Cree en el compromiso del escritor con la realidad?

-Indiscutiblemente sí, porque este país es el más violento del mundo. Es un país que está herido y ve muchísima televisión, que por cuestiones económicas ha tenido una baja de lectura, de información y que aprende de una telenovela. En un país así uno tiene que asumir una responsabilidad social con los contenidos y las emociones. La diferencia con el escritor comprometido de los años 60 es que había un compromiso romántico. Aquí el factor político está completamente desfigurado: la izquierda no existe, la guerrilla se volvió bandolerismo, los partidos políticos son corruptos, entonces uno adquiere un compromiso social con el común de la gente sin ningún tinte político. Estamos comprometidos con el habitante medio colombiano, el empleado, el campesino que es -somos- víctima del político, del guerrillero, del narcotraficante, del secuestrador. Es un país civil que se está defendiendo contra todo eso, no hay ningún factor político allí.

-En la década de los 70, en Venezuela se vivió una fusión entre la industria televisiva y un grupo de escritores: la televisión cultural. ¿Ha ocurrido un fenómeno similar en Colombia?

-La televisión se ha nutrido de dos grandes crisis. La primera fue la del teatro, muy rico intelectualmente pero pobre económicamente. Posteriormente la del cine, una industria que nunca arrancó, que es un muerto insepulto, donde mucha gente se fue a estudiar al extranjero porque nunca hubo el capital para hacer una industria cinematográfica. Por otra parte, en los 80 hubo una reglamentación interesante, aunque coercitiva, donde se nos obligaba a hacer TV dramática basada en grandes obras. La televisión colombiana recreó grandes obras, especialmente de autores latinoamericanos: Julio Cortázar, Miguel Otero Silva, Juan Goytisolo, entre otros. Además escritores como Álvaro Mutis, Pedro Gómez Valderrama y Gabriel García Márquez cedieron sus obras, participaron en los guiones y eso nos dio un panorama muy interesante. Hay cierto respeto y más ahora que tenemos un compromiso social y de alguna manera político, porque no tenemos cine, el impacto del teatro es reducido, así que se mira con muchísima atención lo que hacemos: no existe un divorcio entre la gente que hace cultura y la televisión. El sector intelectual no se ha desprendido de la dramaturgia audiovisual.

-¿Se convierte en cisne el patito feo Betty?

-El televidente raso de telenovela quiere que se vuelva la cenicienta vestida de princesa. Pero por otro lado como la novela ha tenido “un calado” muy real entre las mujeres de aquí que la consideran una heroína, si la transformo para volverla una mujer exitosa, las estaría traicionando, la decisión es delicada.

La fea más exitosa

La pauta publicitaria de Yo soy Betty La fea alcanzó los 25 millones de pesos colombianos, superando el promedio de 11 y 12 millones de pesos de las otras pautas publicitarias de RCN.

Desde su lanzamiento, en octubre de 1999, Yo soy Betty la fea se convirtió en el programa más visto de la televisión colombiana. En ese mes alcanzó 36 puntos de rating, cifra récord para el primer mes, que se incrementó hasta alcanzar un promedio de 45 puntos, con picos que han superado los 53. Al final su promedio fue de 17,4 puntos de rating personas y un share del 56,3%,

Betty-cita1Siete millones de colombianos vieron el capítulo en que don Armando le dio a Betty su primer Beso. Ese número equivale a la población de Bogotá en la época de los 90. El capítulo 162, del 20 de junio de 2000, tuvo una audiencia record de 54,7 puntos. Superó, y por bastante, los partidos de Colombia – Argentina y Colombia – Brasil por las eliminatorias al mundial de 2002.

El seriado fue el primer culebrón que se adaptó como serie para la televisión norteamericana. ABC fue la cadena que la transmitió a lo largo de cuatro temporadas, entre 2006 y 2010. La producción estuvo a cargo de Salma Hayek.

RCN afirma que el libro Guinness World Récords la declaró en 2010 la telenovela más exitosa de todos los tiempos. El capítulo final es reconocido como la producción televisiva más vista en Latinoamérica. En China, la adaptación se llamó Sin rival, y el capítulo de estreno fue visto por 73 millones de personas, más que el número de habitantes de Colombia. En Australia, el primer capítulo de la versión americana Uggly Betty fue visto por poco más de dos millones de personas, aproximadamente el 10% de la población del país.