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Petare: paseo de primer mundo

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05/11/2015
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TEXTO: JORGE GUZMáN PEñALOZA

Petare es mucho más que un extenso barrio explayado en las montañas este del Municipio Sucre, estado Miranda. Es mucho más que la delincuencia, desorden y caos que manchan su pasado de bellezas y glorias. Es cuna de una buena parte de la identidad cultural de país. Conoce aquí su otra cara. Una de vida y colores

Caracas, Venezuela. Imagina un remanso lleno de vegetación y tranquilidad circundado por el río Guaire y las quebradas Caurimare y El Oro. La cuarta pared, el cerro Ávila o Waraira Repano. Los primeros moradores de la zona, los indígenas Mariches, adjudicaron a este sitio dos vocablos de la lengua Caribe: “pet” y “are”, el primero “cara” y el segundo “río”. Así, una de las mayores extensiones de ciudad no planificada del país tiene en esta lengua su significado. Lugar de cara al río, o frente al río: Petare.

Estos indígenas lo habitaron hasta 1573, cuando su cacique Tamanaco murió a manos de los españoles. Empezaron las reparticiones de las fértiles tierras. No fue sino hasta 1621 cuando el capitán Pedro Gutiérrez de Lugo y el Padre Gabriel de Mendoza fundaron el pueblo Dulce Nombre de Jesús de Petare. Así empieza el período colonial de la zona, cuyos vestigios arquitectónicos aún se pueden apreciar en su casco histórico —que bien vale la pena visitar.

La señora Tití, habitante de toda la vida del casco, lo define así: “Esto es como un oasis”. Su casa, ubicada detrás de la iglesia Dulce Nombre de Jesús, en la plaza Sucre, tiene la típica estructura de casa colonial levantada alrededor de un patio interno, donde las plantas parecieran arropar los ruidos incesantes de una de las zonas con más movimiento de la ciudad, cuya población alcanza los 500mil habitantes, con una densidad de más de diez mil por cada kilómetro cuadrado.

Calles y colores

Una manera completa de conocer las piedras fundacionales de Petare ha surgido gracias al emprendimiento independiente. Por ejemplo: el de Urbanimia. Es un proyecto creado por Stefany Da Costa y Adriana Arias, amantes del valle de Caracas. Ofrecen diversos tours, entre ellos “Petare Atómico”. Lo definen como un paseo por los diversos átomos de historia que quedan vivos en esos 40 kilómetros de superficie que se conoce como Petare. Esta ruta se realiza en conjunto con Fundalamas (Fundación José Ángel Lamas) y la Alcaldía de Sucre. Disponen de un autobús que sale desde el Centro Comercial Millenium en Los Dos Caminos en el marco de una actividad llamada “Domingos Alternativos”.

Con Urbanimia disfruta de la antigua entrada al pueblo: el Callejón Z, que por muchos años se conoció como el Camino Real de Petare. Es un empedrado que se construyó para sortear el río Caurimare y donde las coloridas fachadas —que se encarga de pintar la alcaldía una vez al año, como todas las del casco— desembocan en la Plaza Sucre —en honor al Gran Mariscal Antonio José de Sucre. Se puede apreciar la iglesia Dulce Nombre de Jesús, construida a partir del mismísimo 1621. Adentro, entre retablos y santos, reposan un pequeño niño tallado en el altar principal y también dos cuadros no heroicos de Tito Salas —que están a punto de salir de su fase de restauración.

En Petare hay otro Calvario, donde se ubica la Capilla “Santa María Magdalena”, conocida como la Capilla del Calvario, cuya particularidad reside en su altar coronado por Cristo en su cruz, y secundado por los dos ladrones, también en sus cruces. Ambas iglesias fueron decretadas como Monumentos Históricos Nacionales en 1960. De bajada, es menester hacer una parada en el Bar Sorpresa, semi desvencijado y minúsculo, donde hizo su presentación en sociedad el “borrachito del pueblo” Bárbaro Rivas como pintor ingenuo.

De ahí a la calle Comercio, en cuya esquina respira, desde 1928, el local comercial “La Minita”, regentado hoy por el señor Francisco Leoncio Rodríguez, quien asegura que “sin pasado no hay historia”. Sin embargo, no sabe por qué su padre bautizó la tienda así. Vale la pena ir porque en su historial lucen los adjetivos de ferretería, farmacia, licorería, pulpería, y demás. Desde cuatros hasta ollas, maracas, botellas y alpargatas. En una esquina hay un escaparate lleno de fotos que brinda una ventana hacia el pasado. Una especie de improvisado museo popular e iconoclasta.

La gastronomía petareña

El paseo se desparrama por la calle Pérez de León hacia El Golfiao de Petare. Es un acogedor local propiedad del popular señor Fran Suárez, quien está abocado a la labor de mantener en la memoria gustativa de los petareños el tradicional golfiado: un dulce a base de pan, queso y papelón. La casa de Fran se deja inundar por “el olor a leña de semeruco y a melado de papelón”. Cada ejemplar de esta vitualla está coronada por un pedazo de queso guayanés que ninguna boca puede perderse.

Esta versión tiene afectos y detractores. Si consideramos que Petare era la parada de descanso de quienes iban y venían desde Los Valles del Tuy vía Guarenas, resulta comprensible que se haya propagado con facilidad por el país.

Cerca estaba “La Maracucha”, quien en su local vendía almuerzos y comida casera, famosa por su sazón. “La Maracucha”, sin embargo, ha cerrado sus puertas y ahora Fran quiere ampliar su oferta gastronómica para suplir la ausencia. También hace años que por ahí había un señor que hacía unos panes enrollados rellenos de jamón y pasas a quien apodaban “Cachito”. Para algunos estos son anales del popular “cachito”. Ubicuo y absoluto en cualquier panadería a lo largo y ancho del país. Tradición panadera.

Una de las dependencias de Fundalamas es el Centro de Historia Regional de Petare. Entre otras labores, se han dado a la labor de recoger para la memoria la lista de comidas que en la zona se han preparado desde sus comienzos y quienes gustosamente pueden proporcionar información. En Petare nacieron emblemas criollos como la hallaca y la polenta, el salpicón, el menestrón, la olleta gallo y dulces como la naiboa, las torrejas, el majarete, entre otros.

La cultura se mueve por Petare desde siempre

Mucho se puede hacer en el casco de Petare. La Fundación Bigott , ubicada en la Plaza Sucre, dicta talleres, orquesta conciertos y reúne grupos de proyección de cultura y publicaciones —editoriales y discográficas. Su misión no es otra más que propagar y difundir el acervo de la región.

Centro neurálgico de la vida cultural de Petare es Fundalamas, constituida en 1983 y adscrita a la Alcaldía de Sucre. Cuenta con cinco dependencias: el mencionado Centro de Historia Regional, dedicado a la documentación e investigación, al trabajo con escuelas, a la organización de exposiciones itinerantes, entre otras cosas; el Museo de Arte Popular de Petare “Bárbaro Rivas”, donde hasta septiembre se exhibirá la muestra fotográfica de Marianella Perrone ‘Retratos que hacían falta’, necesaria por la contundencia de su belleza y simpleza al retratar a personas comunes y corrientes; el Teatro de Petare César Rengifo, cuya sala es 50% comercial y 50% comunitaria. Ahí funciona la Escuela de mimos —esos que se ven en los semáforos de todo el municipio. Po último está la Escuela de Teatro Musical de Petare. Cuenta con la participación de 70 niños. Además, se realzan la Oficina Técnica de Patrimonio, que realiza “arquitours” —visitas arquitectónicas—, y la Escuela de Teatro Porfirio Rodríguez.

Cada mes Fundalamas organiza los “Domingos Alternativos”. Se muestran conciertos, paseos y charlas por las exposiciones del municipio. Hasta septiembre estará en su sede principal la muestra Yo, mi compañía, del fotógrafo Pal Kerese Riveros. Cuentan con un autobús que va y viene durante el día desde el Centro Comercial Millenium para así facilitar el acceso y estimular las visitas.

Yoga en los barrios

Joel Valencia es arquitecto y miembro del Centro Ciudades de la Gente, fundado en 2003, perteneciente a la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV. La institución se dedica a la investigación de los barrios autoproducidos que circundan las ciudades principales. Petare, uno de ellos, es de los más grandes del mundo. Joel, practicante además de yoga, reunió todos esos conocimientos para llevar esta práctica hacia los barrios.

“No es algo improvisado. En Petare hay lugares a donde los mismo oriundos no llegan. Hay que tener en cuenta conceptos como ciudad-barrio para lograr la unión entre el cerro, la banda y los consejos comunales”, comenta cada una de las arbitrariedades a la que se enfrentan estas poblaciones construidas muchas veces en condiciones de urgencia. Yoga en los barrios cuenta con el apoyo de Yoga Pedregal, de La Castellana, Municipio Chacao, de donde salen cada sábado a las 11 de la mañana.

Su trabajo constante ha alcanzado a más de 3000 personas y se están logrando serios avances para incluir la práctica de esta disciplina en algunas escuelas. Se proyecta incluso la realización de un plan vacacional para este año. “El yoga es una experiencia pacífica, y siempre meditamos al final, a niños y adultos, para crear un espacio de unión y así expandir esa conciencia como práctica de paz”.

Fotos: Helena Acedo Ayala