Peluquerías de Caracas La tradición en la cabeza

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Hay lugares en los que se respira historia, empuje, alegrías y laca. Locales donde lo clásico y lo contemporáneo se mezcla. Sitios que tatúan a la ciudad que cumple 452 años de fundada, el 25 de julio de 1567, como Santiago de León de Caracas.

Texto: Alexandra Sucre, Omarela Depablos y Valeria Pedicini | Fotografías: Daniel Hernández

Cuando Gloria Drija de Cervelo se casó jamás imaginó que le pondría fin a sus días como aeromoza para consentir a los más pequeños en una silla con caballitos. Hoy corta cabello, peina y gerencia Mundo Infantil, un legado familiar que suma sesenta primaveras en Caracas.

Más al este de la capital venezolana, un aviso gigante sobrevive a la intemperie en Chacao y señala con su gran flecha curva que las tijeras esperan a quienes desean acicalarse en María Moñitos. El local es histórico y, aunque disminuido en sus proporciones, mantiene la fidelidad de generaciones completas.

Emblemática también es La Gitana, la peluquería que acumula más de 30 años en el Casco Histórico de Petare dando de qué hablar. Su creación fue motivo de conmoción para los vecinos del sector, quienes le hicieron la guerra. Pero nada pudo con ella y sus trabajadores. Hoy se mantiene en pie, como un referente para el habitante petareño.

Mundo Infantil, un icono con chupetas

El día que María Luisa de Cervelo y José ‘Pepe’ Cervelo llegaron a Venezuela desde Galicia, España, ambos deseaban construir algo que dejara una estampa; huían de una dictadura que no les permitía alcanzar sus sueños ni sumar aspiraciones. Ambos pisaron tierra caribeña por separado, pero un buen día se conocieron y otro se enamoraron. El norte ahora tenía un mejor propósito: dejar al fruto de su amor un legado.

María Luisa era peluquera y decidió enseñarle a su esposo el oficio. Ambos, afectos a los niños, encontraron un vacío en las estéticas que decidieron llenar: una peluquería infantil en el que los más pequeños de la casa no solo pudieran ir por un corte de cabello, sino también divertirse en el proceso.

Fue en 1959 cuando Mundo Infantil abrió sus puertas en el centro comercial La Florida. Con una sonrisa de oreja a oreja, los Cervelo le daban la bienvenida a cualquiera que llegara al lugar; un espacio lleno de sillas con caballitos y dividido en dos áreas: María Luisa atendía a las señoritas en un espacio decorado con un papel de muñequitas, mientras Pepe atendía a los caballeritos en un espacio decorado con papel tapiz de carritos.

Sesenta años después, Mundo Infantil aún abre sus puertas.

Ahora, la decoración es distinta: al papel tapiz lo recubren capas de pintura amarilla y azul rey. En las paredes, estantes con forma de casa albergan muñecos coleccionables de McDonald’s, una serie de dinosaurios están dispuestos por todo el lugar, y pequeños televisores en las mesas de corte proyectan las imágenes de películas animadas. Ya Pepe y María Luisa no son los anfitriones del lugar. Gloria Drija es quien actualmente regala una sonrisa y extiende sus brazos para dar la bienvenida.

“Este año cumplimos 60 años de servicio para los más pequeños de la casa. Hemos ido creando servicios en ayuda a las mamás de hoy en día como son los tratamientos indeseados (para piojos), peinados y cortes de la nueva generación”, comenta con orgullo.

Drija se cataloga como una hija putativa de los Cervelo. Se unió a la familia cuando contrajo nupcias con Carlos Cervelo, uno de los cuatro hijos que tuvo el matrimonio. Gloria era aeromoza, pero hace 15 años María Luisa le pidió que la ayudara en el negocio pues tenía un malestar de salud que le comenzaba a impedir el desenvolvimiento de sus actividades. “Ya tengo 15 años en Mundo Infantil, y tuve que aprender a cortar porque ella, muy exigente, me dijo: ‘si usted quiere llevar Mundo Infantil tiene que saber cortar porque, si no, usted no va a saber la calidad precisa que deben tener los cortes’. Y bueno, aquí estoy echando pa’ lante”.

Aunque ya han pasado seis décadas desde su inauguración, Mundo Infantil sigue conservando algunas de las características que sus creadores le imprimieron: los asientos con caballitos permanecen en las peinadoras, así como Pepe, un popular caballo eléctrico propiedad del lugar desde su fundación y que –dice Gloria– no hay niño que no haya disfrutado de sus minutos de galope.

Otra característica de Mundo Infantil, y por la que los niños siempre esperan, son las chupetas que reciben al terminar su rutina de peinado. “Todos esperan la chupeta, es muy importante. Es el premio por haberse portado bien al cortarse el cabello”. Agrega que antes el caramelo venía acompañado de un globo, pero con la situación del país se volvió complicado seguir obsequiándolo.

El salón cuenta con un equipo mínimo de estilistas, pero las suficientes para atender a la clientela fiel. Gloria explica que “no toda peluquera puede ser peluquera de niños. Aquí nacen, se entrenan desde que son muchachas”. La empleada que menos tiempo tiene en Mundo Infantil suma 21 años de trayectoria en el lugar. “A mí no me importa cantarle a un niño cuando está estresado. Aquí atendemos a niños autistas, con Síndrome de Down, con discapacidades; y, cuando llegan, se les recibe con mucho cariño”.

Pese a que solo Gloria es el único miembro de los Cervelo que atiende el lugar, explica que sigue siendo un negocio familiar. Por distintas razones los hijos de María Luisa y José han tenido que salir del país, incluyendo su esposo que se encuentra fuera por problemas de salud.

“Como dice mi suegra: ‘esta es mi hija y me gustaría que creciera, que pudiese perdurar a pesar de las crisis porque yo creo en Venezuela, creo que va a salir adelante y que vamos a tener Mundo Infantil por muchísimos años más’”.

La llama de Mundo Infantil sigue encendida. Gloria aspira a que el negocio llegue a cien años o más, porque, aunque ella quizá no esté, sí estarán sus hijos y sus muchachas para recibir a su estimada clientela.

María Moñitos se hizo parte de la familia

Parece un casco espacial, es grande, cóncavo y metalizado, pero no. Se trata de un secador de cabello que permanece en la peluquería María Moñitos desde su fundación. Elsy Carbonel, desconoce la fecha exacta en la que abrió este pequeño local que se ha hecho emblemático de Caracas, escondido en Chacao. Calcula que ocurrió un par de años antes del terremoto de 1967.

La sexagenaria llegó allí con tan solo 18 años de edad y sin ninguna experiencia en el oficio de la estética. Fueron años de cortes, lavados y secados impecables, sumados a su compromiso y disposición, que la convirtieron en dueña del establecimiento, cuando Francisco Moreno y Benita Fernández, propietarios originales, fallecieron en la década de los ochenta.

Junto a aquel secador antiguo, persisten, como si se hubiese detenido el tiempo, varias sillas de cuero y otras en forma de caballito para los clientes más pequeños de la peluquería. Peter Pan y los niños perdidos inmortalizados sobre un cartón de otros tiempos, se ubican en la entrada del local y despiertan, sin falta, la nostalgia de quienes desfilaron sus melenas por María Moñitos durante su niñez.

Lo más emblemático sigue siendo el aviso con el nombre de la peluquería que se incrusta en la fachada del edificio. Aquellas enormes de color verde, rojo y blanco, que, según Carbonel, en más de 50 años jamás ha pensado retirar o cambiar. Solo el cariño y buen cuidado de una mujer entregada a su negocio conservan estos objetos intactos.

Cabellos lisos, rulos, crespos y ondulados de miles de infantes caraqueños han pasado por las manos de Elsy. Hoy, son estos pequeños convertidos en adultos quienes mantienen a flote el local. Sin punto de venta, difícilmente nuevos usuarios asisten a esta joya de Caracas, pues, son los “hijos de los hijos” de sus clientes de toda la vida, que aún acuden a María Moñitos por un corte de pelo, para ellos o para sus retoños.

Un día cualquiera transcurre con expectativa, aun cuando haya pocos clientes. O ninguno. Siempre está una atmósfera cálida y familiar, que desde otrora se respira en el recinto. Lo que fue un espacio amplio con ambiente alegre y lleno de energía, repleto de unos ocho peluqueros y hasta 50 clientes por día, actualmente se resume en la mitad del local, dos peluqueras y una manicurista. “Tuve que reducir el lugar porque era demasiado grande, y el personal porque con los años ha disminuido la clientela, pero gracias a Dios el lugar se mantiene”. Carbonel señala a la crisis económica venezolana las restricciones en el negocio.

A María Moñitos le sobra empuje, pues seguirá adelante aun cuando haya días en los que no acude ni una sola persona durante toda la jornada, pues hay otros en los que sobran los clientes.

La Gitana, excéntrica y rebelde como Petare

Entre las cornetas incesantes de los motorizados, el fuerte ruido de las camioneticas, los escandalosos gritos de los vendedores y de los ciudadanos que caminan por Petare, la voz ochentosa de Irene Cara se une al alboroto y llega hasta el otro lado de la calle. La música proviene de una esquina de la calle La Paz, en el Casco Histórico, de las entrañas de la peluquería La Gitana.

La Gitana nació en 1988, en un local alquilado a pocos metros de la ubicación actual. Gilma Flores, una de sus dueñas, siempre quiso tener una peluquería. A eso se dedicaba de joven en su natal Colombia, como empleada en una peluquería homónima. El sueño de ser propietaria se hizo realidad muchos años después en Venezuela. “La Gitana es mi vida, mi hogar. Los mejores momentos los he vivido aquí”, asegura la mujer de 60 años.

“Aquí ha pasado de todo”, dice uno de sus trabajadores. Desde el inicio, La Gitana estuvo en boga. Era la sensación, la diferencia, lo peculiar. También era el dolor de cabeza de los habitantes más reservados y conservadores de Petare, quienes veían con malos ojos a la peluquería que acogía con tanto atrevimiento a miembros de la comunidad LGBTI. “La gente se ponía en la puerta a vernos. Pasaban y miraban asombrados”, cuenta Douglas Moreno, uno de sus trabajadores más veteranos.

Recuerda la guerra que le declararon los vecinos, junto al cura de la parroquia, porque no querían gays en la zona. “Nos señalaron de ser alteradores del orden público. Nos quitaban la luz, le cayeron a martillazos a la puerta. No nos respetaban. Cuando fue la intentona golpista (4 de febrero de 1992), cerramos y nos quedamos adentro. La gente gritaba que quemaran a los maricos”. Ahí, en el corazón colonial de Petare, cada uno tiene un nombre distinto al de su partida de nacimiento: Dubraska, La Tutti, La Susú, La Zafiro, La Negro. Un lugar donde caben todos.

Cuando lograron abrir otro espacio propio y más grande, en la esquina que ocupan actualmente, la junta de vecinos obtuvo un permiso para cerrar el salón en el año 1994. Tras ocho meses de hacinamiento laboral en un mismo local, en el que se alternaban los turnos para atender a la gran cantidad de clientes que recibían, apelaron la demanda y volvieron a abrir las puertas. “La peluquería no se va a cerrar más nunca”, fue la promesa que aún han podido mantener.

Los clientes que van a La Gitana son tan particulares como ella. Sus peticiones tienen esa misma esencia: la platabanda, la piscina o el Jordan son solo alguno de los nombres de los cortes que piden. “Les ponen el nombre cuando lo ven en la televisión o a algún famoso. Ellos te lo explican y por eso tienes que estar actualizado, estar a la moda, todo el tiempo en el fuego”, expresa Douglas.

También visitan La Gitana los malandros de Petare, el barrio más grande y peligroso de América Latina. Ese ha sido el punto del accidental encuentro de varios delincuentes. “Se me han parado clientes molestos porque no les gusta el corte, no quedan como ellos querían. Por eso cuando viene uno con cara de sicario y no sé hacer el corte que pide, se lo lanzo a otro. No me voy a ganar un tiro de gratis”, asegura William Carrillo, La Tutti.

Por allí también han pasado personalidades como Richard Linares, los deportistas Rostin González y Víctor David Díaz, los hermanos Luis y José Sojo, el cantante Porfi Baloa, la actriz Helianta Cruz, el exdiputado Nelson Chitty La Roche, integrantes de la agrupación Calle Ciega o A.5. “Una vez llegó el candidato a concejal José Luis Rodríguez, del partido Copei, diciendo que tenía una presentación en el cabildo. Le cortaron el pelo y nunca pagó. Quedó debiendo 120 bolívares”. Una deuda para la eternidad.

Si hay un punto en común entre los empleados de la peluquería petareña es que ellos, durante o fuera de sus labores, son más que peluqueros. “Aquí uno es psicólogo, consejero matrimonial, padre de familia”, afirma Douglas. “Nosotros tenemos muchos roles porque a veces nos hacemos tan íntimos de los clientes que ellos vienen y te cuentan cuando tienen problemas en su hogar, con el papá o la pareja”. La Tutti tiene su propio diván: “Uno da un consejo dependiendo de la tecla que le toquen a uno. Después de tantos años se establece una amistad”, dice.

En La Gitana, más de 10 peluqueros empiezan a trabajar a las 9 de la mañana y cierran alrededor de las 4 o 5 de la tarde. Antes podían alcanzar las 10 de la noche. En la peluquería no solo cortan o afeitan el pelo. También hay espacio para los tratamientos faciales, hidrataciones, masajes, manicure, pedicure y hasta clases para aprender del mundo estético.

Si no conoces La Gitana, no conoces Petare. O al menos eso dicen sus trabajadores, clientes y vecinos de la zona. “Por aquí han abierto más peluquerías, pero La Gitana siempre ha sido la número uno. ¿Quién no conoce La Gitana?”.