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Varados en navidad: el abrazo quedó en veremos

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24/12/2017
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FOTOGRAFÍAS: DANIEL HERNÁNDEZ

Ni por tierra, ni por aire, viajar dentro de Venezuela es una odisea. No hay disponibilidad de vuelos en las aerolíneas. La opción barata solo en Venezuela. En cuanto a los autobuses, los boletos, según el destino, bordean los límites del salario mínimo. Entre viajar o comer, prefieren la segunda opción, aunque eso implique quedarse solos en Navidad

La Navidad ya no es tiempo de reencuentro. Al menos no si se es oriundo del interior del país y se trabaja en Caracas –o viceversa. La baja frecuencia de los vuelos nacionales, el elevado costo de los boletos –por tierra–, la dificultad para encontrar vuelos y los autobuses con escaso mantenimiento hace que el abrazo de Noche Buena esté en suspenso, que probar las hallacas con la sazón materna sea una probabilidad incierta y que lo más seguro sea pasar unas tristes y solitarias “festividades”.

Yurian Blanco se resignó. Es de Amazonas, pero de sus 24 años de edad lleva 7 viviendo sola en Caracas. Vino a estudiar en la Universidad Central de Venezuela, se graduó, encontró trabajo y se quedó. La última vez que durmió en la casa materna fue en diciembre del año pasado. Va sumando meses a la cuenta, pues sabe que este mes no podrá hacerlo. A Puerto Ayacucho sale un solo vuelo por semana.

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¿Y por carretera? “Son más de ocho horas de camino, y pueden ser muchas más si el bus se accidenta. Antes había dos líneas que iban para Amazonas. Una que estaba en La Paz y cerró y queda nada más la de La Bandera”. Pero hallar un pasaje allí implica mucho más que la ayuda del Niño Jesús. Hay que llegar de madrugada porque no venden los boletos con anticipación. “La carretera es horrible y llena de huecos. Una vez nos quedamos accidentados a las tres de la madrugada en el medio de la nada, no tienen aire acondicionado. Es igual que ir en un autobús de Plaza Venezuela-La Urbina. Y no aplican los descuentos que corresponden por ser estudiantes, menores de edad o personas de la tercera edad”.

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Blanco recuerda que una vez tuvo que viajar en una de esas unidades sentada en un asiento cuyo respaldar estaba amarrado al techo con un mecate para que no le cayera encima al pasajero de atrás. En otra oportunidad se quedaron accidentados en Apure y allí tuvieron que pagar un pasaje completo hasta Amazonas, pues la compañía de transporte no respondió, en efectivo además. Cada una de esas “anécdotas” hizo que para ella viajar por tierra no sea una opción.

El boleto en Conviasa, si lo consigue, le costará 140.000 bolívares, nada más la ida –el salario mínimo son Bs 177.507. “Los pasajes de regreso están bloqueados hasta el 3 de enero porque en enero aumentan de precio. No hay manera de encontrarlos por Internet, ni llamando. Hay que ir directo a la oficina de Conviasa y perder más de medio día a ver si se tiene la suerte de encontrar un boleto”.

Ese único avión sale de Caracas los jueves al mediodía, llega a la 1:00 pm a Puerto Ayacucho y hace el viaje de regreso a la 1:30 pm. Si el vuelo es sobrevendido, el usuario que no se pudo montar, aunque tenga el ticket en la mano, deberá esperar una semana a ver si, con suerte, logra abordar el próximo avión. La internacionalista recuerda que hubo una época en que eran tres vuelos semanales: lunes, miércoles y sábados. “Conviasa no sirve”, resume.

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Amazonas no es el único destino peliagudo. Llegar a Maracaibo, la segunda ciudad en importancia de Venezuela, esboza un panorama similar. Fernando García no sabe si podrá ver a su padre esta Navidad. El papá vive en Maracaibo, él en Caracas. Su mamá falleció y su hermano se fue del país este año. “De mi núcleo más cercano no tendré a nadie si me quedo en Caracas”. La capital nunca lució tan mal como en este diciembre.

Fernando es un chef de 32 años. Viaja al Zulia cada tres o cuatro meses. Tiene 120 días que no va, y ya la vez anterior fue un suplicio: “Es complicado, hay muchos menos vuelos. Si logro ir es porque un primo me está ayudando y tendría que salir por Valencia, después del 26 de diciembre”.

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De acuerdo con los datos de la Asociación de Líneas Aéreas de Venezuela (ALAV), a Maracaibo salen 21 vuelos semanales –hasta la última semana de noviembre–: dos de Aserca Airlines; seis de Conviasa; siete de Laser Airlines; y seis de Venezolana. No es suficiente.

Ayatola Núñez, periodista, tampoco ha encontrado cómo llegar a celebrar la Navidad con su familia. Paradójicamente, ya tiene un boleto para regresar a Caracas con Aserca que le costó 58.000 bolívares, pero no tiene cómo irse a la tierra del sol amada. A principios de diciembre fue a La Bandera a averiguar los costos que en una semana aumentaron tres veces: primero vio el pasaje en 70.000 bolívares, luego en 80.000 y después en 110.000. En efectivo, por favor.

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“No se pueden comprar con anticipación. Dicen que sí, pero inexplicablemente nunca hay. En cambio hay revendedores que cobran 10.000 bolívares por encontrarte un boleto y así sí aparece”. En el terminal privado que preguntó, que solía tener tres salidas diarias, ahora solo hay una. “Venden los boletos el mismo día, solo si el autobús llega en la mañana. ¿El mantenimiento de esas unidades? Eso solo lo sabe Dios”. Su último recurso: pedir la cola.

“La parte más triste es que no hay plan B. Eso implica quedarme en Caracas encerrado, solo, triste y abandonado. No me puedo quedar. Algo tiene que pasar. Allá está toda mi familia”, suelta Núñez aferrado a la fe.

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Lo que pasa

“La razón por la que no hay vuelos es porque cada vez que una aerolínea mueve un avión pierde una cantidad importante de dinero. Aun vendiendo todos los asientos, lo que recauda no le da para cubrir los costos”, explica Humberto Figuera, presidente de ALAV. Continúa: “El valor de los boletos está regulado muy por debajo del costo real por el que tendrían que comercializarse. Es una distorsión que sea más barato viajar en avión, que un taxi Caracas-Maiquetía, Caracas-Valencia o un bus a Maracaibo o cualquier destino”.

No hay suficientes frecuencias a cualquier destino: a Barinas salen tres vuelos semanales; a Barquisimeto nueve; seis a Maturín; a Coro, Ciudad Bolívar o Cumaná solamente hay un vuelo por semana. En total, ALAV contabiliza 178 vuelos semanales entre Caracas y cualquier otra ciudad del país, para la última semana de noviembre. Y si se consideran los vuelos interciudades la situación es más dramática: en total suman 49.

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“85% de los costos de las líneas aéreas deben pagarse en divisas, y el Estado no le vende a ninguna línea aérea a ningún precio. Evidentemente a quien quiera planear unas vacaciones le va a costar. Hay pocos asientos y en bus hay pocas opciones porque hay una gran cantidad de flota paralizada debido a la falta de repuestos. Para el usuario es muy difícil moverse, como no sea en vehículo propio”, dice Figuera.

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Alexandra Palma no tiene vehículo propio y tampoco buenas perspectivas de reencontrarse con su familia que vive en Puerto Ordaz. Intentó ir en septiembre y no pudo. Si compraba el pasaje en la taquilla de una aerolínea le iba a costar 89.000 bolívares. No consiguió. Optó por preguntar en una agencia de viajes: 223.000 le dijeron. “Era una diferencia sustancial que yo no podía pagar”. Eran sus vacaciones, y el total de su bono vacacional eran 400.000. Es correctora de textos en una editorial.

“Una amiga tenía que ir a Puerto Ordaz por razones de trabajo. Compró en octubre para salir el 30 de noviembre. Se arriesgó porque solo le vendieron la ida, iba a anotarse en lista de espera para regresar el 4 de diciembre, y no se podía venir. El jueves 7 se dio cuenta de que en el aeropuerto no habría manera. Se vino por tierra. Puerto Ordaz-Barcelona y de Barcelona a Caracas. Yo no puedo hacer eso: me da miedo; además que me enfermo”, confiesa Palma.

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En Navidad suelen turnarse para visitarse, el año pasado vinieron a Caracas su hermano, cuñada y sus dos sobrinos pequeños, con la incertidumbre de si hallarían gasolina en el camino. La hubo. Pero al momento del regreso –cuando les faltaban tan solo 30 minutos para cruzar el umbral de su casa, la entrada a Puerto Ordaz estaba cerrada. Había una protesta porque el presidente Nicolás Maduro ordenó dejar sin vigencia el billete de cien bolívares. Tuvieron que desviarse y bordear el estado para entrar por Ciudad Bolívar. “No me quiero arriesgar, la vía es impredecible y seguramente en avión es más difícil”, afirma Palma. Para quien Ciudad Guayana quedó aislada. A ese destino habría 16 vuelos semanales, según los datos de ALAV.

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“Antes volaban para allá Aserca, Rutaca, Conviasa, Aeropostal y Avior. Había vuelos diarios o interdiarios. Ahora me quiero ir yo sola. Sería solo un pasaje y no lo consigo. Por tierra es una locura porque cualquiera cobra lo que le da la gana. Me quedo. Me da lástima por mis sobrinos que son pequeños; pero un pasaje a 300.000 bolívares es mi sueldo. Prefiero comprar comida”.

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