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Vivir sin Internet: Cantv desconecta a Venezuela

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Cantv no responde. Es una tortura, un sentimiento de ansiedad que no se va y una búsqueda compulsiva de wifi. En Venezuela hay quienes han vivido sin Internet por más de un año, mientras el proveedor estatal no resolvió las advertencias que ya eran críticas en 2017. Los afectados se preguntan si el reporte quedó hecho con un signo de interrogación y, más que eso, si algún día, por más mala que sea, volverá la conexión. Mientras tanto, toca aferrarse a la lectura y ampliar los planes de datos celulares

Carolina Aular ha vivido más de dos años sin Internet. Tanto, que tuvo que hacer su tesis para graduarse de Licenciada en Comunicación Social zanqueando de casa en casa de sus amigas. Después de pasar más de 12 meses sin conexión, Juan Tenreiro fue a la sede principal de Cantv, en la avenida Libertador, a entregar un oficio dirigido a la Presidencia de la institución. Al salir, le habían remolcado su carro. María Elisa Villasmil tuvo que pagar más de un millón de bolívares por el servicio de su teléfono móvil porque es cliente postpago. Se quedó sin Internet en casa, y no se dio cuenta de que había excedido los datos de su plan al no contar con el wifi doméstico. Angélica Blanco tiene más de seis meses sin navegar, pero en noviembre le llegó un mensaje de la estatal telefónica Cantv para informarle que su renta mensual había aumentado de 331,69 bolívares a 2.330,59.

En ninguno de estos casos, abandonar la red de redes fue una decisión personal. Tampoco un plan altruista. Ni una forma de desintoxicarse de la tecnología. Un día, estos ciudadanos amanecieron sin conexión y, pese a los reportes, cartas y la búsqueda incesante de un técnico, han pasado meses, incluso años, sin que el servicio sea reconectado. Están de manos atadas.

69,4% de los usuarios en Venezuela acceden a Internet a través del servicio ABA (Acceso de Banda Ancha) de Cantv (Compañía Anónima Nacional Teléfonos de Venezuela), empresa nacionalizada en 2007. La tendencia, de acuerdo con Iria Puyosa, investigadora en políticas y estrategias digitales, “es que cada vez haya un porcentaje menor de la población con acceso a Internet. Asimismo, cada vez son mayores las disrupciones del servicio,  incluyendo caídas de la conexión en ciudades o estados completos por varias horas, así como la baja velocidad de carga y descarga”.

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El informe Freedom on the net 2017, presentado por Freedom House y coordinado en Venezuela por la investigadora Raisa Urribarri, subraya que “tras años de mejoras en la penetración de Internet, en 2016 las cifras de la Unión Internacional de las Telecomunicaciones (UIT) mostraron una disminución real del acceso: de un 61,87% en 2015, a un 60% en 2016”. Al igual que las cifras de penetración móvil que pasaron de 102% en 2012, a 87% en 2016. Los números de 2017 se presumen peores.

“La escasez de dispositivos y terminales para los usuarios finales es evidente y los pocos que se consiguen tienen precios calculados a la tasa del dólar libre que, en mayo de 2017, era superior a 5.200 bolívares por dólar –y al miércoles 10 de enero de 2018 superaba los 150.000. Es casi imposible realizar cálculos precisos en una economía con controles de cambio y alta inflación, pero la realidad es que los teléfonos inteligentes, computadoras portátiles y otros dispositivos tecnológicos son prohibitivos para la mayoría de la población”, reporta el estudio de Freedom House.

Marianne Díaz Hernández, abogada e investigadora de la organización Derechos Digitales, hace un balance aún más desalentador: “En términos de velocidad y acceso, el servicio que Cantv presta en Venezuela ubica a la nación al fondo de la fila en indicadores de calidad en la región. La velocidad promedio de internet es 1,6 Mpbs, y solo 0,5% de las conexiones disponibles en el país (incluyendo todos los proveedores) sobrepasan los 10 Mbps. Esto nos sitúa a una distancia abismal de países como Uruguay o Chile, cuyo promedio de velocidad de conexión oscila entre los 8 y los 10 Mbps”. Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), Venezuela tiene la peor calidad en la conexión a Internet. Jacqueline Faría, presidenta de Movilnet, respondió a la publicación internacional asegurando que la causa es la “democratización del servicio” y que es “muy utilizado por la población”. Mientras que, a su juicio, en otros países es más rápido porque lo usan “pocas personas y es carísimo”.

Díaz brinda otra arista: “La brecha de acceso entre las capitales las zonas rurales se mantiene; mientras en Caracas o Valencia los usuarios pueden elegir otros proveedores, en gran parte del interior del país Cantv mantiene un monopolio absoluto del acceso a internet, lo que implica un paso restringido en factores de calidad, estabilidad y velocidad de la conexión, pero también en lo que respecta a contenidos censurados o filtrados por las autoridades”.

Pero vivir en una gran urbe tampoco es garantía de nada. Las fallas en el servicio de Internet son comunes en cualquier punto geográfico. Angélica vive en Caracas y todavía no sabe cuál es la razón de la falla. Preguntando, bajo cuerda, le dijeron que “era un tema de plataforma”. Ni ella ni sus vecinos tienen servicio ni esperanzas próximas de que regrese. El Internet puede considerarse un invento “reciente”. Sin embargo, es tan nuevo como imprescindible. En julio de 2016, la Organización de las Naciones Unidas declaró el acceso a la red como un derecho humano. “Es horrible no tener Internet en casa. Me siento desconectada del mundo”, dice la docente. Del mundo y de sus hijos. Uno vive en Colombia y el otro en Argentina. Para poder hablar con ellos como acostumbraba tuvo que cambiarse de plan de celular. Su renta con Digitel pasó de 2.000 bolívares a 24.000. cita-4-internet “Internet es necesario para todo: para hacer transferencias bancarias, más ahora que no hay efectivo; para mantenerme informada. Me mortifica que mi sobrina, que vive conmigo, va a empezar la universidad pronto y cómo va a hacer las tareas”, refiere Angélica. Y su descripción se corresponde con las tendencias del consumo digital en Venezuela al cierre de 2017: los portales de los bancos han sobrepasado a los habituales líderes de visitas como las redes sociales y medios de comunicación –el Banco de Venezuela recibió más usuarios que Facebook en el último trimestre del año.

María Elisa Villasmil tiene una preocupación parecida. Sus hijos estudian Medicina, Derecho, Educación Preescolar y bachillerato; y para hacer las tareas deben recurrir a casas de amigos, familiares o ir a un cyber. Se quedaron sin Internet hace seis meses, luego de un fuerte aguacero: “Los cables de Cantv en esta zona de Maracaibo son subterráneos, cuando llovió quedaron sumergidos en aguas negras y la máquina de Cantv que debería sacar esa agua no funciona. Así que estamos sin teléfono y sin Internet. Incomunicados totalmente”. Cuando le llegó la factura de Movistar en un millón de bolívares “casi me da un infarto. Tuve que gastar lo que no tenía para pagar el celular, y ahora todo el tiempo estoy controlando cuántos megas me quedan”. Ella no ve redes sociales en su teléfono, y abre las aplicaciones para lo estrictamente necesario.

Villasmil intentó resolver el problema por su cuenta. Contrataron a un hombre para que revisara la conexión, pero les devolvió el dinero cuando vio cuál era el problema. “Aquí no hay nada que hacer”, les dijo.

No se trata solo de no hacer las tareas o no poder leer las noticias. Mariengracia Chirinos, directora de Libertades Informativas del Instituto Prensa y Sociedad de Venezuela (Ipys), subraya que el acceso a Internet es considerado un principio fundamental para los Derechos Humanos en el mundo. “Es un servicio público que debe garantizarse por ser fundamental, como la electricidad, el agua, etc. En la medida que los ciudadanos tienen un mal servicio, por fallas de inversión, infraestructura, mantenimiento o por condiciones políticas, se limitan las posibilidades de que los ciudadanos se puedan informar libremente. Más bien, se genera un círculo de desinformación porque empieza a verse una desconexión entre los ciudadanos y la realidad, ante las imposibilidades de tener niveles óptimos de navegación”.

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Navegar al mínimo

El Internet en la casa de Juan Tenreiro era “decente para los estándares venezolanos”, hasta que ya no hubo más. Se quedaron sin conexión en septiembre de 2016. Viven en El Hatillo y tuvieron servicio hasta que un camión alto tumbó los cables. Tres días después un carro chocó contra el cajetín que contiene los nodos de Cantv y así, de golpe y porrazo, se quedaron sin teléfono también. “La gente de Cantv no tenía los cables para sustituir los que habían tumbado. Después de diez meses sin teléfono mi mamá pudo hablar con un gerente de la empresa, le suplicó y logró que reconectaran la línea telefónica, pero seguimos sin Internet”. Han puesto la queja ante la estatal, también han ido directamente a sus oficinas, y dejado varios oficios, pero la respuesta es que no hay respuesta. Hay que esperar.

“En una de esas idas a Cantv salí y mi carro no estaba, me habían remolcado a la sede del INTTT (Instituto Nacional de Transporte y Tránsito Terrestre) en Puente Hierro. Me dijeron que debía pagar una multa, pero en el sitio no había punto, que debía ser en efectivo, y después los vi utilizando el punto. Es una mafia”. Una serie de eventos desafortunados.

Los padres de Tenreiro son arquitectos y trabajan desde casa. La ausencia de conexión les pegó más a ellos. Las cuentas de telefonía móvil comenzaron a aumentar, hasta que fueron restringiendo cada vez más su uso. Intentaron cambiarse a otra operadora y tampoco lo consiguieron, así que, por ahora, lo que les queda es “tripear el socialismo”, leer y ver mucha televisión.

Carolina Aular, en los Jardines de El Valle, tiene más de dos años sin Internet, y nunca ha logrado que la empresa del Estado envíe a un técnico. Le pagaron a uno por su cuenta, el servicio regresó por escasas dos semanas y volvió a irse. El hombre no apareció de nuevo. “Es un círculo vicioso que no se resuelve, no sabemos cuál es la razón del problema, para comprar un módem debe ir un técnico de Cantv a verificar, y tener un número de autorización. Eso no pasa y un módem en la calle es muy costoso. Mi papá ha ido varias veces y nada”, reclama. En Mercado Libre, los aparatos nuevos cuestan no menos de un millón de bolívares y el precio puede superar los 4 millones.

“Cuando la población queda sin acceso a internet por largos períodos, se vulnera una serie de derechos básicos que están interrelacionados: el derecho de acceder a la información, evidentemente, pero también el derecho a la libre expresión y otros derechos, como el de la libertad de reunión y asociación, que hoy en día se encuentran vinculados al ámbito digital. A su vez, el acceso a la información y la libertad de expresión son garantías básicas de otros derechos que también afectados, como el derecho a la educación, al trabajo o incluso a la alimentación o a la salud”, explica Marianne Díaz, investigadora de la organización Derechos Digitales. cita-2-internet El Estado es el propietario de la mayoría de la infraestructura de la red troncal de Internet a través de la estatal Cantv, reporta Freedom House. “Impactados por la falta de inversión y de mantenimiento, el deterioro de los servicios es notorio. En marzo de 2017, el presidente de la Cámara de Empresas de Telecomunicaciones (Casetel) advirtió que, si el gobierno no tomaba las medidas correctivas necesarias, los servicios de telecomunicaciones continuarían deteriorándose. Por otro lado, el presidente de Conatel anunció la creación de campañas de concientización para reducir el consumo de datos en el país”.

Se robaron los cables

Las empresas de telefonía se quejan por los robos frecuentes de sus equipos. Freedom House indica que en los primeros nueve meses de 2016 se registraron 506 casos en 306 estaciones de transmisión de Movistar, cifra que se habría incrementado en 2017. “En ocasiones, extensos sectores de algunas ciudades se han quedado sin Internet debido al vandalismo. En octubre de 2016, se creó una nueva Dirección de Seguridad de Telecomunicaciones, adscrita al Ministerio del Poder Popular para las Relaciones Interiores, Justicia y Paz, para atender este tipo de delitos. También se abrió una línea telefónica para recibir informes sobre fallas o ataques a la infraestructura de telecomunicaciones. Hasta ahora, el Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminales (CICPC), ente a cargo de llevar a cabo las pesquisas, no ha divulgado los resultados de sus investigaciones”.

Mientras tanto, las informaciones sobre detenciones por casos relacionados con robos de cable aumentan. Durante 2017 ocurrieron en seguidilla, con un aparente incremento en el segundo semestre del año, como lo refieren estas notas, entre muchísimas que se hallan en una simple búsqueda digital, fechadas en agosto -y de nuevo-, dos veces en octubre -incluyendo contratistas de Cantv- y diciembre. Hasta funcionarios del propio Cicpc han sido capturados por estas prácticas y, sonrientes, fueron fotografiados. No se conoce consecuencia ulterior de sus actos.

En la urbanización donde vive Greasy Bolaños en Guatire se robaron los cables. Ocurrió hace tres meses. Supieron que esa era la causa de su desconexión porque una noche unos vecinos vieron a unos muchachos montados en un poste. “Hicimos el reporte y la respuesta que hubo fue que no tenían cables, ni equipos”. Para Bolaños, vivir sin red es estresante. Utiliza al máximo el Internet de su trabajo y en la noche se limita a abrir solo Whatsapp en su celular. Para colmo, hay un solo punto específico de su casa a donde llega su señal de Movistar. “Cambiar de operadora ahora es un gasto adicional que no puedo costear”.

cita-1-internet Según Iria Puyosa, “la restricción del acceso a internet a través de mecanismos como la desinversión en infraestructura, que ocurre claramente en Venezuela al menos desde 2011, es una política de control de la información. Explícita en el Plan de la Patria, presentado por Chávez en su campaña de 2012 y que ha venido ejecutándose durante el gobierno de Nicolás Maduro”.

El programa de gobierno de Chávez, asumido por Maduro y convertido en ley por la Asamblea Nacional en diciembre de 2013, establece entre su objetivo estratégico y general 4.4.2.3 “llevar a niveles no vitales la conexión de Venezuela con las redes de comunicación e información dominadas por las potencias neocoloniales”.

Marianne Díaz coincide: “El deterioro creciente de la infraestructura no es causal ni accidental. Se deriva de decisiones y políticas públicas implementadas desde las estructuras de poder. Por ende, al permitir que los ciudadanos sufran las consecuencias del deterioro de la infraestructura, el Estado incumple con sus obligaciones de garantizar un mínimo de acceso a los servicios básicos e incurre en acciones que, al valorarse en el contexto de otras políticas, como las normativas para regular, filtrar y sancionar contenidos en Internet, pueden considerarse indicadores claros de un estado de censura”.

Las cavernas no están tan lejos de Venezuela.