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#EntrevistaUB | Asier Cazalis: Hacer pop es como salir del clóset

Asier feature

Atareado con miles de compromisos, Asier Cazalis aceptó abrirnos las puertas de su casa y dedicarnos una hora de entrevista. Partía esa misma noche a Colombia y mientras conversaba con nosotros sorteaba un montón de juguetes de Julen, su hijo, para poder dar con los objetos que metería en la maleta Dicen que los hombres se ponen más interesantes y sexis con la madurez, y Asier Cazalis no se escapa de esta suerte. Con un porte cuarentón y con una que otra cana en la barba desaliñada, el líder de la banda Caramelos de Cianuro se muestra renuente a quedarse en la nostalgia y se niega a renunciar a una adolescencia rebelde y eterna.

El cumpleaños número 20 del disco de culto de la banda, Harakiri City, le cayó por sorpresa. Entre juguetes y fotos de su familia, el lead singer declara que él lo único que ha querido es divertirse con su música y hacer disfrutar a sus seguidores. No quiere ver para atrás, quiere seguir creando sin paragonarse en lo histórico, en el archivo.

—Este mes Harakiri City cumplió 20 años ¿Cómo puedes tú explicar la evolución de la banda y de su sonido? 

—Bueno me parece que ha evolucionado para bien. Ese es un poco el secreto de poder seguir haciendo música, de poder seguir viviendo de esto que es tan difícil y tan extraño. Creo que se han perdido algunas cosas y ganado otras. Se van aprendiendo nuevos trucos, nuevos recursos, cuáles cosas que funcionan y cuáles no.

—¿Y la tuya como artista, qué ha cambiado en tu forma de hacer música, de componer?

—Hay períodos más estériles y otros más fértiles, como en todo. Hay cosas que ya dijiste que tienes buscar otras maneras de decirlas. Eso pasa cuando ya tienes 100 canciones. Eso es un trabajo de todos los días. Si fuera fácil, todo el mundo lo haría. No le harían entrevistas a quienes lo hacen. Sí ha cambiado la manera en que compongo. Trato de aprender trucos nuevos. Me preocupo mucho por la armonía, por los acordes, las notas, por la parte técnica. Después me trato de salir poco. A veces me obsesiono por las rimas, por las métricas. Me gusta pensar cómo suena el lenguaje. Tratar de que las cosas cuadren fonéticamente.

—¿Antes el proceso era más orgánico?

—Sí, pero siempre tengo cuidado en que cada frase de mis canciones diga algo. También de chamo uno está más despierto. Los chamos inventan canciones todos los días, y pintan todo el día. En la adolescencia uno lee mucho y tienes la poesía flor de piel. Todo es como muy intenso.

—¿Qué prepara Caramelos para celebrar los 20 años de este disco?

—Yo soy el menos nostálgico de la banda. Yo me mantengo mirando para adelante. Qué bien y qué bolas que haya pasado tanto tiempo, para mí fue impactante. Me enteré por Twitter. Hay personas dentro de la banda que les gusta más eso, guardar todas las entrevistas, y realmente eso a mí no me interesa. Me interesa ver hacia el futuro, qué voy a hacer ahora, y qué bonito que la gente todavía lo recuerde. Eso me llena de alegría pero trato de ocuparme en lo que voy a hacer ahora.

—Bueno, ustedes no tendrán nada planeado pero vendrán homenajes como el que les quiere hacer la Fundación Nuevas Bandas.

—Verdad, sí, sí. Yo creo que todo eso me hace sentir viejo, entonces no me gusta. Cuando ya la gente habla de “leyenda”, de “que ellos son ya una institución”, y esas cosas. No, nosotros éramos los trasgresores. ¿Qué pasó? ¿En qué punto cambiamos? No sé en qué momento pasamos de joven precoz a viejos y maduros. Hay que mantener el sentido del humor también. _MG_9305r1

Cazalis dice esto entre broma y verdad, con las cejas arqueadas y la risa nasal que siempre lo ha caracterizado y hecho de él un personaje. Hablar de los 25 años de Caramelos como banda, le deja un sabor agridulce, lo invita a tomar el bajo y la guitarra y buscar otros riffs pegajosos que hablen de una reinvención personal.

 

—¿Puedes regalarnos una anécdota de la grabación de Harakiri City que no la hayas contado antes?

—Me acuerdo que ese disco lo hicimos con Polygram, que en ese momento era la misma Universal. Era la época que salían muchas versiones irónicas de canciones pavosas como hechas más a un estilo rock ‘n roll o punk, y nosotros teníamos una versión de “Por qué se fue, por qué murió” -El Último Beso-. Nos encantaba, era maravillosa y se la enseñamos a la disquera. Pero ellos se la dieron a Guillermo Dávila. Para nosotros él era lo más pavoso del momento. En ese momento, nosotros éramos punk y fue una indignación terrible.

—Tú me estás conejeando…

—No, de verdad. Nosotros hicimos una maqueta de “Por qué se fue, por qué murió”. Un punk rock, tipo Los Ramones. A la disquera le gustó la idea, pero ese mundo está lleno de pillos y Guillermo Dávila era el ídolo de la generación. Por supuesto nos dio mucha arrechera porque el tema fue grabado en el mismo estudio donde nosotros grabábamos. En el medio de la adolescencia pensábamos “fooo Guillermo Dávila”, y él había grabado una versión infame y la de nosotros era finísima. Al final el estudio resultó ser buenísimo y maravilloso y lo que más recuerdo de ese momento es haber grabado con Daniel Fernández que es uno de los dueños de la sala. El sonido es maravilloso. Es un disco que se hizo en Adapt, una cosa muy extraña que se usó en un momento dado y por eso el disco tiene un sonido muy particular.

—Muchos fanáticos creen que el mejor disco de Caramelos fue Harakiri City ¿Coincides con ellos? 

—No es mi disco favorito, te confieso. Ni mi segundo, ni mi tercero. Fue extraño tratar de hacer un disco más de concepto. Yo siempre como artista, y Caramelos como banda, nos hemos orientado a las canciones. De cómo funcionan esos tres minutos, ese viaje que te ilustra ideas. La idea de hacer ese disco fue un intento de hacer un concepto. Están los dibujos de Pablo, maravillosos, en aerografía. Tenían que ver con historias de ciencia ficción y traté de escribir algunas canciones que tuvieran una relación muy vaga con eso. Fue una idea y cualquier excusa es buena como para comenzar a hacer música. A pesar de tener canciones muy variadas. Tiene El Martillo, que es una de las canciones de las que estoy más orgulloso de haber compuesto. Todavía la tocamos y suena todos los días en una hora loca.

—Algunos fanáticos creen que la banda ha tomado un giro hacia lo pop y esto puede ser tomado como una involución. Normalmente las bandas de rock pasan de las secuencias pop, amigables y fáciles a sonidos más complejos, más auténticos, más arriesgados.

—La música es muy democrática y si gusta, gusta. Creo que hay dos maneras de experimentar la música: una es la manera íntima de relacionarte con la canción y la otra manera es la social, de lo que esa canción dice de ti. Creo que a veces se confunde el éxito comercial con lo que la gente llama peyorativamente “lo comercial”; que yo tampoco sé que quiere decir eso. No termino de entender eso de “comercial” como algo malo. Me parece un elogio cuando la gente dice: “ellos tuvieron lo que querían, querían pegar y la pegaron”. Realmente uno no hace las canciones pensando en pegar, sino haciendo lo mejor que uno puede y lo que le entusiasma en ese momento. A veces, uno agarra lo que hay; no escribe las canciones que quiere, sino las que puede. A medida que los discos tienen éxito, la gente siente que la banda pierde algo de aquella banda de cuando era joven. Todos lo hemos sentido. Yo era fan de Red Hot Chilli Peppers desde los 14 años. Era mi banda favorita y cuando se hicieron famosos yo dije “qué mierda son los Chilli Peppers”. Siento que la música es tan diferente. Para bien o para mal, todas las bandas van cambiando por lo general para un sonido más suave. Yo trato siempre de mantener la energía y la alegría, de respetar al público y que la gente se divierta (…) Después de Harakiri City, hicimos Miss Mujerzuela, que es un disco, como tú dices, muy melódico. Grabado y mezclado de una manera muy pop. Nosotros éramos jóvenes y así se dio la cosa y trabajamos con un productor que trabajaba de esa manera. Luego hicimos Frisbee, un disco muy pesado, muy guitarrero, y la disquera casi que ni lo quería sacar. Porque cuando haces pop es como si salieras del closet, no te puedes volver a meter.

—¿Crees que después de haber introducido tantos matices electrónicos, que comenzaron a mezclarse quizás desde Flor de Fuego, el sonido de Caramelos sigue siendo el de Rock? ¿Puedes defender que esto siga siendo así?

—Si la gente quiera pensar que es de rock o si quiere pensar que es otra cosa que lo piense. Como te dije, los géneros no es algo que me preocupe y no es muy original clasificar a las bandas. Uno se reserva el derecho de hacer algo diferente. Después de una carrera de ocho discos, uno empieza a probar cosas diferentes.

—Creo que el cambio de Caramelos ha sido 180 grados, y quizás también influyó que han cambiado con los años los integrantes.

—También, y tiene mucho que ver. Que no sean los mismo integrantes influye en que los resultados sean diferentes. Una banda es más que las canciones, todo el mundo dice, todo el mundo opina, todo el mundo colabora. No solo lo hace el compositor. Creo que ha sido para bien. Nos hemos ido profesionalizando. Yo  he ido dándome cuenta de que rodearme de músicos buenos me hace mejor músico a mí también.

—¿Cómo te va con la paternidad? ¿Es difícil ser estrella de rock y padre de familia?

—Buenísimo, me encanta. Es lo único que está a nivel de lo que la gente dice. La gente te dice: “esa montaña rusa es arrechísima, súper fuerte”. Cuando te montas, tú sales pensando: “bueno, está de pinga, pero no era tan arrecha como me dijeron”. Pero la paternidad sí está a la altura de las expectativas. Es muy divertido, muy bonito y no lo cambiaría por nada.

—Pero me imagino que han cambiado muchas cosas, como por ejemplo esta sala antes debía ser como tu estudio y ahora es una sala de juegos

—Sí, claro. Ahí estaban todos mis instrumentos y he ido guardando todo. El piano lo toca ahora él. Aquella guitarra (señala a una de sus joyas sobre una mesa que está fuera del alcance de los niños). Fíjate, algo curioso. Ahora escribo con la guitara desenchufada y con el piano muteado y hay cosas en particulares que si las toco con el piano bajito no suenan bien, pero no puedo despertar al bebé

—¿Cambiaste los trasnochos de afterparties por los madrugones de padre?

—Sí, se despierta uno más temprano, pero no me puedo quejar. Creo que empecé tarde y ahorita me arrepiento de no haber tenido cinco bebés antes.

—¿Vienen más?

—Claro, cinco

—Muchos tratan de imitar tu voz, juegan con tu tono que es muy único ¿Qué piensas de esto? ¿Te parece un halago o burla?

—Me da risa. A veces me pongo nervioso. Me dan risas nerviosas. Pero claro que me parece un halago, no me voy a poner bravo por eso (risas).

—Pero tú estás claro que has creado como un personaje en tarima.

—Bueno, sí,. Uno como que se vuelve otra persona. Es parte de que en el escenario todo tiene que ser más claro. También es una cosa anacrónica. Siempre lo digo por la cosa noventosa de quitarse la camisa. Ahorita los chamos no se quitan la camisa y gritan “¡rock!”. Ahora todo es ironía y ver para abajo. Ya no es como antes. Creo que nosotros nos divertíamos más.

—Creo que también tiene que ver mucho con el lenguaje que usas, por ejemplo decir “nenas, brassier, rico, ninfomaníaca”, es muy Asier.

—Puede ser.

—¿Después de más de 20 años dando entrevistas, puedes contarnos una anécdota muy íntima que no hayas contado antes?

—Me pasa algo siempre y es que después de que la gente me conoce dice cosas como: “ah, pero tú eres pana. Yo creí que tú eras aburrido y horrible”. No hay ningún día que no me pase. Será que tengo cara de guevón o de que trato mal a la gente. Hoy me pasó otra vez: “pero tú eres chévere”. Bueno, normal. Debe ser que la gente cree que el ego está ahí todo crecido.

—Hace 20 años tocabas el bajo en la banda. ¿Retomarás el instrumento en tarima?

—Bueno, sabes que el único que le puede armar peo a Pavel soy yo. El único que le puede decir si esa vaina no se toca así. Pavel es un músico maravilloso, toca todo los instrumentos arrechísimo, el cabrón. Pero como yo era bajista, bueno… Compongo mucho en el bajo. A veces llegó con cosas en el bajo que él las toca de otra manera, más arrecha seguramente. Pero pasa eso, sí. Me gusta todavía.

—¿Qué es lo que viene de Caramelos próximamente?

—Queremos grabar el concierto de los astronautas porque nos gustó mucho cómo quedó. Me parece que vale la pena registrarlo. Distribuirlo de una manera otra, o que lo pasemos por un canal de cable. Eso probablemente se hará antes de que termine el año.

—¿Han avanzado en algo, tienen lugar, por ejemplo?

—Estamos entre Maracaibo y Caracas. Teresa Carreño se está perfilando, pero me gusta más el Palacio de los Eventos de Maracaibo. Es más pequeño,  pero me parece que tiene más espacios para poner cámaras. El Teresa Carreño es complicado: embarcan, pasó lo de Yordano…

—Claro, pero porque el caso de Yordano tiene el componente político.

—Nosotros también. Hemos hecho mil vainas para la oposición. Nosotros estamos más rallados de oposición que María Corina.

—Tu esposa, Auri, es una de nuestras chicas UB. ¿No te pones celoso?

—No, no me pongo. Un poquito, pero sabroso. Eso le da picante a la relación. Siempre hay que mantener el salero en el matrimonio. Me encanta. A mí me gusta, yo soy esposo y papá moderno.

—¿Cómo la conociste a ella, era una “groupie”?

—No, ella es periodista y me estaba haciendo una entrevista así como tú, igualito.

—¿Eres seguidor de UB, qué te parece nuestro paso a la web?

—Me encanta, claro. Seguidor siempre. Me parece que el paso a la web es algo muy cónsono con los tiempos que se viven. Yo soy demasiado digital. A veces, tengo que dejar el celular aparte para descansar. Les deseo mucho éxito en esta etapa web.

—Gracias, Asier. Yo creí que eras echón, pero resulta que eres burda de pana.

 

Juguemos Ping-Pong