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Así es un día cualquiera en la vida de un profesional venezolano

Los sobresaltos que todos los días viven los venezolanos no son fáciles de imaginar para personas de otros países. Presentamos un diario de un día cualquiera, ayer, en la vida de una profesional

Así es un día cualquiera en la vida de un profesional venezolano

Cada día, todos los días, son de sobresaltos para los venezolanos. Son cosas que las personas que viven en otros países no pueden imaginar.

Gran parte de la vida, incluso de quienes viven en zonas urbanizadas de clase media alta, se dedica a resolver imprevistos o a reorganizar los planes cotidianos ante las constantes fallas de servicios o la escasez de productos que vive el país y que se ha agudizado desde 2014.

Mi nombre es María Emilia Salgado y soy licenciada en Relaciones Industriales. Ocupo un cargo gerencial en una organización informativa con trayectoria. Tengo un niño de año y medio. En la actualidad, como la mayoría de los profesionales venezolanos, estoy trabajando a distancia. Vivo con mi esposo (que también teletrabaja), mi hijo y mi suegro de 79 años, en una casa dentro de un conjunto residencial privado en el sureste de Caracas. Ayer hice un diario de los sobresaltos que viví.

Esta bitácora es el reflejo de un día cualquiera en la vida de un profesional caraqueño de clase media:

Martes 23 de septiembre de 2020

8.34 am. Se fue la luz. Mi angustia se multiplica porque solo tengo 20 % de batería en la computadora y 12 % en el teléfono móvil. Anoche olvidé cargarlos. Como no hay servicio eléctrico, no tengo internet ni agua tampoco.

Los venezolanos no pueden irse a dormir sin cargar todos sus aparatos porque no saben si al día siguiente tendrán luz. Cuando no hay energía eléctrica, en muchas viviendas también se cortan servicios como Internet (sobre todo si es por fibra óptica) y el agua, pues las bombas hidroneumáticas no funcionan. 

9.48 am. Me enteré que la aerolínea Air France, una de las pocas que seguían operando en Venezuela, dejará de volar al país. Eso me deprime porque siento que, cada vez más, los venezolanos estamos aislados del mundo.

10.23 am. Regresó el servicio eléctrico. Ahora a tratar de recuperar el tiempo perdido en el trabajo.

El impacto al regresar la luz puede dañar aparatos eléctricos y quemar bombillos. Es bastante común que eso suceda. 

10.40 am. Se le fue la electricidad a una diseñadora que es parte fundamental de mi equipo. Como no tiene electricidad, tampoco tiene internet y no podemos cumplir con todo lo asignado.

11.00 am. A una periodista de mi equipo le suspendieron su participación en un programa de radio porque la conductora del programa está incomunicada, sin internet y sin teléfono para poder hacer la entrevista. El programa de radio se suspendió por completo.

11.30 am. Mi esposo se enteró que la fila para poner gasolina se estaba moviendo porque llegó la gandola con el combustible y fue corriendo a hacerla. Tiene que poner gasolina hoy porque solo surten por el número de placa y es el día que nos corresponde. Regresó frustrado porque la fila era de muchos kilómetros y no puede perder tantas horas de trabajo.

Los caraqueños deben hacer muchas horas de fila para poner gasolina. A veces hacen la cola y no tienen la suerte de surtir. Los militares y policías que custodian la cola pasan irregularmente a personas que no hacen fila. Aunque los demás reclaman, lo siguen haciendo. En otras partes de Venezuela, la espera es de días. 

Lea también: Valencianos hacen 12 días de fila para poner gasolina

2.15 pm. Se fue la electricidad otra vez. A las 2.30 tenía una importante reunión por zoom que no pude hacer. Tampoco pude avisarle a tiempo a mi jefe porque no tenía señal en el celular. Sin embargo, como el apagón ocurrió en muchas zonas de Caracas, mi jefe se lo imaginó y solicitó a una persona en España que cumpliera con mi función de grabar y coordinar el encuentro.

2.20 pm. Mi suegro llegó a la casa pero, como no hay electricidad, no puede abrir el portón del conjunto residencial. Es muy pesado para que pueda moverlo él solo, a sus 79 años. Salimos de la casa y caminamos hasta la entrada del conjunto para ayudarlo.

2.35 pm. Mi cocina es eléctrica, así que no puedo preparar el almuerzo. Como se nos va tanto la electricidad, tenemos una hornilla tipo camping que funciona con carbón. La encendimos y asamos unas salchichas.

2.45 pm. Regresó la electricidad, pero no la señal del teléfono móvil.

 

Foto referencial. Cortesía Pixabay / Pexels

3.35 pm. Ya tengo señal en el móvil. Ahora a adelantar todo el trabajo atrasado.

6.54 pm. Sigo teletrabajando, porque estoy muy atrasada y se acaba de ir la electricidad otra vez. Cada vez que se va la luz me angustio porque puede ser un apagón general como el que sufrió todo el país en marzo de 2019 por cuatro días.

Es frecuente que en Venezuela haya varios cortes eléctricos no programados en un mismo día. 

Foto referencial. Cortesía Frank K / Pexels

7.00 pm. Regresó la electricidad.

8.00 pm. Ya terminé de trabajar. Ahora debo bañar al niño y lavar las cosas de la cocina con agua que tengo almacenada en el tanque de mi casa y recogida en baldes y envases. En mi casa racionan el agua toda la semana y solo surten el fin de semana. Pero desde hace un mes, este horario no se cumple por diferentes fallas en los sistemas que surten de agua a Caracas.

El racionamiento de agua en Caracas es extremo. Desde hace más de seis años, muchas urbanizaciones del este y sureste de la capital reciben el servicio apenas dos días a la semana. En las barriadas de esos mismos sectores, donde el sistema de tuberías es más complicado, no reciben desde hace meses. 

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Con edición de Giuliana Chiappe

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