Así se viven los apagones en Valencia

En numerosas zonas del país, como en el estado Carabobo, las calamidades por los deficientes servicios públicos obligan a los ciudadanos a inventar maneras para alimentarse o cumplir con sus labores diarias, en medio de los rigores que impone la cuarentena por la covid-19

Así se viven los apagones en Valencia

Las fallas eléctricas se han vuelto cada vez más frecuentes en el área metropolitana de Valencia, en el estado Carabobo, y son un angustiante recuerdo que los apagones de 2019.

La semana pasada se registraron varias fluctuaciones eléctricas, comúnmente llamados bajones. Desde el martes 29 de septiembre, los valencianos sufrieron cortes de luz que duraron siete horas en el mejor de los casos, y hasta 20 horas, en el peor. La incomodidad de la falta de luz aumenta en las zonas sin gas doméstico. Las hornillas eléctricas son la mediana solución para preparar algunos alimentos, pero al registrarse un apagón, tampoco se puede cocinar.

¿Por qué ocurrieron las fallas?

Según reportes en redes sociales, las nuevas fallas se produjeron por un conato de explosión en la subestación Guaparo y Camoruco, ambas ubicadas en Valencia.

Más de 20 sectores reportaron apagones el día miércoles, aunque algunos se extendieron hasta el jueves al mediodía. En las urbanizaciones Guataparo y Portachuelo estuvieron, en total, 26 horas sin energía eléctrica.

En la zona varios establecimientos comerciales como mercados, farmacias y panaderías no pudieron abrir en la mañana sus puertas porque el gasoil se les agotó y las plantas eléctricas se detuvieron. En otros negocios, simplemente no cuentan con el recurso de la planta para auxiliarse en casos como estos.

Luis Martínez, un obrero que trabaja en la zona norte de Valencia, dijo que trató de comprar pan y jugo en tres panaderías y no fue posible porque los puntos de venta no estaban funcionando. “Se va la luz y empieza todo a complicarse, no se puede pagar, ni hacer transferencias tampoco, se cae la señal de los teléfonos celulares. Un caos todo”.

Por otra parte, José Pereira, jubilado de 75 años de edad, residenciado en El Bosque, Valencia, fue a una farmacia para comprar un antipirético que necesitaba su esposa y recorrió tres establecimientos. Los dos primeros no tenían conexión bancaria por las fallas eléctricas y fue en la tercera donde pudo llevarse la medicina.

“Así se pone todo, lento, desmejorado, como el país. Ahora la vida es complicada, incluso si no sales de tu casa como nos han pedido. Qué buena broma lo que nos pasa en Venezuela”, se quejó Pereira.

Las desventuras por agua y gas

Al irse la luz, por lo general se paralizan muchas bombas de agua de conjuntos residenciales y edificios, así que tampoco se cuenta con este servicio durante los apagones. En otros casos, ya el agua está racionada a pequeños lapsos en la mañana, mediodía y noche: 15 a 30 minutos, aproximadamente.

“Cuando se va la luz no podemos tampoco cocinar. Imagine cuando son 12 o 15 horas sin electricidad. Allí sufre la familia entera porque no hay modo de cocinar, a menos que sea pan con queso, y eso cuando hay”, refirió Lorena Márquez, una mujer de 72 años que llegó a una panadería en Prebo, Valencia.

Dijo que en su casa viven cuatro personas y que sin luz ni gas se complica la situación. “Tenemos una olla arrocera y una hornilla eléctrica, pero sin luz quedamos en cero. Llevamos más de cuatro meses esperando por el gas de la empresa Gas Drácula y nada”.

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