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Enfermarse por comer o no comer en escasez

Diseñar una dieta o menú diarios y balanceados en la Venezuela de hoy es un suplicio que acarrea en algunos casos graves consecuencias. La hiperinflación, la crisis y la tan repudiable escasez han cambiado los hábitos alimenticios del ciudadano hasta el punto de enfermarlos

Enfermarse por comer o no comer en escasez

Comer es mucho más que una transacción fisiológica. Trae placer y deleite, además de ser un unificador cultural por excelencia. “Es tan sabroso vivir y comer”, decía una canción de Guaco. Pero aquello terminó y amenaza el adagio de que amor con hambre no dura. En las colas se oye que esto no lo aguanta nadie, que con los adecos y los copeyanos se estaba mal pero al menos había qué comprar en el supermercado. El quiebre de la producción nacional y unos convenios de importación que rozan lo numinoso han traído a la vida del venezolano una nueva forma de angustia desquiciante, que va de pasar incontables horas en colas para adquirir alimentos o cambiar radicalmente sus hábitos alimenticios, bien por la escasez o bien por los altos precios.

Lorena Martínez dedicaba cuatro días a la semana al gimnasio y a llevar una dieta saludable. Luego de que su hijo de 18 años decidiera irse del país la depresión alzó la mano, circunstancia que se alineó con las dificultades para adquirir comida: “Puedo prescindir de la pasta, la harina o la leche, el problema es que ahora muchas veces para ir al supermercado ni siquiera puedes entrar para hacer tu mercado normal, porque no se permite ingresar sino a las personas por número de cédula que quieren los productos regulados. Sencillamente perdí el interés, además de que los productos dietéticos han aumentado de precio y tampoco puedo ir al supermercado a cada rato para ver si puedo entrar, porque yo tengo un horario de trabajo que cumplir. Ahora como lo que consigo y he ganado peso. Antes podía comprar muchos frutos secos y ahora es imposible con los precios de 4000 o 5000 por kilo. Ya no hay placer en cuidarme. Cuando estoy nerviosa me tomo un vaso de malta con doritos, y cada vez lo hago con mayor frecuencia”.

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Alejandra Bethermyt, entrenadora personal, confirma desde su experiencia y en consonancia con Martínez, que la gente va rompiendo con sus logros e intereses fitness. “Desanima mucho, porque ya cambiar la alimentación a una más saludable, o a una enfocada en objetivos como perder grasa, trae consigo un poco de ansiedad, normal por el cambio de hábitos y de alimentación. Pero agregar también el hecho de no conseguir lo que buscas desespera. Yo tengo que ir a cinco supermercados para tratar de conseguir lo que busco, y encontrar el mejor precio, y no es para nada cómodo. Y no solo afecta en cuanto a la alimentación, sino también con respecto al ejercicio. Los gimnasios también han subido sus costos al igual que los entrenadores, entonces las personas con la misma situación no se inscriben porque quizás es un lujo que no se pueden dar. Además del gimnasio, está el costo de la ropa y zapatos deportivos”. Pero existen alternativas, Bethermyt no se deja apabullar y de inmediato ofrece sus recomendaciones. “Pienso que ahorita hay que hacer lo mejor con lo que tenemos. Compra hortalizas y frutas de temporada para que te salgan más económicos; estos son buenos todos, la idea es variar en la medida de lo posible para obtener todas las vitaminas y minerales. Avena, plátano, batata, pan integral, tortillas de arroz integral inflado, entre otros, son opciones de carbohidratos que se consiguen. Con las proteínas también hay que adaptarse, si esa semana conseguiste pescado pues come pescado, si solamente pollo pues será pollo, las sardinas son una opción saludable que casi todo el mundo deja de lado, si las compras en lata seca bien el aceite y listo, son buena fuente de omega 3”.

Laura Zambrano, soltera y empleada pública, tiene un hijo de ocho años que requiere de una dieta especial, dada su condición de sobrellevar un “trastorno de déficit de atención e hiperactividad”, por lo que requiere de una dieta baja en azúcares, enlatados y embutidos. “El paquete de galletas sin azúcar ni gluten ya llegó a los 700 Bs y puedo necesitar hasta tres a la semana para hacer la lonchera. Si no consigo el pollo regulado, entonces tengo que pagar hasta 450 por kilo. Es increíble, pero comer sano y sin mucho adorno sale más caro que comprar porquerías. Una señora me hacía un yogurt sin azúcar y pasó de 300 Bs. el pote a 750. Mi prioridad es que mi hijo siga su dieta, pero prácticamente tengo que dejar de comer yo. Y por mi hijo hago lo que sea, pero ya he perdido cinco kilos. No sé qué voy a hacer”.

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Por su parte, Ricardo Cie, vicepresidente de una agencia de publicidad, ilustra el caso de la clase media que observa a diario cómo la estabilidad alcanzada se tambalea a partir de su alimentación. “Por precio, todo lujo o consentimiento ha ido saliendo de nuestra fiesta básica. La sabrosura desapareció. Antes podía haber Nutella en casa —ya la he visto hasta en 15.000 Bs. Nada extra de charcutería, fuera del jamón y el queso. El pan fresco es ahora una eventualidad. Leche cuando se consigue nada más. ¡La pasta es un lujo! Variamos menos en el menú semanal y mi nueva diabetes ha sumado mucha más verdura y fruta a las compras. La lonchera y la comida en general de mi hijo es la prioridad de la casa. Pero se va tres veces más por comida que antes porque no consigues todo en un viaje”. La enfermedad agrega otra carga emocional al bolsillo y a la búsqueda del alimento, como afirma Cie. “Me afecta en el sentido en que debo obligatoriamente seguir una dieta balanceada que me obliga a tener de todo en casa y eso es prácticamente imposible. Si tengo galletas de soda —para meriendas— no tengo gelatina light —parte del menú del almuerzo. Otra opción de merienda son los frutos secos. Pero el fruto seco de menor pedigree es el maní y su precio está en el mercado de Chacao en 1.400 Bs. el kilo. El merey o la almendra están por encima de los 4.000. Calcula por ahí”.

Emeris López, nutricionista y coordinadora en el Centro de atención nutricional de Antímano (CANIA) refiere que es cuestión de insistir en las alternativas saludables y en la buena voluntad, a pesar de las circunstancias que afectan la vida cotidiana del venezolano. “Se hace inminente la necesidad de educarnos en temas de alimentación y nutrición, y de aprender un poco más de las bondades y preparaciones de los alimentos que aún tenemos disponibles, con el fin de disminuir la selectividad acostumbrada y ampliar la aceptación a nuevas preparaciones con nutrientes de calidad. La dieta debe cubrir las necesidades de nutrientes según las características del individuo. No son iguales los requerimientos nutricionales de un lactante, un niño, un adolescente, un adulto sano o enfermo, una mujer embarazada, un anciano o un deportista. La leche materna debe ser el único alimento para los niños menores de 6 meses y se debe mantener combinada con otros alimentos hasta los 2 años, ya que les proporciona todos los nutrientes que necesita. Todos los miembros de la familia, en particular los niños, deben realizar el desayuno antes de empezar sus actividades diarias.El grupo familiar debe recibir diariamente una alimentación variada que incluya alimentos de los seis grupos básicos, es decir: lácteos, hortalizas, frutas, cereales, carnes y grasas.

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¿Qué alternativas tenemos para lograrlo?, se pregunta López y a continuación responde:

  • Ubica los expendedores con ofertas que se ajusten a tus posibilidades.
  • Elabora siempre el menú de la semana y la lista de lo que requieres, previendo los sustitutos. Al realizar la compra actualiza tu menú.Los sustitutos debes seleccionarlos entre los mismos grupos de alimentos, es decir: carnes: huevos, quesos y pescado, por los mismos alimentos; leche por  yogur; auyama por otra hortaliza amarilla, brócoli por otra verde.
  • Al seleccionar frutas y hortalizas asegúrate que entre ellas lleves al menos cinco colores, ya que cada uno representa un nutriente diferente. Hay mercaditos ambulantes por día, con opciones frescas un poco más económicas de acuerdo con la época.
  • Siembra en tu ventana o jardín los condimentos naturales como perejil, cilantro, célery, cebollín, y úsalos en las tres comidas del día y en cantidades importantes verdes, para realzar el sabor de la preparación de tus alimentos. Solo requieren atención, sol y agua.
  • Las frutas, ofrécelas en trozos. Las que lo permitan sin pelar; de esta manera consumes fibra, además de vitaminas y minerales.
  • Las hortalizas, consúmelas diariamente. La mitad de ellas en preparaciones servidas crudas, como ensaladas de hojas verdes —lechugas, espinacas, entre otras— y la otra mitad cocidas o como parte de otras preparaciones: sopas o guisos.”

Antonio Hernández, un abuelo de 65 años, hizo una cola de trece horas en un supermercado Bicentenario de Puerto la Cruz. Ha tomado en cuenta algunas de las recomendaciones mencionadas, pero en vista de lo apretado del presupuesto familiar, hoy no tuvo más opción que hacer la cola de trece horas porque el supermercado ofrecía tres paquetes de carne y tres pollos por persona a precio regulado. Cuando llegó su turno, apenas le permitieron adquirir dos pollos y dos leches líquidas. “Nos tratan a como a unos perros y los guardias y los policías no disimula cuando se cogen la mercancía”.

Viene a cuento aquello de que el hombre es el lobo del hombre. Alguien en la cola dijo que el 6 de diciembre se las iba a cobrar todas.