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Vargas Llosa hizo de la ficción su realidad

“Sin las ficciones seríamos menos conscientes de la importancia de la libertad para que la vida sea vivible y del infierno en que se convierte cuando es conculcada por un tirano, una ideología o una religión”, dijo Vargas Llosa en su discurso el día que ganó el Nobel de Literatura. El autor peruano recibe desde Clímax su merecido reconocimiento

Vargas Llosa hizo de la ficción su realidad

El 7 de octubre de 2010, a las 6:45 de la mañana, sonó el teléfono de Vargas Llosa. Las palabras de aquel interlocutor, cuya voz venía desde Suecia, le anunciaban que había ganado el premio Nobel de Literatura por su «cartografía de las estructuras del poder y aceradas imágenes de la resistencia, la rebelión y la derrota del individuo».

Vargas Llosa hizo de sus historias palabras, y de sus palabras premios. Antes de su reconocimiento, en el 2010, ya había llenado su repisa de galardones internacionales y sus relatos habían sido traducidos en diversos idiomas. Su discurso fue pronunciado el 10 de diciembre en nombre de todos los ganadores. Aquí sus palabras: “Si convocara en este discurso a todos los escritores a los que debo algo o mucho, sus sombras nos sumirían en la oscuridad. Son innumerables. Además de revelarme los secretos del oficio de contar, me hicieron explorar los abismos de lo humano, admirar sus hazañas y horrorizarme con sus desvaríos. Fueron los amigos más serviciales, los animadores de mi vocación, en cuyos libros descubrí que, aun en las peores circunstancias, hay esperanzas y que vale la pena vivir, aunque fuera sólo porque sin la vida no podríamos leer ni fantasear historias”.
El escritor peruano creó un universo novelesco que se hizo referencia para el mundo de la literatura no solo latinoamericana, sino también mundial. Según su homóloga venezolana, Gisela Kozak, “Mario fue un escritor de muchas caras. En cada uno de sus relatos, cuentos o novelas hay una versión distinta de él mismo”.
Las caras de Mario se dejaron ver en sus novelas. La del hombre político que analizaba el rol del poder en la sociedad con La ciudad y los perros, La casa verde, La Fiesta del Chivo. La cara del  fantasma que también lo habita lo azuzó a escribir los ensayos: «Historia secreta de una novela», «La verdad de las mentiras: ensayos sobre la novela moderna». La universalidad de su pensamiento lo llevó a ser merecedor de aquel premio que en algún momento Alfred Nobel dejó como herencia.

 

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