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El desplome de un país, el desplome de su selección

El rendimiento deportivo de una selección se aprecia en la cancha. Pero hay otro rendimiento interno, que explica por qué a Venezuela le cuesta tanto comenzar con buen pie una eliminatoria. En esta oportunidad, con una FVF intervenida, es evidente que las diferencias con el resto de selecciones de Suramérica se han ampliado

El desplome de un país, el desplome de su selección

La foto me la pasa un amigo por Whatsapp y el comentario es agudo e irrebatible: «Mira los anunciantes. El Petro no tiene valor, Cantv no sirve, PDVSA no produce, La Tele Tuya no se ve en Direct TV y el Banco de Venezuela es una miércoles. ¿Qué van a poder hacer?». Los logos de los patrocinantes aparecen tras las espaldas de Tomás Rincón y el técnico José Peseiro, en una rueda de prensa después del juego contra Paraguay.

«En esta fecha todos los equipos estrenaron indumentaria, ¿y Venezuela?», se pegunta el narrador y columnista, Carlos Domingues, en el Live de El Estímulo, luego de la derrota ante la albirroja. Es cierto, de todas las selecciones, Venezuela parece vestir un uniforme prestado, el menos llamativo de las eliminatorias, como si lo hubieran conseguido en la extinta Pepeganga.

El apunte de los sponsors no es baladí. Según un análisis de la firma consultora EY, existe una relación entre el éxito en el fútbol y el desarrollo de la economía. El caso más claro: Alemania. Obviando el desempeño en 2018, en los últimos 15 mundiales, los germanos han sido protagonistas hasta titularse en Brasil 2014. En ese tiempo, la economía del país ha estado entre las 5 más grandes del mundo.

Pensemos en países más pequeños, como Croacia. Hasta ahora, es la selección de fútbol con peor posición en la calificación FIFA que ha llegado a la final de un Mundial. Coincide su buen momento futbolístico con el mejor desempeño económico de la nación.

El mejor rendimiento deportivo de Venezuela fue con Richard Páez, en aquel boom que impulsaba empresas Polar y RCTV-1-2-3. Luego fuel el turno para César Farías. El dinero sobrante de derechos televisivos permitió aquella preparación de primer nivel en cámaras hiperbáricas para chocar contra Bolivia. Entonces llegó el chavismo con sus espejitos, la Copa América y la aniquilación de la empresa privada.

Las fichas fueron cayendo: detención de Rafael Esquivel; comprobación de corrupción; intervención del Estado, quejas por premios de los jugadores; la famosa carta; el terrible desempeño con Noel Sanvicente y finalmente una pelea a cuchillo en la Federación Venezolana de Fútbol, que acabó con la renuncia de Rafael Dudamel y la muerte de Jesús Berardinelli. De hecho, hoy no hay Federación sino una Junta Interventora. Y en el capítulo más absurdo de esta realidad, llegamos al punto de ver a la selección en una ciudad que solo tiene luz por horas y los habitantes temían que esas horas se invirtieran en el partido.

El bienestar económico es clave para que una selección pueda costear un técnico de cartel, que conozca la zona y a los rivales o que haya gerenciado talento. Carlos Queiroz, técnico del primer verdugo de Venezuela, cobra, según Goal.com, 3 millones de dólares. Eduardo Berizzo, estratega de Paraguay, 2 millones y medio. Se desconoce el salario de José Peseiro, pero hay una referencia: Rafael Dudamel devengaba 400,000 dólares. Son salarios anuales, por cierto.

Las diferencias jugador a jugador son más marcadas. De acuerdo con Transfermarkt, el valor de la selección Colombia es de 299.38 millones de euros. Sus jugadores más valiosos son: Dávinson Sánchez, Duván Zapata y James Rodríguez, militan en la competitiva Premier League y Serie A. La de Venezuela tiene un valor de 58.15 millones de euros, liderada por Yangel Herrera y Darwin Machís (10 millones cada uno). ¿Paraguay? 90.15. Los próximos rivales de la Vinotinto son tasados de manera diferente. Brasil: 866 millones de euros y Chile, 74.30 millones.

Las dificultades económicas también derivan en fallas internas. El problema de Fernando Aristeguieta (vencimiento de su prueba PCR para entrar a Colombia) y el extraño periplo de Yeferson Soteldo, a falta de una explicación oficial, parecen ejemplos de esta improvisación. Igualmente, que se suban videos y material que genera más memes que respeto en un equipo que aspira a competir contra rivales que siempre le han superado, se podría explicar por el ahorro en el pago a profesionales.

¿Es Venezuela mucho mejor que lo que dicen las cifras? Tal vez. El fanático, como es natural, siempre creerá que estas diferencias no son importantes, que en 90 minutos puede ganar cualquiera. La historia, para Venezuela, sin embargo, es bastante clara. El talento individual se termina imponiendo. Reducir esos márgenes requiere de mucho trabajo. Peseiro ha sido, de los últimos técnicos que ha tenido la Vinotinto, uno de los más sinceros. Aceptó su error desde el primer partido. Rectificó para el segundo. ¿Fue menos atrevido de lo que pedía el encuentro? Probablemente. ¿Otro técnico lo habría hecho mejor, alguno que conociera las eliminatorias suramericanas, por ejemplo? Hoy sería fácil decir que sí, pero en todo caso se necesitaría algo que ni el país ni la FVF tienen: plata.

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