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Inmigrantes venezolanos temen al desempleo durante la cuarentena

La tranquilidad de un inmigrante venezolano es posible mientras existe un trabajo que genere ingresos suficientes, pero con la llegada del coronavirus la realidad cambia y la incertidumbre crece porque no pueden salir a las calles

Los inmigrantes venezolanos son una población en riesgo desde hace un par de años y con la llegada del coronavirus a sus países de residencia se han encontrado con un revés inesperado que acrecienta su incertidumbre. Ahora, gran parte de ellos han quedado sin empleo o sus ingresos se han reducido porque viven del trabajo diario.

Según la Organización de Estados Americanos (OEA), la diáspora venezolana se acercaba a los cinco millones de personas a finales de 2019. De los cuales, 1,6 millones se encuentran ubicados en Colombia y 1,2 millones se aloja entre Perú y Ecuador.

Una preocupación que se sobrepone al virus

Las denuncias de los venezolanos han aumentado a través de redes sociales en medio del confinamiento de estas regiones. Algunos han dicho que no alcanzan a pagar sus arriendos y por ende, los propietarios los dejan en las calles; mientras que otros temen a un despido si la paralización laboral se prolonga.

Es que hoy el drama de los venezolanos no solo se trata de conseguir un empleo en blanco o un permiso residencial, sino de sobrevivir a un virus que ha matado a casi 50.000 personas, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

En Perú, por ejemplo, un informe de Equilibrium Centro de Desarrollo (Cende) determinó que un tercio de los venezolanos se encuentra desempleado por el confinamiento. En este país, el gobierno de Martín Vizcarra ordenó toques de queda, por lo que si no se trata de una emergencia, no se permite circular por las calles.

Con dos meses de haber llegado a Perú, Brayan Hernández se enfrenta a esta situación y dice: «dentro de mis perspectiva, lo más fuerte es el alquiler y el alimento».

El joven de 20 años de edad declaró que varios vecinos venezolanos le han pedido comida y aunque los ayuda, él tampoco tiene suficiente. Su ingresos semanales, 200 soles – casi 59 dólares-, se han detenido desde hace 15 días y solo espera que la población cumpla con las normas para volver a trabajar.

«Los venezolanos que no portan documentación – como yo – no pueden arriesgarse a trabajar. Los policías están en todos lados vigilando quién sale, quién entra, quién pasa», explicó.

Por solidaridad, sus arrendadores le dieron una prórroga de pago hasta el último día de abril. Sin embargo, la situación para sus conocidos no es así.

“Un amigo y su familia tienen que pagar el doble este mes porque el anterior no pudo cancelar el alquiler debido al paro”, detalló.

Hasta ahora, el gobierno peruano no toma medidas específicas para proteger a los migrantes en su país en medio de la emergencia por coronavirus. Por lo tanto, si los arrendadores lo deciden, pueden negociar para exonerar o atrasar el pago de alquileres.

Sentimientos encontrados

En Colombia, para el momento de redacción, hay 1485 casos positivos de covid-19 y un país entero en cuarentena. De los migrantes venezolanos que han hecho su hogar en este país, el 90% labora de manera informal, según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE).

Juan Daniel Oviedo, director del DANE, aseguró en 2019 que estas personas no estaban necesariamente en riesgo porque podían cubrir sus necesidades. No obstante, la contingencia sanitaria cambia las perspectivas.

El año pasado, de 1,6 millones de venezolanos en Colombia, el 19,2% estaba desempleado y ante la paralización de la actividad económica de ahora, la cifra solo podría aumentar.

Francisco Pérez es enfermero y uno de los tantos inmigrantes que no cobrará este mes su sueldo. La imprenta en la que labora está cerrada porque no es un sector prioritario. Si bien tiene más de un año en la empresa, el contrato no se formaliza por su nacionalidad. Situación que a su vez lo priva de otros beneficios y derechos laborales.

“No estamos percibiendo ningún ingreso. Eso equivale a que hay que racionar las provisiones alimenticias por el tiempo que haya que estar encerrado”, explicó a El Estímulo al recordar que su esposa trabaja de forma independiente y percibe lo mismo que él.

Los 910.000 pesos (228 dólares) que gana al mes no los cobró completos y ha tenido que hacer uso de sus ahorros para pagar los servicios, el arriendo y la comida.

Francisco no está tranquilo, puesto que al pertenecer al sector salud sabe que la crisis por coronavirus se puede agravar.

Por ahora, el dueño de su alquiler se ofreció a hacer un financiamiento a partir de abril. El mes de marzo lo cobrará igual. Para este enfermero, su situación y la de sus connacionales vuelve parecerse a la que tenía cuando llegó: desoladora.

La posición de las autoridades

Colombia, por razones geográficas, se ha convertido en el primer país con más venezolanos. En este sentido, el gobierno de Iván Duque ha tenido que incluir políticas públicas de protección que mitiguen la vulnerabilidad de miles de personas del país hermano.

No obstante, si en condiciones normales era complejo cubrir los gastos educativos, de salud y alimenticios de cientos de venezolanos, ahora más.

Francisco Pérez, quien reconoce la situación, afirma que “esto significa otra raya más para el tigre (…) Con esto, seguro comenzará otra vez el problema con nosotros. Ellos se afianzan en que el colombiano paga impuestos para que se beneficien los venezolanos”.

El argumento del enfermero se corrobora tras las polémicas declaraciones de la alcaldesa de Bogotá, Claudia López, con relación a la población migrante que no puede trabajar y protesta por haberse quedado sin hogar y expuestos al virus.

 

“No podemos pagar el arriendo. No podemos pagar el de los colombianos, muchos menos el de los venezolanos. Es una pena (…) pero todas estas cosas las pagan los impuestos de los bogotanos sin chistar. Llevamos tres años pagando eso”, expresó en rueda de prensa tras exigir a Duque apoyo financiero para atender a los 450.000 extranjeros provenientes de Venezuela.

Por los momentos, el presidente colombiano ha pospuesto el pago de servicios públicos por 36 meses para los estratos bajos. Asimismo, ofreció un subsidio de 40 dólares para 3 millones de familias, pero esto no incluye a inmigrantes sin residencia ni cuenta bancaria.

Para los venezolanos que desean volver a su país, el gobierno de Duque en conjunto con la sanidad y otras instituciones ha habilitado un canal humanitario para repatriar, hasta ahora, a 500 personas desde Cúcuta.

El deseo de miles: el fin de la cuarentena

Verónica Villanueva es una de los más de 350.000 inmigrantes venezolanos que hace vida en Ecuador en estos momentos. Aunque en Venezuela estudió Radiología, trabaja de mesera en la provincia de Tungurahua, un lugar netamente turístico.

A diferencia del 60% de los extranjeros venezolanos que se dedican a la informalidad, según la Asociación de Venezolanos en Ecuador, Verónica tiene un contrato y dos años en el restaurante donde labora.

Antes de comenzar su aislamiento – hace dos semanas -, sus jefes le informaron que no podrían pagar los días o meses sin trabajar, no obstante le darían provisiones para mantenerse durante el confinamiento.

La mesera gana 420 dólares al mes, de los cuales $160 se le van en alquiler. Su arrendatario redujo el pago a la mitad por dos meses para ayudarla en medio de la emergencia sanitaria que en Ecuador ya supera los 1000 contagiados.

El levantamiento de la cuarentena aún no se ve cercano, pues el gobierno de Lenín Moreno extendió el aislamiento hasta el 12 de abril. Además, el sistema de salud está colapsado y la curva apenas entra en su pico, según las estadísticas del comportamiento del patógeno de la OMS.

Sueños en pausa

Si bien algunos regresarán a sus trabajos sin efectos secundarios, Verónica reconoce que ella y sus compañeros no correrán con la misma suerte. Todos ellos dependen del turismo, uno de los sectores más golpeados por la pandemia y con pérdidas mundiales que superan los 2 mil millones de dólares.

“Cuando esto termine, el local va a pasar por una transición bastante complicada. Dado lo que está pasando, mientras se acomodan los vuelos, la economía y la gente empieza a salir, el local estará vacío porque el dueño trabaja con agencias de viajes”, subrayó.

Tras casi cuatro años en Ecuador, Verónica había decidido que utilizaría parte de sus ahorros para especializarse en su carrera este año. Sin embargo, esos sueños se vuelven a postergar.

Con un suspiro, declaró: “Es difícil estar fuera de tu país y empezar de cero. Ahora todo lo que tenía pensado se frena. Los ahorros que tenía los estoy destinando a la situación. Es volver a trabajar para llegar a lo que uno desea”.

Ayudas paralizadas que tendrán efectos

La recesión económica en la que entró el mundo, según el Fondo Monetario Internacional (FMI) es imparable. Los países pobres son los que corren mayores riesgos y aunque buscan paliar las consecuencias, la pandemia apenas comienza en algunos de ellos.

Esta situación ha hecho que millones de personas estén sin ingresos, ya sea porque fueron despedidos o porque nos les pagarán y entre esos están los venezolanos, el mayor éxodo de la historia latinoamericana.

Brayan, Verónica y Francisco, aún con sus diferencias, están en riesgo y el estancamiento económico no les es ajeno porque ahora tampoco ayudarán a sus familias en Venezuela. Eso hace eco en sus cabezas.

Según datos de Ecoanalítica, hasta 2019 en el país petrolero entraron cerca de 3.700 millones de dólares en remesas y para este año, lo más seguro es que disminuyan.

En palabras de estos tres venezolanos, si antes de la pandemia enviar 50 dólares dependía, ahora mucho más. Sin embargo, aún se mantienen en pie, buscando esperanzas en lo que han conseguido.