Ir contracorriente: los desaciertos que acabaron con el aparato energético del país

A mediados del pasado siglo, Venezuela puso en marcha un plan energético que apuntaba al futuro. La creación de estructuras que permitían pensar en un país con la capacidad suficiente para brindar electricidad a todos sus ciudadanos sin importar el crecimiento de la población, ponía a la nación a la cabeza de la región en dicho rubro, algo que para la fecha muestra una cara opuesta.

La falta de correctivos en las políticas desacertadas en este aspecto por parte del fallecido presidente Hugo Chávez y el actual mandatario, Nicolás Maduro, se tradujo en un retroceso marcado y que pone a Venezuela a la par de la Cuba de 1960.

Así lo ve el ingeniero Víctor Poleo.

El especialista y exviceministro entre 1999 y 2001 del ya extinto ministro de Energía y Minas, detalló cómo una serie de malas decisiones tuvo impacto, sobre todo el sector. Sus resultados, reveló, hoy se sienten día a día en las calles, donde la falta de alumbrado no solo incide en los altos índices de inseguridad, sino que también son parte de una larga lista de problemas que se han hecho sentir en materia sanitaria. La frecuentes por la falta de insumos, por los habituales apagones, ha sido capaz de atentar contra la vida de los enfermos.

Sobre esto habló Poleo el pasado 29 de noviembre en la VI jornada Asis, congreso en materia de seguridad en donde recordó que la planificación en materia energética por parte de Chávez y maduro fue contra corriente y destruyó la visión y planificación de los pioneros que entre 1940 y 1950 dieron forma a la estructura, ponderando la hidroelectricidad por encima de la minería.

En la actualidad “priva la irracionalidad”, reconoció el ingeniero, mientras aseguró que la demanda eléctrica debería estar en 27.000 megavatios, pero la oferta es de solo 12.000.

Los rastros del daño

El exministro subrayó tres puntos como la base del fracaso en materia energética: la desnacionalización de la Electricidad de Caracas, la descapitalización de conocimientos en Pdvsa y la institucionalidad de Corpoelec.

El primer paso, detalló, fue el culpable de quebrantar el sistema eléctrico, una acción aplicada en el año 2000; el segundo, el del estallido del paro petrolero de 2003, con una serie de acciones completamente arbitrarias que derivaron en el despido de cientos de empleados de la estatal petrolera, abriendo la puerta de salida al talento para recibir a personal, en varios casos, con baja capacidad académica y profesional además de confiar en la adición de personal militar para puestos de alto mando.

El último punto acabó con la institucionalidad regional. El nacimiento e imposición de Corpoelec como empresa nacional a partir del año 2007 volvió a alimentar las críticas sobre la centralización y la falta de recursos para el interior, cuya dependencia de esta también es parte del apego al sistema hidroeléctrico del Caroní, el cual, aseguró, brinda nueve de cada diez minutos de electricidad.

Esto lo calificó como un golpe contra el plan original y que hoy muestra los estragos en todas sus ramas.

De lo macro a lo micro

El resultado de las acciones impensadas y carentes de fundamento hacen mella directa en la sociedad, expresó Poleo, refiriéndose así al tema de la crisis delictiva que en el presente se convierte en uno de los principales dolores de cabeza del venezolano.

«Sin energía no hay seguridad», por eso «volvemos a la barbarie».

En calles oscuras reina el hampa, sombra que se ha fortalecido año a año haciendo del país uno de los lugares más peligrosos del planeta, con una tasa de homicidios de 89 por cada 100.000 habitantes en 2017. El voraz crecimiento de la sangrienta estadística es directamente proporcional a la desconfianza sobre los cuerpos de seguridad, cada vez más ineficaces para la resolución de casos.

Javier Ignacio Mayorca, periodista especialista en criminalística, reveló en el mismo congreso que apenas el 12% de los venezolanos confía en la policía, mientras que solo el 17% tiene plena sensación de seguridad en las calles.

Paralización económica y corrupción

La crisis energética es causa de apagones en hogares, hospitales y también en locales comerciales. Sobre esto último, Poleo lamentó cómo esa bola de nieve arrolló al aparato productivo de la nación, la cual sufre la disminución de su producto interno bruto a un tercio de lo que fue hace cinco años.

«Si no hay demanda eléctrica no hay demanda económica», comentó.

Pero ante la crisis, lo que más criticó el ingeniero fue la falta de ideas y de una puesta en escena exitosa para volver a poner a Venezuela en el tope. Mientras otros países de la zona alcanzaron acuerdos en materia energética con potencias en el rubro, el gobierno de Chávez y Maduro estrechó lazos con China y Rusia, encargados, sobre todo los primeros, de dar vida a proyectos en duda.

Previo a esto, un entramado de corrupción se armó alrededor de este aspecto, con un valor de aproximadamente 50.000 millones de dólares, consideró el experto, luego de revelar que un grupo de investigadores detalló que fueron otorgados 100.000 millones de dólares a la industria energética desde 1999.

«Exaltamos la improvisación», dijo.

La impunidad ganó espacio y de ahí el nuevo negocio ilícito que hoy es una realidad: el Arco Minero. Desde bandas venezolanas que ahí operan hasta la posible presencia de elementos del Ejército de Liberación Nacional, lo que se vive actualmente en el estado Bolívar obedece a la falta de autoridad y en donde Maduro, como presidente y garante de la seguridad, decidió apuntar a otros como los responsables de la vulneración de la zona.

En el entorno ambiental, los daños al ecosistema sin incalculables: «una vez que un sistema de agua es quebrantado, el daño es irreversible», expresó Poleo.