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Venezolanos se refugian en el mercado inmobiliario de Miami y Panamá

Invertir en el área inmobiliaria en Venezuela dejó de ser un negocio por las excesivas regulaciones al sector, los controles de precios y las ocupaciones de desarrollos, asegura Aquiles Martini, expresidente de la Cámara Inmobiliaria de Venezuela. Con esta realidad de fondo, los capitales buscan resguardarse en mercados como el estado de Florida, Panamá o República Dominicana.

Venezolanos se refugian en el mercado inmobiliario de Miami y Panamá

“Yo comienzo a comprar propiedades, remodelarlas y venderlas en 2001. Llegamos a trabajar dos apartamentos por mes. Luego, surge la oportunidad de comprar terrenos y hacer desarrollos en 2004. Conseguí capital privado, e hicimos unas 180 casas, en una zona cercana a Boca Ratón. En 2008 se estanca todo el negocio inmobiliario. Teníamos un proyecto financiado por Total Bank, un edificio de 47 apartamentos, y es comprado por un banco español”.

Quien habla es Víctor Carvallo, un influyente inversionista inmobiliario venezolano de Miami (EEUU), con casi 20 años de actividad en ese país.

En 2010 se estancan las ventas y su negocio entra en una pugna legal con el banco que lo financiaba. Perdió un capital bastante grande y decidió migrar al negocio de las remodelaciones. “Me asocio con Gustavo Larrazábal, y empiezo a hacer algunas remodelaciones para amistades. Hoy en día, hacemos cerca de 12 remodelaciones al año, en una isla privada. Tenemos un grupo de decoradores y arquitectos aliados. Entregamos llave en mano al cliente”, expresa el empresario.

Su mercado es de norteamericanos, brasileros y mexicanos, apunta.

Los créditos chatarra

La crisis de la burbuja inmobiliaria en 2008 tumbó el negocio de la construcción en Miami. “Sobrevivieron los grupos grandes, uno de ellos del empresario Jorge Pérez, que logró mantener obras grandes, pero comienza a rematar a precios muy bajos”.

El asunto fue producto de la burbuja inmobiliaria, los créditos chatarra y el crack de Wall Street. Relata que una vez almorzando en un restaurante, el mesero que lo atendía había salido dos horas antes de su oficina, en la que vendían propiedades sobre los 500.000 dólares.

“Le dije a mi socio que estábamos ante algo que no era normal. Gente que no tenía capacidad, estaba comprando, por los créditos chatarra. Los bancos prestaban 110% de una propiedad. No sólo no tenían que poner un dólar, sino que entraba un porcentaje de dinero sobre la compra”, dice para dar cuenta del descalabro.

El negocio de remodelaciones es más sano, asegura Carvallo. “No se invierte, simplemente se ejecuta la inversión del cliente”.

Antes, construir un edificio de 25.000.000 de dólares era ir a pérdidas. El mercado que dejó en 2008, fue tomado por todos los inversionistas pequeños, “los llamamos ratoncitos. Hay muchos venezolanos metidos en esto. 90% de los venezolanos son constructores”.

“No creo que el mercado sea como lo vende la publicidad en Venezuela. Brickell. Hay que pagar un impuesto sobre la ganancia. No es negocio”, señala.

Del 100% de los inversionistas inmobiliarios en Miami, al menos 30% es de venezolanos. “Los bancos se cuidan mucho de la corrupción, y hay muchos controles. El filtro para los venezolanos ahora es muy restringido. Bank of America, por ejemplo, no abre cuentas a venezolanos”, asegura.

– El caso Panamá –

Víctor Larotta, un reputado corredor inmobiliario venezolano en Panamá, afirma que hay muchos venezolanos trabajando en el área inmobiliaria con Katherine Shahani. presidenta de la Cámara Inmobiliaria de Panamá.

La urbanización Costa Sur, fue construida por la familia Shahani, y un grupo venezolano. Para venezolanos, hecho por venezolanos.

Pero Larotta gerencia proyectos. “Trabajo muy poco para empresas venezolanas, porque los venezolanos buscan otro perfil”.

Del mercado inmobiliario total, apenas 10% está dominado por venezolanos”, cuenta alrededor de la modesta participación venezolana en Panamá.

Pero, ¿qué tipo de construcciones están haciendo los venezolanos en Panamá? Básicamente, las galeras o almacenes, depósitos industriales. Esto porque en la zona de Tocumen se está haciendo un hub internacional de importaciones y exportaciones, y se necesita almacenar la mercancía. Son grandes inversiones. También hay gente de la Universidad Santa María (Caracas), que se han ido a construir casas de interés social.

El músculo financiero de los venezolanos –garantiza el empresario- no es mayor cosa en Panamá. Los que sí tienen poder de inversión son los colombianos y la comunidad judía nativa, como la familia Shahani. “Víctor Shahani es dueño de grandes patrimonios, y suelos, y él ha viajado a Venezuela a buscar subcontratistas”, indica Larotta.

“La banca es la segunda potencia, y la primera es el Canal de Panamá. El que construye es porque tiene su capital. La banca panameña está conectada con los Estados Unidos, especialmente del norte de ese país”, destaca.

– Migración de capitales –

Aunque hay venezolanos dedicados a esta actividad fuera de Venezuela desde hace mucho tiempo, desde 2009 con la ocupación de varios proyectos inmobiliarios y luego con la ley contra la estafa inmobiliaria y la ley de regulación y control de arrendamiento de vivienda, el negocio se vino a menos, pues se ahuyentaron las inversiones.

Aquiles Martini Pietri, ex presidente de la Cámara Inmobiliaria de Venezuela, informa que a raíz de la inestabilidad de Venezuela, muchos venezolanos han buscado invertir afuera y pone de ejemplo al Grupo Sambil o el Fondo de Valores Inmobiliarios.

Los constructores han encontrado oportunidades en Miami, República Dominicana y Panamá, en tanto muchos venezolanos en busca de salvaguardar el patrimonio hacen inversiones inmobiliarias en esos mercados.

“En República Dominicana, hay varios grupos venezolanos, que han invertido mucho dinero. Es un pujante mercado turístico con desarrollo de hoteles y viviendas turísticas, si bien hay venezolanos haciendo viviendas de interés social”, dice el corredor inmobiliario con más de 25 años en el negocio.

Martini Pietri aclara que una cosa es construir viviendas, y otra invertir en ellas para luego alquilar o comercializar.

Si se habla de construir viviendas, dos aspectos determinan que ya no sea negocio en Venezuela: los controles de precios y las excesivas regulaciones sobre el mercado, aunado a la dramática escasez de materiales para la construcción (la cabilla y el cemento, por ejemplo, están controlados por mafias que compran a precios regulados, y revenden a precios exagerados).

Si se pone la lupa en las inversiones de compra de inmuebles para posterior alquiler o comercialización, también son dos los factores que aniquilan el negocio: una devaluación feroz de la moneda, que hace que sea imposible ajustar precios de manera coherente con la misma, y  la sensible inseguridad jurídica imperante, en torno a la propiedad privada de inmuebles.