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Ídolos con pies de barro: La vulnerabilidad de los dioses mundanales

Los dioses mundanales tienen fallos, errores, como todos nosotros, porque si queremos alguien ejemplar debemos buscar la manera de serlo nosotros y no esperarlo de los demás

Ídolos con pies de barro: La vulnerabilidad de los dioses mundanales

 

«Me quedo con el Maradona futbolista y no con la persona», dicen muchos. «Me quedo con el Gillman músico y no con el político», decimos muchos rockeros. «Me quedo con el Roosevelt que salvó al mundo y no con el que mandó a los japoneses de Estados Unidos a un campo de concentración en plena Segunda Guerra Mundial». Así, en la vida misma, hay una cantidad enorme de acepciones para con los ídolos. Suponemos que si son ídolos deben ser perfectos, y no lo son, para lamento de algunos.

A Ronaldinho recientemente le dejaron ir a un hotel a cumplir su prisión preventiva en Paraguay. El crack brasileño (no es «ex crack» porque sus diabluras con el balón siguen siendo hermosas aún retirado de la actividad profesional) está detenido por entrar a ese país con documentación falsa, algo tan raro como suspicaz, pero la noticia no es qué le motivó a cometer ese delito, sino que jugó un amistoso con otros presos, comió cochino, que aún sonríe.

Apenas entró en prisión, hasta los policías le pedían un autógrafo y se sacaban fotos con él. Al salir a su arresto domiciliario, varios aficionados afuera esperaban una firma del ídolo canarinho. ¿Qué sabe usted de los cargos y las causas por las cuales está siendo procesado? Seguro que muy poco.

Ronaldinho seguirá en la cárcel

Foto: Norberto DUARTE / AFP

¿Eso está bien? Somos humanos. Todos cometemos errores. Pero ¿qué tan graves pueden ser esos errores para los elegidos, para los distintos?

Jerry Lee Lewis, para muchos el único que pudo aspirar a ser el heredero del rey del rock, Elvis Presley, estaba llegando a la cima en su carrera musical en 1958 cuando se separó de su esposa y se casó en secreto con una prima de apenas 13 años.

La noticia causó una polémica enorme, que hizo que sus fanáticos nunca le perdonaran ese pecado. Dejó de sonar en las radios, los programas de TV dejaron de presentarlo y su éxito ascendente se arruinó. Sin embargo, aún salta al escenario con su piano y a los 84 años es aclamado. Su talento y legado musical sigue intacto. Sigue siendo un ídolo.

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Volvamos al fútbol. ¿Los ídolos deben serlo dentro y fuera de la cancha? ¿Debemos distinguir el comportamiento dentro y fuera del terreno? Hacen 40 goles en la campaña, son noticia en todos los noticieros del mundo pero no es tan relevante que sean unos irresponsables en la calle o cometan un fraude a la hacienda pública. ¿Es un falso ídolo?

Hay más, en situaciones disímiles, pero todo dentro del campo. A Luis Manuel Seijas le ha marcado en su carrera el penal picado en la Copa América de 2016. Hoy el amargo aficionado vinotinto lo recuerda así, por encima de todo lo que aportó a la selección o de que fuera elegido como uno de los mejores once futbolistas de América en una oportunidad. No, el mal recuerdo pesa. Así es la construcción y destrucción de los ídolos.

No hay un criterio general en esto. Que Maradona sea una vergüenza cada vez que opina (o hace el intento) nunca le va a quitar el mérito de todo lo que hizo con la pelota en sus pies, desde su infancia en Argentinos Juniors hasta los mismísimos días dónde ya consumía sustancias prohibidas. ¿Es ídolo? Puede que no lo sea el Maradona actual pero sí lo fue en el campo y eso nadie se lo va a quitar. ¿Hay dos ídolos? Sí, es la realidad.

idolos con pies de barro maradona

Foto: AP / Sergei Grits

Y así son los dioses mundanales, tienen fallos, errores, como todos nosotros, porque si queremos alguien ejemplar debemos buscar la manera de serlo nosotros y no esperarlo de los demás. Decía Nerio Hernández: «No debemos querer ser importantes en esta vida, debemos querer ser útiles». Nada más cierto para darle una real razón y concepto a quienes marcan diferencia con lo que hacen.

En definida cuenta: si usted idolatra a alguien por su talento, hágalo, sin importar si esa persona tiene fallos o no. Todos tenemos errores, pero no vea con menos atención los fallos de aquellos quienes están llamados a marcar pauta en nuestros gustos. Y eso deben saberlo los más chamos, los que imitan a sus dioses, a ellos sí hay que explicarle las diferencias.

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