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Los gays sin visa para el cielo

El Papa Francisco sorprendió con sus declaraciones sobre el "derecho a la familia" de los homosexuales. Aunque, al parecer, le indicaron que lo dejara hasta ahí. Es un gesto, en todo caso. Y contiene la maña de dejar la pelota en el terreno de lo legal, no en el de la Iglesia. Iván Zambrano reivindica su aspiración a llegar al cielo

Los gays sin visa para el cielo

ESCENA 1
INT. IGLESIA. DÍA (2006)
(4 horas antes de salir formalmente del clóset ante mi familia)

PADRE MOISÉS
Si naciste homosexual, puedes entrar al reino del cielo.
Pero si te desviaste en el camino, debes buscar a Cristo.

IVÁN (17 AÑOS)
No estoy tan claro de cómo sucedió, padre…
Pero tengo una pregunta que puede agravar las cosas:
¿es cierto… que… la masturbación… es pecado mortal?

PADRE MOISÉS
Sin duda lo es, porque usas los malos pensamientos, que son como las moscas.
Hay que espantarlas, como a todas las tentaciones.

El día que salí del clóset, tuve que hablar primero con el cura de la parroquia, confiando en que si confesaba sería menor la condena. Desde esa conversación con el padre Moisés, dejé de ir a misa. Además del pecado original (que se te quita si te bautizas), tengo dos extra: marico y pajero.

“(…) Ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los calumniadores, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios”.
Corintios 6:9-20

De tanto que nos han negado el cielo, los maricos vivimos en el limbo.

Domingo a domingo repites el “por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa” y te lo crees. No sabes de qué eres culpable, pero lo eres, así se te graba en el coco. Ya no me sentía cómodo yendo a una casa en la que, sin decir mi nombre , me repetían que no era bienvenido.

El lugar que te debería dar paz, te llena de prejuicios contra ti mismo. El sexo se vuelve una alerta de que el diablo está cerca. Suena el cascabel de la tentación y de inmediato susurra la culpa. Vives en una constante represión entre lo que sientes y lo que te obligas a dejar de sentir. Como apagar pequeños incendios en un campo que tarde o temprano agarra candela.

Hay una crisis de identidad desde temprano.
¿Si amo a otro hombre no soy hijo de Dios?
¿Y no le puedo rezar a ningún santo? ¿Solo a Madonna?
¿Y a dónde iré cuando me muera? ¿Y a dónde iré cuando viva?

Ante la duda existencial, aprendes a persignarte y a pedir la bendición.

No quieres que te descubran. Piensas en ir a un endocrino para ver si tienes un desorden hormonal, o a un exorcista para que te saque al demonio rosa.

Creí que al hacer la primera comunión capaz se me quitaría la mariquera, pero nada. Temí que la hostia me fuese a dar una reacción alérgica. Tomarme un Omeprazol no era una opción. Fingir una vida que no era la mía, tampoco.

No importaba que cumpliera los 10 mandamientos al pie de la letra,
no me tocaban las vacaciones en Disney después de estirar la pata.
Y con esa angustia pasan los cumpleaños.

Más de una vez me provocó armar una revolución desde el altar,
pero no tenía tan claro el discurso, ni la coreografía de cierre.
Me imaginaba dando un golpe de estado a mitad del Salmo Responsorial.

ESCENA 2
INT. IGLESIA. DÍA.
Para liberarnos de las creencias que nos limitan.
¡Te lo pedimos Señor!
Para que las religiones no sean clubes de odio contra el que es distinto.
¡Te lo pedimos Señor!
Para que prendan el aire acondicionado
¡Te lo pedimos, Señor!

Y se alzarían los homosexuales entre los bancos de la iglesia contra un ejército de monaguillos, mientras el cura entra a un confesionario y escapa por un pasadizo secreto.

“Dios te observa”. Y miras al cielo con temor a que te parta un rayo por marico. Así que nada de quebrar la muñeca ni de hacer pipí sentado. Es complicado cargar una cruz dentro de un clóset. Para no levantar sospechas, hay que casarse antes de los 30. Va pasando el tiempo y no te conocen novia. “¿Será mejor meterme a cura que fingir un matrimonio?”, era la otra opción de moda en los noventa. Como decía el Conde del Guácharo: “Viejo marico siempre vive con la mae”.

“Dios hizo a Adán y Eva”. En el cielo no hay homosexuales declarados, como en cualquier facultad de ingeniería. Uno de cada 10 hombres es gay. Partiendo de la lógica estadística, de los 12 apóstoles alguno estaba callando algo. Y no tiene nada de malo. Pretender que todos los héroes de la historia fueron machos heterosexuales de pelo en pecho, es querer hacernos los ciegos. Amiga, date cuenta.

En un mundo construido de palabras, somos las historias que nos contaron los maestros, la televisión y los curas. Por eso está prohibido cuestionar a la autoridad que se impone desde el miedo, desde la culpa. Y así actúa papá en casa o el presidente desde su despacho. Cambiemos el discurso, el diálogo interno.

No sé si quiero casarme, pero tampoco jurarme amor eterno sin sentirlo.
Caer en la trampa del: “No soy feliz, pero tengo marido”.
Buscar la felicidad en un tercero, sin amarnos a nosotros primero.
Hay que comprometerse con la autenticidad, hasta que la muerte nos separe.
No sé si los homosexuales venimos de Sodoma, Gomorra o de Valencia.
Tenemos que saltar los muros de las iglesias y abrirnos al mundo sin prejuicios.
La iglesia se proclamó con los derechos de autor de la palabra de Dios,
y resulta que Dios ni tiene chiva ni contrato de exclusividad con los católicos.
Dios es el Universo de punta a punta.
Tan grande que tiene un cielo con aforo para el mundo entero.

Para encontrar a Dios hay que dejar de mirar afuera. Dejar de buscar culpables. Dejar de poner líneas que separen. Asumir la custodia de tu vida. Aprender a escucharnos y soltar creencias que tienen siglos sin actualizarse. Reformular, reinterpretar. Cambiarle la letra al rezo.

Pareciera que el Papa Francisco aplicó la movida inteligente del marketing: si bajan las ventas, saca una promo para los maricos, como Burger King en junio.

“Las personas homosexuales tienen derecho a estar en la familia. Son hijos de Dios. Tienen derecho a una familia. Lo que tenemos que hacer es una ley de convivencia civil. Tienen derecho a estar cubiertos legalmente”.

¿Ya salió en Gaceta Oficial? ¿San Pedro ya nos puede dejar pasar?

El Papa no habla de matrimonio gay ni de un proyecto concreto de reforma en la Iglesia. Pero en su discurso ya no hay una amenaza, ya no habla de condena.

Seguimos sin visa para el cielo,
pero se agradece el gesto, Francisco.

 

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