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Narrador de fútbol por carambola

Un título profesional colgado de la pared, dos inicios interrumpidos de otras carreras, dos escapadas en la misma noche de la boda de su mejor amigo... Carlos Domingues cuenta en este artículo cómo el oficio de narrador deportivo lo encontró a él. No fue al revés

Narrador de fútbol por carambola

No me gusta escribir en primera persona pero creo que mi experiencia puede explicar que a veces el esfuerzo no es suficiente para alcanzar las metas. Soy sincero: hay otros factores que también influyen. Llámelos suerte, casualidad, destino. Como usted prefiera. Mi experiencia es bastante particular y hoy, con mucha humildad, la comparto.

Siempre haré responsable a la educación venezolana de no orientar vocacionalmente a quienes van a ingresar al sistema universitario. Al menos en mi caso, no estuve ni bien asesorado, ni mi panorama fue muy claro de qué carrera quería estudiar una vez concluí el quinto año de bachillerato.

Elegí Ingeniería Mecánica porque era lo que «daba plata» y era «de hombres». Realmente no sabía para qué podía ser bueno. Tenía buenas notas en mi promedio, pero nada de claridad sobre qué profesión quería tener en un futuro.

No me gustó la ingeniería porque entendí, en pleno ensayo y error, que no era bueno para eso. Así que decidí irme a la UCV a cursar Estudios Internacionales. Por el fútbol, me gustaba mucho el tema de la historia y la geografía del mundo. Por esa única razón estudié eso, además que había que leer bastante y me gusta hacerlo. Jamás me vi como un diplomático o encargado de una oficina de negocios con el extranjero.

Me parecía tan fácil que decidí estudiar otra carrera en paralelo y elegí Comunicación Social, pero no había cupo para hacer estudios simultáneos. Ahí me di cuenta que ya el periodismo comenzaba a gustarme, pero no pude inscribirme. Comencé Derecho, que tuve que dejarlo en el segundo año porque entré a trabajar en la administración pública con cargo de Internacionalista y los tiempos ya no me permitían continuar para ser abogado.

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Hagamos el cuento corto: a los siete años de ejercer como internacionalista, el tema político me obligó a buscar otro oficio porque la presión era asfixiante. Necesitaba otra cosa qué hacer: «Te encanta la música, ¿por qué no estudias locución?», me dijo Annette, mi novia de aquel entonces y a cuya sugerencia debo esto de ser narrador de fútbol.

Comencé el curso todos los sábados en la UCV. Estaba claro por primera vez que quería ser una especie de Iván Loscher (otra vez me equivoqué) y en pleno curso coincidí con Francisco De Andrade, hoy comentarista deportivo de Tves. En aquel entonces, Francisco conducía junto con el gran periodista Rafael Lastra, un programa diario de fútbol en una emisora radial en el aeropuerto internacional de Maiquetía. Z100 FM, se llama todavía. Me invitó a formar parte del programa. Y ahí comencé en los medios. Año 2005.

¿Cómo llegué a ser narrador? Creo que fue todo muy casual. Con Francisco llegamos a transmitir para la radio algunos partidos de la selección, pero él narraba y yo comentaba. Con el cierre de RCTV, el grupo humano que producía deportes en el canal de Bárcenas consolidó el proyecto de un canal deportivo por cable llamado Sport Plus, cuyo primer evento sería la Copa América que se celebraría en Venezuela en 2007.

Francisco De Andrade me dio el número telefónico de Francisco Blavia, quién encabezaba este nuevo proyecto de TV. «Van a hacer un casting de narradores, llámalo». Yo jamás en mi vida, ni jugando en casa, había sido narrador de un partido de fútbol. De paso, nadie en el medio sabía quién era yo, un completo desconocido. «¿Qué puedo perder?», dije. Así que lo llamé y muy amablemente quedó en avisarme cuándo harían el casting.

El sábado 23 de junio de 2007, a tres días de arrancar la Copa América, en pleno matrimonio eclesiástico de mi mejor amigo Fernando Bolaño, me llamaron para hacer el casting. No me habían dicho nada. «Es ya y con usted cerramos», me dijo una dama al teléfono. Dejé la iglesia y me fui rápido a Intercable de Los Ruices, lugar que fuera sede de Sport Plus.

Al llegar, efectivamente sería el último aspirante a narrador. Muy bien trajeado yo, en ocasión de la boda. Aguardaba también el casting Ignacio Benedetti, quién sería mi pareja narrador – comentarista. Nos pasaron a una sala donde había un monitor. «Serán cinco minutos, tú narras un gol y una jugada de peligro mientras él comenta», me dijo Fernando Casal, quien era el jefe de Producción, hoy día un grandísimo amigo. «Tienen tres minutos para prepararse», remató.

Era el Suecia – Inglaterra del mundial de Alemania 2006.  Dios es milagroso: «Tranquilo mi pana (le dije a Ignacio), recuerdo perfectamente ese partido y las alineaciones». En dos minutos armé las formaciones. Narré por primera vez en mi vida un partido de fútbol. El golazo de Joe Cole fue el primer tanto que grité en mi vida. Francisco Blavia, a quien jamás había visto, se acercó a la sala para verle la cara a esa dupla que armamos Benedetti y yo.

«Chévere, cualquier cosa le llamamos», me dijo una chica que jamás volví a ver. Regresé a la recepción del matrimonio donde el novio y mi novia querían matarme por haberlos abandonado en el acto eclesiástico. Ahí volvió a sonar el teléfono, misma mujer: «señor Carlos, vaya a medirse ya un traje en American Ties del Sambil. Corra porque ya van a cerrar». Volví a escaparme del matrimonio.

Sin saber a ciencia cierta si me habían seleccionado en el casting, me tomaron las medidas para equiparme de traje, camisa y corbata. Llegó el lunes 25, un día antes del comienzo de la Copa América y me llamó Francisco Blavia a una reunión. Carlos González, gerente de Producción (hoy día en DirecTV Sports Venezuela), me puso una hoja en blanco en frente, hizo un rectángulo con un bolígrafo negro Paper Mate y me preguntó: «Chamo, escribe ahí cuánto quieres por narrar la Copa América».

Al día siguiente estaba por primera vez ante las cámaras, con Francisco Blavia como comentarista, narrando mi primer partido en vivo: Venezuela – Bolivia.

Lo demás es camino andado.

Que sirva éste escrito para rememorar mi historia en esta labor de narrador y reivindicar lo que he sabido hacer con enorme placer por 13 años sin interrupciones, pero principalmente quiero con ello agradecer a quienes apostaron por mí cuando nadie sabía quién era Carlos Domingues. Aquí están los nombres.

A veces no sabemos para qué somos buenos realmente. Al final, lo vamos a descubrir. Tarde o temprano.