Opinión

Réquiem por Roberto Giusti

Aunque el gran público recuerde al periodista Roberto Giusti, recientemente fallecido, por estar en la pantalla de Globovisión, este egresado de la UCAB fue una figura emblemática de la prensa escrita especializada en política, actuó como corresponsal extranjero en la lejana Moscú, fue vocero de un presidente caído en desgracia y por años mantuvo un programa radial matutino

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Leyendo los mensajes en redes sociales en torno a la muerte de Roberto Giusti, de 71 años, para el público no formado en periodismo la figura del comunicador se asocia principalmente a la pantalla de televisión y en particular a una época, aquella en la cual el canal de noticias Globovisión marcaba la pauta informativa en Venezuela, antes de que Nicolás Maduro accediera al poder.

Efectivamente Giusti hacía las entrevistas, tempranito cada mañana, en el emblemático programa “Primera Página” y conducía otros espacios en aquella pantalla crítica, duramente crítica, con el gobierno de Hugo Chávez. El anuncio de la muerte de Chávez y el anuncio de la venta de Globovisión, poniendo fin a aquella era de periodismo crítico televisivo, ocurrieron en simultáneo.

Giusti resultaba un entrevistador incómodo. No sólo porque era incisivo, iba siempre por la repregunta, sino porque solía estar muy informado y documentado, con lo cual de forma expedita podía replicar a lo señalado por un invitado con una cifra que rebatía aquello.

En los años duros del período 2007-2009, cuando se puso fin a RCTV y por primera vez se cerraron masivamente emisoras de radio en Venezuela, fui entrevistado en diversas ocasiones por Roberto Giusti.

En aquellos años, me negaba a llamar dictador a Chávez y Giusti, que leía mis artículos, lo sabía. Solía ponerme en aprietos al aire citándome y cerrando con una pregunta, lanzada tipo slider en el béisbol: «Y entonces con todo esto no se puede llamar dictadura al régimen». Mi respuesta usual entonces, era la siguiente: «Roberto, si tú y yo estamos al aire en una canal de televisión abierta, no en la clandestinidad, diciendo estas cosas, entonces no estamos en una dictadura».

Ha pasado mucho tiempo desde entonces y hoy mi respuesta es distinta.

La gran firma de El Universal

Mi primer acercamiento a Roberto Giusti fue muchísimo antes, en mis años de formación en la Universidad Católica Andrés Bello, de donde él también salió egresado como periodista. Hizo muchas entrevistas dominicales, escribió reseñas del acontecer político y parlamentario. Escribiendo era perspicaz e irónico, sin recurrir al insulto, solo poniendo de patente detalles que observaba o había captado, que ayudaban a comprender al personaje o tema.

Ahora que lo recuerdo, me parece que Roberto además de su pluma certera tenía una capacidad de observación tremenda.

En aquellos años me decantaba usualmente por El Nacional, pero daba gusto comprar El Universal para leer a Giusti.

Aquel periodista reconocido y conocedor de la política venezolana, tuvo un giro profesional importante cuando en el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez se lanzó la internacionalización de la agencia Venprés, bajo la dirección del uruguayo Aram Aharonian.

Giusti fue el primer (y hasta ahora único) corresponsal venezolano en Moscú, en una época en la cual se venía abajo el socialismo soviético, se desmembraba la entonces Unión Soviética y emergía nuevamente Rusia como identidad nacional. De aquella experiencia escribió un libro delicioso que me parece no ha perdido vigencia porque, en el fondo, trata sobre cómo transcurre la mirada del extraño que debe contarle a su público lo que ocurre en un lugar lejano y diferente.

Mi primer contacto con Roberto, cara a cara, tuvo lugar luego, cuando regresó a Venezuela y en un momento en el cual mucha gente tomaba distancia de Carlos Andrés Pérez, en el período previo a su defenestración. Giusti remó en dirección contraria y pasó a ser el vocero de aquel presidente caído en desgracia. Yo entonces fungía como corresponsal extranjero, siendo periodista de la agencia alemana DPA. Pérez era una figura internacional y en muchos lugares la prensa estaba atenta a lo que ocurría con él.

Fue una relación netamente profesional aquella, pero en mi fuero interno disfrutaba conversar con Giusti, a quien ya consideraba uno de los grandes periodistas políticos de su generación.

Tal vez fue en 2004 o en 2005 cuando pasé a estar en su radar. Junto a Fausto Masó, aquel inolvidable periodista y editor cubano afincado en Venezuela, Giusti hacía “Golpe a golpe” por la señal de la también extinta Radio Caracas Radio (RCR). Era invitado con frecuencia por aquel par de personajes que en más de una ocasión me pusieron en aprietos.

Un día, para mi sorpresa, Masó me suelta a bocajarro: «Cañizález, ¿y qué tal si tú me cubres en las vacaciones y haces el programa con Roberto?». Estuve tal vez un mes. Luego fue Roberto quien se tomó un descanso y yo le cubrí.

Fue en aquellas semanas en que pude acercarme realmente a Roberto Giusti. Pude saber de su propia voz de su conexión con el país, de su posición crítica ante el autoritarismo y sobre todo de su indoblegable pasión por el periodismo. QEPD.

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