Política

Venezuela entre Truman y Trump

Parece haber conmoción por las posiciones que ha tomado Donald Trump sobre Venezuela, después de esperar acciones contundentes prometidas por los republicanos de Florida y lo que significó la visita de Richard Grenell a Miraflores. Sin embargo, esas pugnas no son nuevas, esto ha ocurrido antes

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Dentro de la nueva administración de Estados Unidos pareciera existir una pugna interna sobre Venezuela. Mientras que algunos senadores de Florida, como María Elvira Salazar o Rick Scott abogan por medidas de máxima presión hacia el chavismo; otros como Richard Grenell y Tulsi Gabbard prefieren entenderse con el gobierno de Nicolás Maduro: el primero se reunió con el mandatario a finales de enero y la segunda, actual directora de inteligencia nacional, dejó claro en el pasado que la Casa Blanca debía estar al margen del asunto.

No es la primera vez que ocurre algo así.

En 1948, cuando las Fuerzas Armadas derrocaron al primer presidente electo por el voto universal, directo y secreto, Rómulo Gallegos, la administración de Harry Truman se encontró en un debate similar al del presente: por un lado, el Departamento de Estado abogaba por el no reconocimiento de la Junta Militar, quizá por las buenas relaciones que habían tenido con el gobierno de Gallegos; pero por el otro, el Departamento de Defensa se empeñaba en entenderse con los militares, tal vez por la influencia izquierdista de los dirigentes de Acción Democrática.

La visita de Gallegos en julio de ese año había dado la idea de que las relaciones entre Estados Unidos con su gobierno eran muy estrechas, por lo que sus funcionarios esperaban acciones contundentes de la administración Truman contra los militares insurrectos.

Sin embargo, los asesores militares del momento pensaban todo lo contrario y recibieron a José Rafael Pocaterra, enviado de la Junta, para evaluar el restablecimiento de las relaciones. Al punto de que este no tardó en avivar los miedos anticomunistas en el Departamento de Defensa. “¿Qué esperan? ¿Qué la Unión Soviética nos reconozca primero?”, llegó a decirle a un funcionario del Pentágono el 31 de diciembre de 1948.

Al final, estos últimos terminaron imponiéndose debido a la amenaza que representaba el comunismo en la temprana Guerra Fría y la idea de la contención a través de gobernantes fuertes.

El mismo Truman lo reconoció en una carta a Gallegos, después de que este le acusara de haberlo derrocado apenas aterrizaba en La Habana y los medios le preguntaban acerca del golpe. “Desde la administración del presidente Jefferson ha sido política de este gobierno mantener relaciones diplomáticas con cualquier gobierno que controle la maquinaría administrativa de cualquier Estado”, le escribió tras el reconocimiento, efectuado después del 20 de enero de 1949.

Esto demuestra varias cosas, entre ellas que, indiferentemente del personaje que detente el poder en la Casa Blanca, el gobierno de Estados Unidos parece tener una política de Estado definida que no suele cambiar a decisión del presidente de turno, aunque haya matices y excepciones.

Por otra parte, también deja ver que el disenso y la independencia institucional son clave en la administración pública de ese país, en la que no tienden a imponerse posiciones monolíticas, o al menos no sin un debate puertas adentro para tomar partido como bloque de gobierno.

De manera que, pese a los calificativos, englobar todas las acciones de ese país solo bajo el nombre de “Estados Unidos hizo” resulta complejo, pues se trata de un entramado sistema de pesos y contrapesos que no siempre es lo que parece ser.

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