Venezuela

Día de la Independencia: qué es ser venezolano

Cada 5 de julio se celebra un año más de la Firma del Acta de la Independencia. Es un día en el que recuerda la fundación de Venezuela como Nación y además, la cantidad de valores que encierra nuestra nacionalidad y de la cual cada uno de nosotros a lo largo del tiempo hemos sido embajadores de lo que significa ser venezolano.

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Un día que, en la actualidad, solo es conmemorado por el desfile militar del 5 de julio y por la sesión solemne que se lleva a cabo en el Palacio Federal Legislativo, en donde se abre el arca donde se encuentra el libro del Acta de la Independencia. Si hacemos una comparación, en otras naciones se llevan a cabo tradiciones para celebrar un año más de lo que son como país, por ejemplo, en México se hace el famoso «Grito de Dolores» el 15 de septiembre, acompañado de fuegos artificiales, fiestas, abundante comida y otras celebraciones.
En Estados Unidos, se estila hacer una parrillada y comer ‘hot dogs’, en encuentros familiares, mientras todos observan fuegos artificiales con los colores alusivos a la bandera, mientras que en Francia se hace también una parada militar a la que asisten todos los parisinos. En Chile, todos los 18 y 19 de septiembre tienen una semana en la que hacen desfiles, danzas, derroche de comida típica y música popular.
Pero ¿qué hacemos nosotros los venezolanos para distinguirnos como tal? El Estímulo realizó una encuesta a ciudadanos dentro y fuera del país para que describieran lo que define ser uno de nuestros nacionales y propagar así la idiosincracia que representamos como país.
El Alma Llanera, composición de Pedro Elías Gutiérrez y Rafael Bolívar Coronado, hace que a más de uno se le ericen los vellos del cuerpo cuando la escuchas, dentro y fuera de Venezuela. No en vano es considerada como el segundo Himno Nacional de nuestro país y todos, absolutamente todos, se saben el «Yo nací en esta ribera del Arauca vibrador».
Esta misma sensación la produce la letra y música de «Venezuela». La gente vibra con tan solo oír «Llevo tu luz y tu aroma en mi piel».
Otra cosa que refieren es la forma de hablar. En el extranjero podemos hasta sufrir un poco de «bullying sano» porque en los países donde están los venezolanos, tratan de imitar nuestra pronunciación. En ese caso no podemos ni quejarnos porque el oriundo de esta tierra tiene el «chalequeo», o ganas de bromear, de todo lo que nos pasa o lo que hay en nuestro alrededor. Por ende, aquí tratamos de imitar a los extranjeros cuando hablan. Ojo, todo «zanahoria», como dirían los que se consideran adultos contemporáneos.
Allí entra nuestra forma de hablar. Ya de entrada sabemos que en Venezuela tenemos varias formas de expresarnos y con esto pongo un ejemplo: hablas maracucho (Zulia) , o gocho (estados Táchira, Mérida y Trujillo), o guaro (Lara), o «zizizizi…», oriental (Nueva Esparta, Sucre).
Esto también forma parte de lo «lanzado» o «confianzudo» que podemos llegar a ser. En otras palabras, nos consideramos extrovertidos, divertidos -o como también le dicen: «la sazón que tiene uno»-.  Este «no se qué» que enamora a [email protected] y -hay que reconocer- puede traer problemas con otras nacionalidades- hace que veamos las cosas de una forma particular, por lo general aplicando el dicho que dice «al mal tiempo, buena cara».
«Echao’s pa’ lante» es otra de la identificación que hacemos de nosotros mismos, que no es más que sobreponerse a los obstáculos que la vida les pone a cada uno de nosotros, con aquellas ganas de trabajar en lo que sea para tener mejores recursos. Si no, hagamos solo un breve recuento de lo que hacen: nos levantamos a las 4:30 AM y estamos todo el día «pateando la calle» para poder llevar el pan a la casa. Tenemos dos o tres o cuatro trabajos para mantener a la familia. Aunque también están esos más de cuatro millones de venezolanos que decidieron dejar el terruño para embarcarse en un camino fuera del país y trabajar  «en lo que sea» y así poder mandar dinero para el país y ayudar a los familiares que se quedaron.
Lo que nos lleva a considerar la figura de Hugo Chávez como parte de nuestra idiosincracia. ¿Que es polémico? Sí, ¿Que a muchos no les gusta? También, pero lo que no se puede negar es que el fallecido presidente logró marcar a una sociedad vque ha tenido como resultado la actual diáspora y hasta una cierta reticencia a los símbolos patrios por parte de algunos, amor que parece reencontrarse fuera del país y bajo otra realidad. La tierra llama.
Lamentablemente la sensación de inseguridad acompaña por un tiempo a las personas que decidieron emigrar y les lleva algo de tiempo comprender que en otros países
Además, el crisol de culturas que conviven en este país ya nos hace ser de alguna forma «ciudadanos del mundo», al compartir con otras culturas  que hicieron de Venezuela su casa como los españoles, argentinos, chilenos, entre otros. ¿De qué forma? Estilos de vivir, comida, canciones y hasta sus tradiciones.
Para un venezolano, su mamá es lo más importante del mundo. Es quien lleva las riendas de la casa y de la familia. A pesar de que se considere al padre como la «cabeza de familia» -que en muchos casos lo es- es la mamá a quien llevamos en el corazón y quien impone más respeto. También enseña los modales en muchos núcleos familiares y nos forma la esencia de nuestro ser.
En el caso de las mujeres, el siempre estar «de punta en blanco» es primordial. Para ellas aplica el «para verse bellas, hay que ver estrellas» (¿Será que esta frase es de Osmel, el llamado «Zar de la Belleza?). Invierten lo que pueden en su imagen personal para estar hermosas y guapas. «El glamour ante todo, manita», dicen algunas. Los hombres, aunque pueden ser un poco menos interesados en estos temas, también quieren verse «chiquiluquis» -o bien vestidos- para cualquier ocasión.
Disfrutar de los espacios naturales en cualquier ocasión -hasta aprovechando los «puentes» (días feriados en los que no se trabaja y que están cerca de los fines de semana) es otra de las costumbres que nos hace sentirnos como venezolanos, sobre todo cuando se mezcla esta práctica a un sitio como la playa. Eso despierta en los nacionales toda una subcultura: La cava con cervezas y «pasapalitos pa’ picar», el bronceador -o si tomas mucha zanahoria o lechoza para broncearte ‘parejito’- el toldo, tostones, empanadas, y los «sietepotencias» o «rompecolchones», productos del mar que venden mientras se disfruta de un clima muy agradable.
Además «gozamos una y parte de la otra» con el cerro El Ávila, las Cuevas del Guácharo, el Salto Ángel, los Médanos de Coro, el Pico Bolívar, o viendo cosas emblemáticas como el Puente sobre el Lago de Maracaibo, el Hotel Humboldt o la Flor de Venezuela.  Y si hay una gaita que lo acompañe, mucho mejor.
Hay personas que dicen haber sufrido un poco por la comida, pero no porque no les guste lo que hay en otros países, sino por la añoranza  de esos platos que son solo nuestros como la arepa en todas sus presentaciones (pelúa, sifrina, reina pepeada, dominó o catira), cachapas, caraotas con juguito, hallacas, quesos frescos y hasta comerse «el culito del pan canilla recién comprado», por solo nombrar algunos alimentos de nuestra vasta gastronomía.
Dicen que somos «impuntuales por naturaleza», ya que en las fiestas o reuniones – pero sobre todo en las bodas- invitaban a una hora determinada para calcular que los asistentes llegaran al «verdadero inicio» de la pachanga. La cosa es que, mientras haya alcohol y buen ambiente, la velada puede extenderse hasta el día siguiente. Muchos saben que han tenido que ir a trabajar con el «ratón» (resaca) después de una buena fiesta.
«La viveza del venezolano» es otro de nuestros sellos, que a veces resulta ser «más bulla que la cabuya», porque a pesar de que hay unos pocos que buscan brillar por caminos que no son los más adecuados, hay miles de conciudadanos que se destacan por la honestidad, lealtad y la solidaridad que nos nace cuando sabemos que podemos ayudar a alguien ante cualquier eventualidad. Ese «don de gente», que llaman. El que te permite dar un poco de harina o azúcar si lo necesitas, o si estás fuera, enviar a familia y amigos cosas que requieras en el país.
Somos unos venezolanos que aprenden «sobre la marcha» y la improvisación es parte del día a día. Tal vez ese famoso «mientras vaya viniendo, vamos viendo» de Eudomar Santos (personaje de la novela Por Estas Calles) sea un arma de doble filo porque nos cuesta ceñirnos a estructuras y procedimientos, pero en diversas oportunidades esa cualidad nos ayuda a «resolver» cuando hay un obstáculo en el camino.
El no conocer nuestra historia ha sido un punto negativo en nuestra idiosincracia y eso se puede ver en Caracas, principalmente. Aunque es una ciudad muy cosmopolita, su pasado se reescribe muchas veces y las huellas del pasado quedan solo en libros y fotos, sin que sea palpable por generaciones futuras.
Pero cuando nos aplicamos, nos aplicamos bien. En todo. Todos los venezolanos «la parten» dentro y fuera del país, pero hay unos «fueras de serie» que brillan por su talento y originalidad. Hasta en los refranes, porque hay respuestas que solo aquí se contestan de esa forma. «¿Cuándo será eso? Cuando la rana eche pelos» o si hay algo que te están obsequiando y no quieres aceptarlo, te dicen «a caballo regalado no se le mira colmillo».
En fin, es tan solo una pequeña radiografía que hacemos con motivo de nuestra fecha patria. Lo que nos hace ser Venezuela -con el Esequibo incluido- y que son elementos que debemos tener en cuenta desde un día como hoy y para siempre. Que sirva para que cada uno de nosotros haga un autoexamen y decida hacia dónde debemos ir como nación, qué debemos mejorar y lo que debemos conservar.
¿Fiesta como en México o Chile? No la tenemos hasta ahora, quizás haga falta algo que amalgame todo lo que somos como venezolanos y con ese acto que cada 5 de julio se hace en nuestro país. Hay suficientes motivos y razones como para empezar a celebrar como nación nuestro nacimiento como Venezuela.]]>

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