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10 años del mayor derroche económico del deporte: Copa América 2007

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14/07/2017
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FOTOGRAFÍA: ARCHIVO

Se cumplieron 10 años de la realización de la Copa América 2007, uno de los eventos deportivos más importantes que se han celebrado en Venezuela. ¿Qué dejó este torneo que organiza Conmebol y que significó un gran desembolso económico del Estado y de la Federación Venezolana de Fútbol? “Después de 90 años, llega a Venezuela la Copa América, la copa de la felicidad. Hoy aquí nadie perderá, todos ganaremos, porque esta es la misma patria, nuestra Sudamérica. Bolívar dijo que la patria es América, hoy decimos desde San Cristóbal, para nosotros la Copa es América. Queda pues inaugurada la Copa América, que Dios bendiga a todas las delegaciones, y a todos los visitantes”.

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Las palabras emitidas el 26 de junio de 2007 son de Hugo Chávez Frías, entonces presidente de la República Bolivariana de Venezuela. Y es cierto, los involucrados, es decir, las personas que se encargaron de organizar el evento, de comercializarlo y de transmitirlo, no perdieron. Ganaron y mucho, como lo comprobaría ocho años después el Buró Federal de Investigaciones (FBI) en la investigación que daría como resultado 14 detenciones, entre ellas la de Rafael Esquivel, presidente de la Federación Venezolana de Fútbol (FVF).

La Fiscalía de Estados Unidos acusó a nueve autoridades de la FIFA y cinco empresarios o ejecutivos de haber recibido o pactado sobornos por unos $150 millones a cambio de transmisión, publicidad y patrocinio de torneos de fútbol y adjudicar sedes de campeonatos. Jeffrey Webb, entonces presidente de la Concacaf —Confederation of North, Central America and Caribbean Association Football— y uno de los directivos de la FIFA detenidos posteriormente, se refirió en su momento al torneo desarrollado en Venezuela: “Anidada en el corazón de todos los seguidores, la Copa América 2007 batió récords de audiencias. Esta edición del centenario de la Copa América alojada en EEUU seguro extenderá la pasión por el fútbol a muchos más fans que estarán observando en todo el mundo”.

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Los buenos números que dejaba el negocio le permitieron a Esquivel exigir diferentes pagos bajo cuerda, según la investigación. Para apoyar a Traffic Brasil en la renovación del contrato por los derechos de transmisión, meses antes de realizarse la competencia en Venezuela, pidió un millón de dólares. Luego, 700 mil verdes más por la comercialización y ganancias que la empresa brasileña obtuviera en la Copa América 2007 y, en 2011, exigió 700 mil más por los excesivos beneficios conseguidos por los brasileños en esa misma competencia. VINO4 En el país, gobernadores, alcaldes y empresas privadas también llenaban sus arcas remodelando o creando nuevos estadios que terminaron, en el mejor de los casos, triplicando sus costos. El caso del estadio Pachencho Romero llama la atención. Según cifras oficiales, la ampliación y otros cambios costaron 30 mil millones de bolívares. Al dólar oficial de entonces —2.150 bolívares—, se trataba de 13.953.488 dólares.

“En 2007 conocí el estadio Pachencho Romero de la P a la O. Formé parte del Comité de Trabajo Local de la Copa América en Maracaibo, desde febrero hasta septiembre de dicho año. La oficina de prensa estaba ubicada dentro del coso marabino a pocos metros del camerino de visitantes. En ese momento, el estadio vivía el mejor momento de su historia, todo funcionaba casi a la perfección. La sala de prensa, el ascensor interno, la seguridad, la pizarra… Verlo ahora, 10 años después, da lástima”, cuenta Gabriel Chávez, periodista que hoy labora para la cadena de noticias ESPN.

Maracaibo albergó la final de la Copa América de 2007. Pero no se ganó el derecho en buena lid. Giancarlo Di Martino confesó al diario Panorama que pagó un millón de dólares a las autoridades de la Conmebol, frente a la figura de Joseph Blatter, entonces presidente de la FIFA.

Seis años después, el Pachencho no solo tenía problemas estructurales sino también de administración. Así lo denunció el diario La Verdad. El gobernador Arias Cárdenas, para hacer posible que Zulia FC recibiera al Chapecoense de Brasil, anunció un desembolso de 3.600 millones de bolívares por parte del ejecutivo nacional y 1.200 millones por parte de la Gobernación. Es decir, casi dos millones de dólares más —$1.818.181 a tasa Dicom— en una instalación que no debería haber presentado tal desgaste tan rápido.

“Más allá de la renovación de las torres de iluminación y una que otra mano de pintura para cubrir alguna falla es poco el cariño que ha recibido la que una vez fue la sede principal de la Vinotinto. La indolencia y corrupción interna acabaron con un escenario digno para la práctica del fútbol. Solo la Copa Libertadores obligó a la gobernación a solucionar problemas puntuales para que el torneo pudiera jugarse en la ciudad y evitar el papeleo que hubiera significado la mudanza. El tiempo fue mortal y le pasó por encima a la casa del Zulia FC y JBL”, explica Chávez.

Efecto dominó

Las nueve sedes de la Copa América no aguantaron el paso del tiempo. A todas hubo que echarle mano de nuevo y los trabajos pautados en el proyecto inicial no se concluyeron. El autofinanciamiento, basado en la idea de un centro de entretenimiento —ubicar cines, tiendas y bancos dentro de la propia instalación deportiva—, nunca se cumplió. Diobert Carreño, hoy coordinador de la sección de deportes del diario El Tiempo de Puerto La Cruz, lo recuerda.

“La maqueta original que fue presentada prometía una transformación completa del Complejo Polideportivo Simón Bolívar de Anzoátegui, que le dejaría un amplio estacionamiento, una plaza de las banderas y una entrada totalmente diferente. Si hablamos netamente del estadio, tendría un edificio de ocho pisos por el lado de la tribuna principal, debajo de las gradas quedarían una serie de locales que servirían de tiendas o luncherías que iban a permitir ser autosustentable. Al final ni el edificio ni las tiendas ni el estacionamiento ni ninguna de las otras cosas que prometieron las cumplieron. De hecho, tras la realización de la Copa América no continuaron los trabajos en el estadio”, enumera Carreño, quien cubrió el torneo en vivo y directo.

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Misma suerte corrió el Centro de Entrenamiento Cachamay. “El estadio, en cuanto a estructura, sí fue lo que el proyecto decía. Sin embargo, en la idea inicial había una zona comercial que iba funcionar en la tribuna popular, de hecho están los espacios definidos. Se dijo que tendría cine y bancos. Pero nunca hubo un proyecto de comercialización ni se terminó de adecuar los espacios. Allí están huecos. Varias veces dijeron que existían reuniones con empresarios, para que tuviera vida entre la semana y no solo durante los juegos. Eso quedó en el olvido y nadie lo tomó en serio”, resume Fabiana Dos Reis, comunicadora social que trabajó durante la Copa para el Correo del Caroní.

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A pesar de ello, es de las pocas canchas que ha contado con un buen mantenimiento. De hecho allí comenzó Venezuela las eliminatorias en 2015, bajo el mando de Noel Sanvicente. El primer partido fue contra Paraguay. Pese a un gran aguacero, el césped presentó un decente sistema de filtración. Sin embargo, los periodistas y el público se empaparon durante la lluvia.

Un caso parecido es el del estadio Metropolitano de Mérida. Ángel Uzcátegui, conductor del programa “Ven con el fútbol”, de la emisora Ven FM Mérida, aclara que la promesa inicial tampoco se cumplió: “En el proyecto, en la maqueta que presentaron, las cuatro tribunas tenían techo, pero como se gastaron tanta plata, pues ya no había dinero para techar la tribuna sur, por eso quedó desprotegida. Luego se inventaron la excusa de que no se hizo para que se observara el paisaje”.

Uzcátegui lamenta, además que no quedara una cancha alterna, como sí la tiene Cachamay de Ciudad Guayana y Monumental de Monagas (dos). “La organización le regaló a la Universidad de Los Andes un dinero para la mejora de dos canchas que se utilizaron 45 minutos únicamente. Para la época eran 4 millones de bolívares, para que Perú solo la utilizara 45 minutos de entrenamiento el día que jugó acá. Se arregló el estadio Soto Rosa, para que Uruguay lo utilizara una hora. Entonces no nos dejó una cancha alterna al estadio Metropolitano. La mayoría de los estadios nuevos o remodelados, a excepción del Pachencho, cuentan con al menos una”.

fut5VINO3 El locutor cuenta que además, el estadio Metropolitano es usado como una sede del partido gobernante: “Allí funcionan 11 o 12 misiones. El gobierno creó una corporación, un instituto de recolección de basura, entonces se convirtió en un estacionamiento de los camiones, como una gran cantidad se ha dañado, están allí por falta de repuestos”.

Pero ninguna otra instalación ejemplifica la exageración en el gasto económico durante la Copa América y el descuido en años posteriores como el estadio Monumental Juana “La Avanzadora” Ramírez. “La Copa se hizo en un momento económico muy bueno para Venezuela, pero no se estimó que vendrían las vacas flacas y que tampoco había razón para hacer estructuras extraordinarias en escenarios en los que se sabía que no iban a tener un mantenimiento adecuado. Ni siquiera tenía sentido hacer un estadio como el Monumental en Maturín, el más grande del país —52 mil personas— en una ciudad con tradición futbolera pero que no tiene gran cantidad de habitantes (514 mil ciudadanos)”, analiza Carlos Domingues, narrador de fútbol, que ha trabajado en Directv y La Teletuya.

El director del diario deportivo Meridiano, Carlos Valmore Rodríguez, secunda la opinión de Domingues: “En cuanto a infraestructura, la Copa América dejó unos cuantos de esos estadios monumentales, faraónicos, que con el tiempo prácticamente se han tenido que reconstruir. El caso más emblemático es el estadio de Maturín, que tuvo un costo de 140 mil millones de bolívares, un costo que está completamente fuera de escala, que no tiene ninguna justificación, racional, más allá de la borrachera que había en el país, producto de esa Venezuela saudita, que se vivió y no se aprovechó. En cuanto a planta física no hubo avance. Ahí está el Monumental, ahí está Cabudare —Barquisimeto— y el de Puerto La Cruz —José Antonio Anzoátegui—, una instalación que también ha tenido muchos problemas. Son pocos los estadios que se pueden rescatar o que se hayan mantenido como polos de atracción y de efecto útil para el fútbol venezolano”.

Muchos venezolanos que no conocían el descuido que sufría el Monumental de Maturín quedaron sorprendidos al observar el terreno en el que se enfrentaron Venezuela y Bolivia, el 10 de noviembre de 2016. El partido no solo dejó una imagen terrible en cuanto al campo: la Gobernación permitió la entrada libre de fanáticos para que colmaran las gradas, demostrando que no había una audiencia dispuesta a plenar las gradas.

El periodista Javier Ramírez Musella trabajó en el comité de prensa de la Copa América en Venezuela. También cubrió la que se realizó en Argentina (2011) y luego, tras emigrar a Chile (2015), vivió la competencia en la que La Roja conquistó el trofeo. Su experiencia le permite establecer las diferencias entre los eventos y lo invertido.
“En Chile se adaptaron a lo que se podía. Incluso después reventaron casos de malversación y corrupción con Sergio Jadue (presidente de la federación de fútbol chilena). Fueron menores con respecto a lo que sucedió en Venezuela. Pero este es un país con capacidad de asombro que nosotros perdimos en Venezuela. Si aquí pasara lo del Metropolitano de Cabudare o lo del Pachencho, se arma un escándalo. En Venezuela se perdieron esos estadios y no pasó de la denuncia que hiciéramos en ese momento”, analiza Musella.

Mejores canchas, ¿más calidad en el campo?

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Por mucho tiempo se especuló que solo renovando la planta física, el fútbol venezolano podría dar un paso hacia adelante para competir con sus pares de Suramérica. Para Ignacio Benedetti, analista y comentarista de fútbol, esto no es así. “Futbolísticamente lo que aportó la Copa América al nivel de juego en Venezuela fue muy poco. Uno tiende a pensar que la primera división es el único reflejo del fútbol criollo, y el aumento de 10 equipos a 18, justamente por la construcción de estadios y acuerdos políticos de Rafael Esquivel con el gobierno de Hugo Chávez, era consecuencia de la competencia, pero no es así. De hecho, quedó demostrado que el paso de 10 a 18 equipos empeoró el producto, que no era atractivo. Y no lo era porque quienes están encargados de hacerlo no trabajaron por ello”, explica Benedetti.

Richard Páez, técnico de la selección de 2007, defiende la idea de mantener la mayor cantidad de equipos en primera división: “Siempre me gustó la ampliación, como técnico de la Vinotinto empujé esa idea a pesar de que sé que el fútbol venezolano no tiene la infraestructura para mantener 20 equipos. Sin embargo, esa cantidad significaba que todos debían obligarse a profesionalizarse y creo que van por ese camino. Cada vez se ven menos equipos con dificultades económicas. Ojalá, eso sí, se consoliden las categorías menores, porque eso es lo que te permitirá convertirte en un club. Como balance, creo que sí le ha hecho bien al fútbol venezolano tener la mayor cantidad de jugadores de Venezuela en primera división”.

Benedetti, que formó parte del equipo de trabajo de Sanvicente mientras estuvo en la selección nacional, por otro lado asegura que no existe una evolución en el sistema de juegos de los equipos locales: “No hubo gran cambio; no he visto equipos que jueguen mejor o que se atrevan a más cosas. No veo equipos más ofensivos o innovadores, sino más bien todo lo contrario. Hay técnicos que saben que con armar esquemas básicos y planteamientos básicos pueden sacar los puntos que necesitan”.

Miguel Mea Vitali es de los pocos sobrevivientes de aquella selección de Páez que cayó en cuartos de final ante Uruguay en 2007 (4-1). El volante, al echar una mirada hacia atrás, asegura que hay dos caminos muy diferentes. La evolución de las selecciones y la del torneo local. “A nivel de selección creo que ha habido un avance importante, entre otras cosas porque a nivel federativo se ha dado el respaldo que se necesita. En nuestra primera y única Copa América, avanzamos por primera vez a cuartos de final. Cuatro años más tarde, se consiguió una semifinal y luego, con Páez y (César) Farías, estuvimos a nada de llegar a un Mundial, quedamos a puntos”, resume Vitali. VINO2 El volante del Caracas FC contrasta su análisis con la competencia doméstica: “La Copa América nos dejó infraestructura, que 10 años después está en un estado lamentable. El torneo era un punto de partida para que además de los estadios, se realizaran muchas canchas alternas que funcionaran para el deporte menor. Eso no se hizo. Nos quedamos estancados”.

Vitali pone como ejemplo de trabajo y proyección lo que se hizo en Estados Unidos, después de la Copa Mundial y lo que actualmente sucede en China. “La liga venezolana no tiene una conexión con el gran público porque no se siguió trabajando. No continuó el trabajo en la publicidad y el apoyo de la empresa privada, tampoco del mismo gobierno. Tenemos una realidad que no es la misma de hace 10 años, lamentablemente. Hoy vemos los estadios prácticamente vacíos y en muy malas condiciones. Hay que analizar el camino de la MLS (Estados Unidos), que adopta grandes figuras de los torneos europeos. Y seguro en 10 o 15 años estaremos hablando de China como una de las grandes potencias del mundo por la inversión que están realizando en su torneo”.

Juan José “Cheché” Vidal, que trabajó en la organización del Mundial USA-94, establece las diferencias que le permitieron al país crear una liga y una fanaticada prácticamente desde cero: “USA-94 no se hizo con dinero de los contribuyentes. Se realizó con el objetivo primordial de dejar un legado para el deporte en el país desde el principio. Por eso el Mundial se manejó como una empresa privada, con la meta de generar beneficios tanto materiales como humanos que luego fueron invertidos en varios proyectos estratégicos que asegurasen el futuro de la disciplina en Estados Unidos. Para nosotros nunca fue importante construir estadios si estos no servían a la liga o a la Federación. Al terminar el torneo ya trabajábamos en la construcción del futuro del deporte con ese beneficio”.

Williams Brito, jefe de redacción del diario Líder, periódico que durante la Copa América le dedicó 20 páginas al torneo, no ve un impacto de la Copa América en el campeonato doméstico ni en las selecciones nacionales. “Un torneo no te marca subir escalones”, explica el periodista. “Lo ves con la copa del mundo que se realizó en Sudáfrica (2010). Se hicieron unos estadios, pero hoy en día no puedes decir que Sudáfrica sea una potencia del deporte”.

Páez es más positivo sobre el legado del torneo al fútbol venezolano: “En varios aspectos se dieron cambios. Primero por tener estadios a nivel internacional, aunque en efecto 10 años después están en muy malas condiciones. No se les hizo mantenimiento ni se crearon las bases para cuidarlos —apenas dos o tres se mantienen-. En segundo lugar, se dio un cambio a la liga porque se les exigió a los equipos que fueran más profesionales en sus estructuras, ahora que estaban en esas estructuras, y que trabajaran en sus categorías menores. También es cierto que eso no se ha cumplido a cabalidad, como esperábamos”.

El estratega, que declinó formar parte de las elecciones de la FVF alegando irregularidades en el proceso, agrega que los jugadores y otros protagonistas del torneo, como los árbitros, se han beneficiado de una mayor profesionalización de la competencia. No obstante, acota que los directivos de los equipos “siguen estando dos peldaños por debajo”.

El público respondió un año después, pero luego…

Independientemente de los resultados, una manera de evaluar con objetividad el impacto de la Copa América en el torneo venezolano es revisar los números de asistencia a los estadios después de 2007. El periodista Carlos Celis lleva esa estadística de la arena profesional. Asegura que el impulso del torneo se perdió con el paso del tiempo.

Infographic (7)“Después de la Copa América hubo un incremento impresionante en cuanto a los números de la asistencia. Pero poco a poco fueron reduciéndose. ¿Qué pasó en las temporadas que subieron? Varios equipos que aspiraban al título no eran los tradicionales, como Lara (2011-2012), que fue campeón. Pasó de ser una oncena que tenía mil o dos mil personas por juego a tener 12 mil. Sucedió también cuando Monagas (2008-2009), no el actual, porque peleó arriba”, saca cuentas el periodista.

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Continúa Celis: “Hubo otras temporadas en las que eran Táchira y Caracas contra el mundo, y luego los números otra vez empezaron a bajar y bajar. Lo que más me ha sorprendido es que en las últimas temporadas, en esa recta final, digamos que en los últimos tres años, la asistencia ha sido muy baja. Ni siquiera los equipos que están peleando el título han acumulado buenas asistencias. En los torneos siempre había tres o cuatro equipos con muy buenas cifras, y otros que no tanto. Ahora el promedio es alarmante. Años atrás algunos partidos tenían un promedio de mil personas en el estadio, y ahora es recurrente; como no es sorpresa, ha dejado deja de ser noticia”. vino1 ¿Ni el aumento a 20 equipos mejoró la asistencia? “Los números han sido totalmente bajos a pesar de que ha aumentado la cantidad de equipos”, sentencia Celis. “Si uno revisa el promedio de asistencia cuando eran 18 clubes, te das cuenta que era mayor a cuando el torneo se elevó a 20. Allí hay un problema para evaluar”.

Carlos Valmore, director de Meridiano, es tajante al respecto: “Quien haya creído que la organización de la Copa América iba a representar el gran salto adelante del fútbol en el país, debe haber quedado supremamente defraudado porque las realidades nos indican que eso fue solo un momento de euforia y poco más que eso”.

“Si se hace un estudio de inversión-retribución, es pérdida total lo que trajo la Copa América desde el punto de vista de la inversión gubernamental. El tema de la corrupción, de los estadios que se pagaron hasta dos veces, nunca quedó claro. Me da curiosidad por qué nunca se investigó eso. En todo caso, la Copa fue importante pero todo el marco de corruptela terminó de manchar lo que pudo haber sido el mejor evento del país y ahí debemos meter todo el tema de las entradas, pues la gente tuvo mucho problemas para conseguirlas”, concluye el comentarista Domingues.

El analista Benedetti es más pesimista: “La Copa América nos hizo creer algo que no éramos. Nos tomamos el torneo como si fuera la Batalla de Carabobo de 1824, como si nos estuviéramos liberando de una causa opresora. Sucedió lo contrario, se le dio más poder a la FVF y a Rafael Esquivel. Entró mucha gente al fútbol que no tenía nada que ver con el deporte; no se mejoraron las condiciones de trabajo de quienes sí se encargan. Y yo no veo dónde están las canchas de entrenamiento de la que tanto se habla, porque los chamos de 12, 14 y 16 años siguen entrenando en cualquier lado. Fue todo un espejismo económico porque si vemos el panorama de hoy en día, los entrenadores del fútbol base, no hablo de los de la selección, sino de los héroes anónimos, no tienen ningún tipo de mejoría en las condiciones de su trabajo. Y eso, que pudo haber cambiado en el medio del boom económico, del país y de la Copa América, a nadie le importó”.

El abogado especializado en derecho deportivo, Antonio Quintero, explica la simbiosis entre la Federación Venezolana de Fútbol y el Estado: “En el caso de la Copa América, la FVF no tiene nada que ver con la construcción de estadios. Simplemente fue una tarea que el Gobierno asumió, para que se diera el torneo. Entre las promesas que se realizaron, estaban la de llevar la liga a 18 equipos, oficializar la regla del juvenil el cancha obligatorio para todos los clubes y, finalmente, pedir ser la sede de un Mundial (que debe hacerlo la FVF, no el Estado). Eso, sin embargo, nunca sucedió. Sí se hizo un Sudamericano Sub-20. Pero a lo que realmente se apuntaba y le interesaba al Estado era solicitar un Mundial Sub-20 por la infraestructura que dejó el torneo”.

Una fuente que trabajó con el Estado, explica por qué las denuncias e irregularidades en la construcción de estadios no llegaron a ningún lado: “Aristóbulo Usturiz fue quien manejó todos los hilos del poder. Como Vicepresidente del país, se hizo nombrar como la cabeza pública de la organización de la Copa, fingiendo alinearse con Rafael Esquivel y con Eduardo Álvarez (Viceministro de Deportes) como burgomaestre. Esta unión impidió que se llevase cualquier contraloría”.

Y pregunta final, ¿tampoco la FIFA pidió cuentas sobre lo que se gastó a FVF en el torneo? “Todas las cantidades que la FVF daba antes de 2013, era auditadas por una firma que se llamaba EGR Asistencia Financiera. Pero una auditoría debía ser independiente y esta empresa no lo era, pues era la que pagaba a empleados de la misma FVF. Obviamente no puedes ser independiente si estás en los negocios de la empresa que estás auditando”, explica Quintero. “Si bien eso no demuestra nada de cómo manejaba la federación venezolana el dinero durante la Copa América, sí te muestra cómo era el funcionamiento de las auditorías monetarias en la relación FIFA-FVF”.