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La diversidad sexual que espanta a la Iglesia

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10/04/2017
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COMPOSICIÓN DE PORTADA: IVÁN ZAMBRANO

En las Sagradas Escrituras, Jesús exhortó amarnos los unos a los otros. Sin embargo, lo escrito no corresponde con la práctica. Existen quienes, adeptos o no al rito de San Pedro, desprecian al prójimo. Aunque desde el Vaticano los mensajes del Papa Francisco muestran a una Iglesia flexible y comprensiva en torno a la diversidad sexual, no todos sus feligreses siguen los pasos

No es novedad reconocer las diferencias entre los miembros más conservadores de la religión católica con los integrantes de la comunidad LGBTI. También hay quienes mantienen opiniones cerradas en cuanto al lugar de la mujer dentro de la sociedad y cómo debe ser el modelo de familia. No obstante, en los últimos años se acuña un término para referirse despectivamente a las ideas favorables a la igualdad de género y la libertad sexual: “ideología de género”. Aunque poco conocido en Venezuela, genera controversias a nivel internacional y comienza a permear dentro del discurso eclesiástico del país.

Quienes admiten y campean la expresión de “ideología de género” aseguran que toda reforma en la educación sexual, legislación sobre derechos sexuales y el reconocimiento de la diversidad sexual debe ser rechazada. El crucifijo y su dogma encorsetan. En cambio, quienes lo denuestan y rechazan, como es el caso de activistas, feministas y otros cabezas LGBT, consideran que los más retrógrados buscan con él deslegitimar los objetivos de estos movimientos rosa: igualdad de condiciones.

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La pregunta, sin embargo, se mantiene. ¿A qué se refiere exactamente la “ideología de género”? Durante un evento convocado el 10 de septiembre de 2015, el Cardenal Jorge Urosa Savino ofrece una definición clara: “Desafíos actuales para la familia”. El purpurado informó sobre el término: “La ideología de género es una corriente cultural y política que sostiene que el sexo y la genitalidad —anatómicamente y fisiológicamente— no es lo importante ni determinante, sino el género, es decir, la actitud o el rol, algo subjetivo que la persona y la sociedad —la cultura— asuma o le induzca al individuo”. También advirtió que esta busca “disolver la familia y destruir el matrimonio natural”. Es como un lleva y trae, también añagaza que confunde y despista, los prelados de la Virgen dicen que estos argumentos de la “ideología de género” los esgrimen quienes son diferentes a la hetero-norma, pero no… el invento salió de las sotanas y otros santos lugares justamente para mantener el orden de “hombre con hembra”.

Desde la Asociación Civil Venezuela Igualitaria, el director y activista Giovanni Piermattei rechaza esa postura. “No defendemos un dogma o una ideología. Defendemos una realidad, una forma de ver, de ser, de amar”. Asevera que la promulgación del mensaje de “ideología de género” atenta contra los derechos de las personas de la comunidad LGBTI al no tratarlos como lo que son—seres humanos—en vez de verlos como una amenaza. “La ideología de género es un invento de la Iglesia para establecer que todas las personas que nazcan con una genitalidad determinada deben actuar acorde a su género”, añade.

Lo cierto es que la concepción de “ideología de género” no solo atenta contra la comunidad LGBT, sino con las distintas formas de familias. Padres o madres solteras, padres que tienen una familia sin estar casados, entre otros casos entran dentro de lo que se critica. Encasilla a la familia y a la sociedad dentro de unos cánones preestablecidos, dando a entender que todo lo que salga de dicho esquema pasa a ser erróneo o pecado.

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Retroceso epidémico

La corriente del conservadurismo contra la diversidad sexual y la igualdad de género se riega como pólvora a lo largo del continente americano. A través de movilizaciones, organizaciones y demás ciudadanos en México, Colombia, Panamá, Perú, Guatemala y hasta El Salvador se pronuncian con los preceptos y apotegmas de “la ideología de género” … en pro de lo que consideran “la familia tradicional”, traducido a una sencilla ecuación: “Papá+Mamá=Familia feliz”.

Venezuela no es completamente ajena a esta tendencia. El pasado 17 de marzo, el Arzobispado de Caracas realizó un evento denominado “Desafíos a la familia hoy” en el que se buscó estudiar la ideología de género —particularmente la corriente LGBTI— y, sobre todo, ver cuál sería su “respuesta pastoral a favor de la familia cristiana”. Durante el encuentro se mantuvo el mensaje de que esta promueve un cambio radical de la sociedad, instando a la práctica sin límites de la sexualidad. También se alertó sobre cómo busca imponerse a través de la educación y las leyes.

“No entiendo el problema de ellos, si Jesús tuvo dos papás y fue concebido prácticamente por inseminación artificial”, afirma Tamara Adrián con un dejo de ironía. Abogado, profesora, activista y además la primera transgénero en asumir un puesto como diputada suplente, observa como lastimosa la actitud del clero en cuanto a la diversidad sexual. “No comprenden el amor. Es una forma de decir que no tienes derecho a existir. Que tus derechos no son los mismos que los de los demás”, sentencia.

Adrián también advierte sobre lo peligroso de ese discurso. “Poseen un determinismo ilógico. Pareciera que buscan eliminar a una parte de la población”, afirma. Coincide Fabiola Ramos, quien funge como directora del Centro Panamericano para la Mujer: “Si la cabeza de la Iglesia promueve esta mirada, ¿cómo no va a haber mayor probabilidad de que se acepte en la sociedad? Es un ataque, ¿qué se entiende entonces por Derechos Humanos, por poblaciones vulnerables y por igualdad?”.

El caso venezolano

El proceso para reconocer la diversidad en Venezuela es lento pero seguro. Aún cuando en Venezuela no existe un marco jurídico específico que proteja a la población LGBTI contra acciones discriminatorias, existen otras iniciativas municipales que establecen ordenanzas y resoluciones de cumplimiento obligatorio. En el año 2016, El Gobierno del Distrito Capital emitió el Decreto número 006 en que se declara a Caracas como territorio libre de homofobia, transfobia y cualquier tipo de discriminación social. Todavía se evalúa la posibilidad de aprobar el matrimonio civil igualitario.

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La situación con el clero no es igual. Muchos de los miembros de organizaciones que abogan por los derechos LGBTI y del feminismo suscriben que las actitudes tomadas por el Arzobispado promueven un sentimiento homofóbico y conflictivo contra los niños con tendencias sexuales diferentes o con aquellas familias que se rigen por dinámicas alternas a lo tradicional. “Promover la creencia de la ideología de género atenta contra la estabilidad emocional de las personas, sobre todo la juventud. Se sienten agredidos”, juzga Piermattei.

Desde la perspectiva educativa, Trina Carmona, directora de la Asociación Venezolana de Educación Católica, alerta que hay un incremento de la agresión entre alumnos. Sobre todo, con aquellos que muestren tendencias sexuales diferentes. Indica como necesaria la orientación en cuanto a diversidades y el tratamiento de ese tipo de situaciones. “Hay que partir del respeto al otro. Primero somos personas. Todos merecen respeto y compasión”, afirmó. Carmona denota que la tendencia del Arzobispado es “muy severa”, particularmente con la concepción de familia. “Se centran mucho en la familia de madre y padre, pero en la realidad hay muchas más formas de familia. Hace falta abrirse y profundizar sobre la diversidad”, afirma.

Lo cierto es que en Venezuela no hay cabida para esta discusión. Así lo indica la representante de la Asamblea de Educación, Olga Ramos. Mucho más que por los problemas que parecen anteponerse a la discusión sobre la “ideología de género”—como el hambre y la violencia—, sino por nuestra concepción como sociedad. “Venezuela es una sociedad pluralista. Así lo indica nuestra Constitución. Somos, además, un estado laico. Este es un tema antiquísimo que no tiene cabida en la modernidad”, afirma Ramos. A su vez, añade que el discurso anti-diversidad es un “retroceso de las dinámicas sociales”.

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En un país sumido en una crisis profunda a nivel moral, económico, político y social, la discusión sobre la igualdad de género y la diversidad sexual queda en un segundo plano. No obstante, miembros de organizaciones que abogan por estas causas, como es el caso de Piermattei y Tamara Adrián, y acólitos a la religión católica como Trina Carmona, coinciden en un punto: es necesario abrir los espacios de discusión y poder establecer mayores canales de tolerancia. Lograr que en una sociedad que pierde valores, se rescate, al menos en un área, el respeto.  Todavía queda un valle de lágrimas por recorrer.