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La frontera de Paraguachón hierve con la constituyente

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09/08/2017
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FOTOGRAFÍA: EFE

El punto fronterizo de Paraguachón, estado Zulia, exhibió un repunte migratorio de venezolanos. Las cifras se triplicaron. La iniciativa política del presidente Maduro espantó a centenares. La crisis se profundizará, se convencieron. Y Colombia los acogió

Las zonas fronterizas de Venezuela y Colombia han sido un hervidero en el contexto de la votación del domingo 30 de julio y los días subsiguientes. En Maicao hubo centenares de trotamundos. Ahora cruza más gente que en días promedio.

Algunos cruzaron a pie o por trochas.  Hubo quienes dijeron migrar temporalmente para comprar víveres y medicinas. Incluso, declararon que trabajarían algunos días antes de regresar a casa con decenas de miles de pesos para multiplicarlos por millón sobre millón de bolívares.

Ana Kai corrió hacia la frontera. Se trasladaba en vehículo, pero “corrió”. Esa expresión tan venezolana que supone apremio. La instalación de una Asamblea Nacional Constituyente diseñada por Nicolás Maduro, de espaldas a las exigencias de sus opositores y expuesta al rechazo de al menos 50 gobiernos de América y Europa, la catapultó. Supo que viene una noche más oscura, no soluciones. Y para quien tiene urgencia por sobrevivir, no hay otro camino. La diabetes que sufre desde hace 12 años hizo ebullición. Y había regalado su última reserva de insulina al padre de una amiga, agonizante en un hospital de Maracaibo.

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“Tenía que inyectarme y no se conseguía”, cuenta hoy, ya más tranquila, sana, abrazada con gentileza por Riohacha, una ciudad del Caribe colombiano, considerada de las más antiguas de Latinoamérica. Huyó en volandas de su natal Venezuela para sobrevivir. Se le habían acabado las dosis que adquirió en sus tour por farmacias de Maracaibo, Valencia y Maracay. “Mi salud desmejoraba y estaba entrando en crisis. Mi familia tomó la decisión de traerme a Colombia para inyectarme”. Acumulaba 36 horas sin recibir el tratamiento. A las 11:00 de la noche llegaron a Maicao, vecina al cruce fronterizo de Paraguachón, estado Zulia. Un familiar les esperaba con su medicamento en territorio colombiano. También le administraron sueros para hidratarla.

Ana Kai Farías, de 33 años, dejó en Venezuela a su hija, de 12. Es wayuu, periodista y experta en mercadeo transformada en comerciante por culpa de la crisis, dependiente de la insulina que escasea en su país. Sus conocimientos de los cuidados de salud y de alimentación de un diabético no fueron escudo. Tampoco le valieron de mucho sus elevados ingresos –ganaba hasta cuatro salarios mínimos al mes en Venezuela. “Traté de subsistir, pero en mi país lamentablemente esa calidad de vida ha sido casi imposible”.

Su miedo más grande le acompañó hasta esa noche en la que cruzó la frontera: amigos y familiares murieron por falta de medicinas. Ana Kai no se define como una persona negativa. Tiene alergia al derrotismo. Cursa un diplomado, ya trabaja sin problemas de documentación gracias a su doble nacionalidad –es wayuu y la etnia tiene derechos ciudadanos en ambas naciones.

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Como ella, muchos han dejado una vida atrás para abrazar otra. No volverán. De acuerdo con el director de Migración Colombia, Christian Krüger, 25.000 venezolanos cruzan a diario la frontera a Colombia para comprar víveres o trabajar y regresar a su país esa misma jornada.

Un estudio, realizado a principios de julio por la Organización Internacional de Migración de Colombia, afirmó que el 67% de las personas que cruzan la frontera son colombianas y 33% son venezolanas.  De ellos, 69% su deseo de regresar al lugar de origen el mismo día, mientras que 23% señaló querer volver meses después. Solo 5% de los consultados dijo que se quedaría en Colombia. La mayoría (52%) iba a la tierra cafetera de compras. El 14% fue por motivos laborales y el 17% para visitar a sus familias. El resto, de menor incidencia, cruzó la frontera por turismo o educación.

Pero sí: en las últimas semanas hubo un repunte de venezolanos que huían de la crisis, de la diatriba electoral, de las muertes por confrontación política.

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La estampida

Los registros oficiales de Migración Colombia dan fe de una suerte de estampida. Un promedio de 500 personas cruzan el punto fronterizo de Paraguachón, pero el viernes 28 de julio, a solo 48 horas de la elección de la Asamblea Nacional Constituyente, las estadísticas estuvieron a punto de triplicarse. Hasta 1.371 personas se registraron en la oficina migratoria: 783 extranjeros inmigraron a Colombia –la mayoría, venezolanos- y solo 175 colombianos emigraron a Venezuela.

El repunte no fue casual. Las autoridades del país cafetero lo sabían. Lo esperaban. El martes 25, en la víspera del paro cívico de dos días convocado por la opositora Mesa de la Unidad Democrática, había ocurrido un aumento migratorio similar. “Hay un alerta a nivel internacional sobre Venezuela. Como estamos cerca a la segunda ciudad de importancia económica y poblacional de Venezuela, La Guajira puede ser una puerta de entrada ante cualquier situación”, manifestó el viernes 28 el gobernador de ese departamento, Weidler Guerra Curvelo.

El funcionario coordinó en Riohacha la instalación de un comando unificado de la Policía Nacional, declaró la red pública de hospitales en alerta verde y adoptó, con ayuda del Ejército, medidas especiales de seguridad y vigilancia en la frontera. Un puesto de vacunación de fiebre amarilla también estuvo dispuesto en la zona para auxiliar a todo venezolano que la necesitara. Aún permanece.

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El gobernador se confesó consciente de que Paraguachón no es el único puente migratorio. También están las trochas o los caminos verdes, donde vehículos –carros, camiones o motos- cruzan de manera ilegal los territorios. Dijo que su prioridad era el trato humanitario. Agencias internacionales, como Acnur, colaboraron en ese propósito. “Hablamos de seres humanos. Son seres humanos los que debemos recibir y (pueden tener) alguna condición de salud que amerite nuestra ayuda”, comentó.

Esa atención de las autoridades colombianas raya en lo extraordinario. Migración Colombia anunció que otorgó un permiso especial de permanencia a los venezolanos, a partir del 3 de agosto. La revelación ocurrió un día luego del sufragio constituyente. “Ciudadano venezolano, si al 28 de julio usted ya estaba en el país, entró con su pasaporte y no ha salido; usted puede solicitar el PEP”, indicó la institución en su cuenta oficial de Twitter.

La idea beneficiará a 200.000 venezolanos a quienes se les hayan vencido o estén cerca de vencerse sus períodos de residencia, calculó su director.

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La frontera refuerza la esperanza

Josmary Ortiz, oriunda de Puerto Cabello, llegó a Riohacha por las trochas. Viajó por tierra hasta Valencia, luego a Maracaibo y entonces a Maicao. No selló su pasaporte por una simple razón: no tiene. “Tengo mi cédula, pero está un poquito así (deteriorada). Parece una copia”. Trabajaba a duras penas en un restaurante en Carabobo. Pero allá, explica, “no hay trabajo, no hay nada, no meten a nadie a trabajar por la broma del aumento de sueldo y de la cestatique”.

Ha vivido un mes en Colombia. Administra un puesto de venta de víveres perteneciente a un amigo. Quiere quedarse solo “unos mesecitos” más. Sus ingresos le alcanzan para pagar una pieza de alquiler. A sus tres hijos –de 17, 13 y 10 años– ha podido enviar 50 mil pesos, que al cambio no oficial se traducen en 170 mil bolívares. “Yo quiero traerlos, pero es mucha plata”.

No tiene el mismo pronóstico sobre Venezuela que Ana Kari, la wayuu insulinodependiente cuya salud ha mejorado en Colombia. “Allá en Venezuela no hay nada”, remata Ortiz. En cambio, lejos del madurismo, Farías sobrevive y se medica. Y su optimismo comienza a galopar con vigor: “De esta vamos a salir”.

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Ana Kari no quiere ser “una carga más” para el país que la ha abrazado. Su meta es crecer en lo personal y lo laboral. Anhela que Colombia sea una escuela para ella antes de la reconstrucción de Venezuela, un día para el que se alista. Claro que ya no será con el Gobierno actual, deja entrever. Abjura de revolución y socialismo. En su patria correrán los tiempos de cambio, prefiere pensar. ¿Cuándo? Está por verse

(*) Con información de Ana Karolina Mendoza desde Riohacha y Maicao, Colombia