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Limones en almíbar: la literatura que esconden las recetas

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La poesía se cuela entre los espacios de un recetario que, en un intento de dar al lector referencias de diversas preparaciones culinarias, coquetea con la metáfora. Como resultado: la armonía de las palabras que poco hablan de la cocina

Limones en almíbar es el poemario más reciente de la escritora Jacqueline Goldberg, quien parece estar en su salsa: su novela Las horas claras fue honrada con el premio de la XII edición del Concurso Transgenérico de la Sociedad de Amigos de la Cultura Urbana y el premio de los libreros como la mejor publicación del 2013.

Este libro será presentado a los lectores el próximo 6 de diciembre en la librería Kalathos y fue publicado por Oscar Todmann Editores. Un trabajo que se cocinó durante 5 años y que viene a finalizar un período estupendo para la escritora. “Ha sido un año complicado y muy bueno. Este es un cierre maravilloso. Viene de algo muy ácido que termina siento muy ducle” concluye Goldberg.

Los limones en almíbar es un postre de la cocina venezolana que la escritora conoció mientras trabajaba con Vanessa Rolfini en su libro Conversaciones con Armando Scannone (2007). Es la composición de sabores que mejor describe su carácter. “Si yo fuese comida sería limones en almíbar, sería chocolate amargo. La combinación más perfecta entre algo que da gusto y repulsión al mismo tiempo.”

“La cocina entra en mi poesía no de manera laudatoria como lo hace Neruda. En mi poemario la comida no es el tema. La comida es una excusa”. Una recopilación en donde los fogones son el punto de observación hacia otros temas, tan diversos que no necesariamente son sabrosos.

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3.

el hambre está donde la olvidamos
medida en falsas longitudes

en la luz diferente de las arcillas

quieta no aquieta
abreva en caldos de lagarto

su calumnia
su deshielo
salmodian con ahumadas virtudes

4.

cenan los hipocampos alevines vivíparos
nunca tallos ni corales petrificados

así su felicidad
enroscada para vigilar

en Beijing
—cocinas que apilan grasas
para el invierno continental—
los caballitos de mar son platillo de arrogancia
a la parrilla
en brochetas
quizá en guisos con soya

darán aullidos los pobres desaletados
erguidos en las gargantas
de su último cautiverio

sabrán a calamar
a vieiras del Cantábrico

los manducaría fritos
para aplacar su tristeza comprimida
el escudo de su pecho
el curado sabor de la lentitud

6.

la familia ha sido convocada
en torno a un estofado de codornices

cubrimos las descabezadas avecillas
con caramelo y laurel
discutimos sobre manglares

de pronto
guiada por la ventisca
una serpiente emerge del lavaplatos

la tomamos por la cabeza
mi hermano le da un hachazo

cocinamos filetes
en el azúcar quemante

volvemos a la mesa
hablamos de parientes alados y enfermos